Después del invierno

Capítulo 30

Evangeline comenzaba a darse cuenta de que Luke se había convertido en parte de sus días de una manera irreversible.

Ya no era solo verlo o hablar con él.

Era encontrarlo en los detalles más pequeños. En el impulso automático de buscar su nombre cuando algo le pasaba. En la tranquilidad absurda que sentía cada vez que escuchaba su auto estacionarse afuera del trabajo.

Y quizá lo más aterrador era que empezaba a sentirse natural.

Aquella tarde estaba en casa de Luke mientras Noah y Ethan discutían en la sala sobre si una manta podía funcionar como paracaídas “en teoría”.

Luke cocinaba en la cocina con una calma sospechosa para alguien que convivía diariamente con ese nivel de caos.

Evangeline estaba sentada sobre la encimera observándolo en silencio. Había algo peligrosamente doméstico en la escena. La luz cálida de la cocina, el sonido de los niños al fondo y Luke moviéndose de un lado a otro mientras preparaba la cena como si llevara toda la vida cuidando personas.

Quizá porque así era.

Luke levantó la mirada apenas.

—Te quedaste callada hace rato.

Evangeline salió de sus pensamientos lentamente.

—Solo estoy cansada.

Él la observó unos segundos antes de acercarle un vaso de agua.

—Eso y algo más.

Ella tomó el vaso entre las manos mientras suspiraba bajito.

Luke siempre notaba cosas.

No de manera invasiva.

Simplemente… estaba atento.

—Hoy un compañero del trabajo me preguntó si estaba saliendo con alguien —admitió finalmente.

Luke apoyó una mano sobre la encimera frente a ella.

—¿Y qué respondiste?

Evangeline bajó la mirada hacia el agua.

—No supe qué decir.

La cocina quedó en silencio un momento.

No incómodo.

Solo quieto.

Luke no reaccionó mal. No pareció molesto ni decepcionado.

Simplemente la observó con calma.

Eso hizo que la culpa le apretara un poco el pecho.

—No es porque me avergüence de ti —dijo rápidamente—. Es solo que… todavía me cuesta decir las cosas en voz alta.

Luke inclinó apenas la cabeza.

Como esperando que siguiera hablando.

Y Evangeline lo hizo.

Porque últimamente con él las palabras salían más fáciles.

—Siento que si nombro algo bonito demasiado pronto… el universo va a quitármelo.

La sinceridad en su propia voz la hizo sentirse vulnerable inmediatamente.

Luke guardó silencio unos segundos antes de acercarse un poco más a ella.

—Angel.

Ella levantó lentamente la mirada.

—No tienes que correr para alcanzar esto conmigo.

La forma tranquila en que lo dijo hizo que algo dentro de ella se aflojara un poco.

Luke tomó suavemente el vaso de sus manos y lo dejó a un lado antes de colocarse frente a ella.

—Si hoy no pudiste responder, está bien.

Sus manos descansaron suavemente sobre las rodillas de Evangeline.

Cálidas.

Seguras.

—Mañana quizá puedas.

El pecho de Evangeline se apretó suavemente.

Porque él nunca la hacía sentir insuficiente por ir lento.

Nunca convertía sus miedos en un problema.

Luke sonrió apenas mientras la observaba.

—Además, ya actúas como alguien que está enamorándose.

Ella abrió los ojos un poco.

—¿Perdón?

Él soltó una pequeña risa baja.

—Me miras cuando crees que no me doy cuenta.

Evangeline sintió calor subirle inmediatamente al rostro.

Luke continuó, tranquilo.

—Te preocupas si no respondo rápido. Te aprendes las cosas que me gustan. Y ayer amenazaste a Noah porque me lanzó una almohada en la cara.

—¡Fue un reflejo!

—Ajá.

Ella intentó ocultar la sonrisa mordiendo apenas su labio inferior.

Luke la observó hacerlo y por un segundo su expresión cambió ligeramente.

Más suave.

Más intensa.

Como si quisiera acercarse todavía más.

—No tienes idea de lo linda que te ves cuando te pones nerviosa, ¿verdad?

El corazón de Evangeline perdió completamente la estabilidad.

Antes de que pudiera responder, Noah apareció corriendo en la cocina.

—Papá, Ethan dice que las mantas NO pueden volar.

Luke cerró los ojos lentamente.

—Porque no pueden, Noah.

—Eso suena cerrado a nuevas posibilidades.

Evangeline soltó una risa inevitable.

Luke levantó la mirada hacia ella otra vez.

Y ahí estaba esa sensación.

La peligrosa.

La que hacía que la casa se sintiera más cálida cuando ella estaba ahí.

Noah volvió corriendo a la sala mientras seguía defendiendo su teoría científica absurda.

El silencio regresó lentamente.

Luke dio un pequeño paso hacia Evangeline hasta quedar entre sus piernas, todavía sentado frente a ella sobre la encimera.

Ella levantó apenas la mirada.

Y por primera vez…

no sintió ganas de esconder todo lo que estaba empezando a sentir por él.

Luke apartó suavemente un mechón de cabello detrás de su oreja antes de hablar casi en voz baja.

—Cuando estés lista para decirlo en voz alta… quiero ser yo a quien elijas primero.

Evangeline estaba empezando a entender que enamorarse de Luke no se sentía como caer.

Se sentía como llegar.




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