Después del invierno

Capítulo 25

Después de aquella noche en el mirador, algo entre ellos cambió de manera silenciosa.

No hubo una conversación oficial.

No hubo promesas enormes ni confesiones dramáticas.

Pero ahora Luke la llamaba apenas terminaba el trabajo “solo para escuchar cómo sobreviviste el día”, y Evangeline ya no tardaba horas en responder sus mensajes fingiendo desinterés.

Todo se estaba volviendo demasiado natural.

Y eso seguía asustándola un poco.

Aquella tarde de sábado, Evangeline estaba ayudando a su madre a doblar ropa en la sala cuando su celular vibró sobre el sofá.

LUKE.

Sin darse cuenta, sonrió apenas antes de contestar.

—Hola.

—Necesito ayuda urgente.

Ella frunció el ceño inmediatamente.

—¿Qué pasó?

—Creo que Noah inició una revolución.

Evangeline soltó una pequeña risa.

—Eso no reduce mucho las posibilidades.

Del otro lado Luke suspiró dramáticamente.

—Se niega a bañarse porque dice que “el agua elimina personalidad”.

Ella dejó escapar otra risa más fuerte esta vez.

Su madre levantó la mirada desde la ropa doblada y sonrió discretamente al verla.

—¿Y qué se supone que haga yo? —preguntó Evangeline.

—Eres oficialmente la única persona que todavía le parece razonable en esta casa.

Como si hubiera escuchado eso, una voz gritó al fondo:

—¡Eso es porque ella me comprende emocionalmente!

Luke cerró los ojos un segundo.

—¿Ves lo que tengo que soportar?

Evangeline seguía riendo bajito cuando Luke habló otra vez.

Esta vez más tranquilo.

—Ven con nosotros.

Ella parpadeó.

—¿Qué?

—Vamos a cenar fuera porque si Noah sigue escondiéndose para evitar bañarse, voy a perder estabilidad mental.

—Luke…

—Solo unas horas.

Su voz se suavizó un poco.

—Los niños quieren verte.

Y después de una pequeña pausa agregó:

—Yo también.

El corazón de Evangeline hizo algo incómodamente fuerte dentro de su pecho.

Su madre la observaba claramente entretenida desde el otro lado de la sala.

—¿Es el chico de la sonrisa bonita? —preguntó en voz baja.

Evangeline la fulminó con la mirada mientras Luke preguntaba confundido:

—¿Qué dijiste?

—Nada.

—Eso sonó sospechoso.

Ella terminó aceptando veinte minutos después.

Y honestamente, lo que más la asustó fue lo poco que necesitó pensarlo.

Cuando llegó al restaurante, Noah corrió hacia ella apenas la vio entrar.

—¡EVANGELINE!

Luke apenas tuvo tiempo de decir:

—No corras—

Pero Noah ya se había lanzado a abrazarla.

Evangeline soltó una risa sorprendida mientras intentaba sostenerlo.

—Hola para ti también.

—Papá estaba nervioso porque ibas a decir que no.

Luke casi se atragantó con su propia bebida.

—Noah.

—¿Qué? Es verdad.

Ethan levantó la mano desde la mesa.

—Confirmo.

Luke los miró con cansancio existencial.

—Qué hermosa familia tengo.

Evangeline seguía riendo cuando finalmente levantó la mirada hacia él.

Y entonces ocurrió otra vez.

Ese momento extraño donde todo alrededor parecía quedarse un poco más silencioso.

Luke estaba apoyado contra la silla observándola con una pequeña sonrisa cansada.

Como si verla ahí realmente le hubiera mejorado el día.

Y Dios.

A Evangeline empezaba a gustarle demasiado sentirse esperada por alguien.

Durante la cena, Noah habló sin respirar durante aproximadamente veinte minutos sobre un videojuego que absolutamente nadie entendió.

Claire intentó enseñarles “modales elegantes” usando tutoriales de internet.

Ethan accidentalmente derramó gaseosa.

Y Luke pasó la mitad de la noche limpiando desastres mientras fingía estar agotado emocionalmente por la paternidad.

—Un día voy a desaparecer y vivir en las montañas —murmuró mientras limpiaba servilletas mojadas.

—No durarías ni dos días —dijo Evangeline sonriendo.

Luke la miró apenas.

—¿Ah no?

—Extrañarías demasiado a tus hijos.

Él sostuvo su mirada unos segundos antes de responder más bajito:

—Sí… probablemente.

Algo cálido atravesó el pecho de Evangeline al escucharlo.

Porque Luke nunca hablaba de sus hijos como una carga.

Incluso cuando estaba cansado.

Incluso cuando se burlaba.

Los miraba como si fueran lo mejor que le había pasado en la vida.

Y sin darse cuenta, Evangeline empezó a imaginar cómo sería formar parte de algo así.

La idea la asustó inmediatamente.

Gabriel también hablaba bonito al principio.

La sonrisa de Evangeline desapareció apenas por un segundo.

Pero Luke lo notó.

Claro que lo notó.

Siempre lo hacía.

Más tarde, cuando los niños discutían sobre postres al otro lado del local, Luke se acercó un poco más a ella.

—¿Te fuiste muy lejos en tu cabeza otra vez?

La voz suave.

Sin presión.

Evangeline bajó la mirada.

—A veces no sé cómo dejar de pensar que algo malo va a pasar.

Luke permaneció en silencio unos segundos antes de responder.

—Entonces podemos ir despacio hasta que tu cabeza deje de sentir que tiene que sobrevivir todo el tiempo.

Ella levantó lentamente la mirada hacia él.

Luke sonrió apenas.

Tranquilo.

Seguro.

Como siempre.

—No voy a apurarte, Evangeline.

Y Dios.

Nadie nunca había sido tan paciente con ella.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.