Después del invierno

Capítulo 26

Los días junto a Luke empezaban a sentirse peligrosamente cómodos para Evangeline.

Ya no era solo esperar sus mensajes o sonreír cada vez que veía su nombre aparecer en la pantalla. Era la tranquilidad que sentía cuando hablaba con él. La forma en que su voz parecía calmar partes de ella que llevaban demasiado tiempo tensas.

Y eso la asustaba un poco.

Porque nunca antes alguien había logrado entrar tan fácilmente en su vida sin hacer ruido.

Aquella noche estaba lloviendo cuando Luke pasó por ella después del trabajo. Había insistido en recogerla porque el clima estaba empeorando y, aunque Evangeline dijo varias veces que podía regresar sola, él simplemente respondió:

—No quiero que vuelvas sola con esta lluvia.

Y la manera tranquila y firme en que lo dijo hizo que discutir pareciera inútil.

Cuando subió al auto, el calor suave del interior la envolvió inmediatamente. Luke llevaba una sudadera negra y el cabello ligeramente húmedo, probablemente porque había salido bajo la lluvia para abrirle la puerta.

Evangeline lo miró apenas mientras se acomodaba el cinturón.

—No tenías que venir hasta aquí.

Luke arrancó el auto lentamente antes de responder.

—Sí tenía.

La lluvia golpeaba las ventanas mientras avanzaban por las calles iluminadas de la ciudad. La música sonaba muy bajo de fondo, apenas perceptible.

Con Luke nunca existía esa necesidad incómoda de llenar silencios.

Y quizá eso era lo más peligroso de todo.

Porque estar con él se sentía fácil.

Demasiado fácil.

Luke la miró brevemente de reojo.

—¿Comiste algo hoy?

Evangeline apartó la mirada hacia la ventana.

—Más o menos.

Él frunció apenas el ceño.

—Eso significa no.

Ella intentó sonreír un poco.

—Estaba ocupada.

Luke guardó silencio unos segundos, pero Evangeline alcanzó a notar la tensión suave en su mandíbula. No parecía molesto. Solo preocupado.

Y nadie se preocupaba por ella así desde hacía mucho tiempo.

—No puedes pasar todo el día sin comer —dijo finalmente con voz baja—. Vas a terminar enfermándote.

Las palabras fueron simples.

Pero la calidez detrás de ellas le apretó algo dentro del pecho.

Gabriel jamás notaba esas cosas.

Jamás.

Luke redujo la velocidad cuando la lluvia empezó a caer más fuerte. Una de sus manos permanecía relajada sobre el volante mientras la otra descansaba cerca de la palanca de cambios.

Evangeline observó el perfil de su rostro iluminado intermitentemente por las luces de la calle.

Seguro.

Tranquilo.

Siempre tranquilo.

Como si el mundo no pudiera sacudirlo fácilmente.

Ella empezaba a sentirse demasiado a salvo cerca de él.

—¿Qué pasa por esa cabeza? —preguntó Luke suavemente sin dejar de mirar el camino.

Evangeline salió de sus pensamientos rápidamente.

—Nada.

Luke negó apenas con una pequeña sonrisa cansada.

—Mientes horrible.

Ella bajó la mirada.

—Solo estoy pensando demasiado otra vez.

Él no respondió inmediatamente.

Simplemente siguió conduciendo unos segundos antes de hablar.

—No tienes que pelear sola con todo lo que te pasa, Evangeline.

La voz baja.

Cariñosa.

Tan sincera que dolía un poco.

Ella tragó lentamente.

Porque todavía no sabía qué hacer con alguien que la trataba así.

Cuando llegaron frente a su casa, la lluvia seguía cayendo con fuerza. Luke tomó el paraguas del asiento trasero antes de bajar primero para abrirle la puerta.

Evangeline sintió el viento frío apenas salió del auto, pero Luke se acercó enseguida cubriéndola con el paraguas antes de que pudiera mojarse demasiado.

El gesto fue tan natural que le apretó el pecho.

Caminaron juntos hasta la entrada de la casa. El espacio bajo el paraguas era pequeño, obligándolos a ir muy cerca el uno del otro.

Evangeline podía sentir el calor de Luke junto a ella.

La seguridad tranquila que siempre parecía rodearlo.

Cuando llegaron al pequeño techo de la entrada, Luke cerró el paraguas lentamente mientras la lluvia seguía cayendo alrededor de ellos.

Por un momento ninguno habló.

Luke la observó en silencio, y Evangeline sintió el corazón acelerarse un poco bajo esa mirada.

No era intensa de forma incómoda.

Era suave.

Atenta.

Como si realmente la viera.

—Deberías descansar hoy —dijo él finalmente—. Tienes cara de agotamiento desde esta mañana.

Ella sonrió apenas.

—Qué romántico.

Luke dio un pequeño paso más cerca.

—Estoy hablando en serio.

La voz grave y tranquila hizo que el aire se sintiera distinto entre ellos.

Evangeline levantó lentamente la mirada hacia él.

Luke estiró una mano despacio y acomodó un mechón húmedo detrás de su oreja con una delicadeza que casi le rompió el corazón.

Como si tocarla requiriera cuidado.

Como si ella fuera algo importante.

—Cuídate un poco más —murmuró sin apartar los ojos de ella—. No me gusta verte tan cansada.

Evangeline sintió el pecho apretarse suavemente.

Luke bajó apenas la mirada hacia sus labios antes de volver a sus ojos.

Y entonces sonrió muy pequeño.

De esa forma tranquila que solo aparecía cuando estaba con ella.

—Buenas noches, Angel.

Evangeline… evANGELine. Angel. Su ángel.

El mundo se quedó completamente en silencio dentro de la cabeza de Evangeline.

Luke pareció notar inmediatamente el efecto que tuvo el apodo porque su expresión se suavizó todavía más.

—¿Muy cursi? —preguntó bajito.

Pero Evangeline apenas podía respirar correctamente.

Porque nadie nunca la había llamado así.

Y viniendo de él, sonó peligrosamente parecido a un hogar.




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