Ser oficialmente “la chica de Luke” debería haber hecho que Evangeline entrara en pánico.
Y, honestamente, una pequeña parte de ella sí lo hizo.
Pero otra parte… la parte que empezaba a sanar lentamente cerca de él, se sentía tranquila.
Extrañamente tranquila.
Los días siguientes fueron diferentes de una forma difícil de explicar. Luke no cambió drásticamente después de aquello. Seguía siendo atento, seguía llamándola Angel con esa voz baja que le alteraba completamente la estabilidad emocional y seguía mirándola como si realmente la viera.
Pero ahora había algo más.
Algo seguro entre ellos.
Como si ambos hubieran dejado de fingir que esto podía terminar siendo solo amistad.
Aquella noche Evangeline estaba terminando de ordenar unas cosas en su habitación cuando recibió un mensaje de Luke.
“¿Sigues despierta?”
Ella sonrió automáticamente antes de responder.
“Sí.”
La llamada llegó apenas unos segundos después.
—Hola, Angel.
Ese hombre iba a matarla un día.
Evangeline se dejó caer sobre la cama mientras sonreía sin darse cuenta.
—Hola.
La voz de Luke sonaba más cansada de lo normal.
Más suave.
—¿Día largo?
—Noah decidió que hacer una presentación escolar a las once de la noche era una excelente idea.
Ella soltó una pequeña risa.
—¿Y sobreviviste?
—Apenas.
Hubo un pequeño silencio cómodo antes de que Luke hablara otra vez.
—Te extraño.
El corazón de Evangeline literalmente tropezó dentro de su pecho.
Porque lo dijo tan naturalmente.
Como si ya estuviera acostumbrándose a sentirlo.
Ella se quedó callada apenas un segundo demasiado largo.
Luke soltó una pequeña risa baja.
—Mira cómo te asusté.
—No me asustaste.
—Angel.
Ella se tapó la cara con una mano.
—Tal vez un poco.
Luke sonrió al otro lado de la línea. Evangeline podía imaginar perfectamente esa expresión tranquila suya.
—Ven aquí mañana.
La propuesta llegó suave.
Sin presión.
Pero el simple hecho de escucharlo decirlo le aceleró el corazón.
—¿A tu casa?
—Sí.
Ella dudó apenas.
Luke lo notó inmediatamente.
—Solo quiero pasar tiempo contigo.
La voz baja.
Cariñosa.
Segura.
Como siempre.
—No tienes que tener miedo de quererme también, Angel.
Y Dios.
Eso casi le dolió.
Porque Luke decía las cosas más sinceras con una calma que desarmaba completamente.
Al día siguiente, Evangeline terminó frente a la puerta de su casa intentando ignorar lo nerviosa que estaba.
No tenía sentido.
Ya había estado ahí muchas veces.
Pero esta vez era diferente.
Ahora sabía exactamente lo que eran el uno para el otro.
Luke abrió la puerta apenas tocó el timbre.
Llevaba una camiseta negra sencilla y el cabello ligeramente húmedo, como si acabara de ducharse.
Y Evangeline pensó, no por primera vez, que ese hombre debería ser ilegalmente atractivo.
Luke sonrió apenas al verla.
Pero sus ojos se suavizaron inmediatamente de esa forma que solo ocurría con ella.
—Hola, Angel.
Evangeline sintió el corazón desordenarse otra vez.
—Hola.
Luke se hizo a un lado para dejarla entrar, y apenas cruzó la puerta, Noah apareció corriendo desde la sala.
—¡EVANGELINE!
Luke apenas alcanzó a decir:
—No corras—
Pero Noah ya se había lanzado sobre ella abrazándola.
Evangeline soltó una risa sorprendida mientras intentaba sostenerlo.
—Hola para ti también.
—Papá estuvo insoportable hoy porque venías.
Luke cerró los ojos lentamente.
—Noah.
—¿Qué? Es verdad.
Ethan apareció detrás con absoluta tranquilidad.
—Confirmo.
Luke los miró con cansancio existencial antes de volver la vista hacia Evangeline.
Y entonces pasó algo pequeño.
Pero íntimo.
Luke se acercó apenas a ella y acomodó suavemente la manga de su abrigo, como si el gesto fuera automático.
Natural.
Cariñoso.
Sin siquiera pensarlo.
Y Evangeline sintió algo cálido extenderse lentamente por todo el pecho.
Porque nadie nunca había sido así con ella.
Tan atento a las cosas pequeñas.
Tan cuidadoso.
Luke levantó apenas la mirada hacia ella después de acomodarle la manga.
Y durante unos segundos el ruido alrededor desapareció un poco.
—Comiste antes de venir, ¿o sigues sobreviviendo a café y malas decisiones?
La voz baja.
Solo para ella.
Evangeline sonrió apenas.
—Eso depende. ¿Me vas a alimentar?
Luke sostuvo su mirada unos segundos antes de responder tranquilamente:
—Siempre.
Ese hombre realmente iba a acabar con ella algún día.
Editado: 17.06.2026