Después del invierno

Capítulo 34

Evangeline llevaba más de media hora cambiándose de ropa.

Y honestamente empezaba a odiarse un poco por eso.

Porque Luke ya la había visto despeinada, llorando, usando una de sus sudaderas gigantes y hasta dormida en el sofá abrazando accidentalmente una almohada de Noah.

Pero conocer a su familia era distinto.

Mucho más distinto de lo que quería admitir.

Aquella noche estaba sentada al borde de la cama mirando su armario por quinta vez cuando su madre abrió la puerta apenas un poco.

—¿Vas a seguir entrando en crisis o ya puedo terminar de cocinar tranquila?

Evangeline dejó caer la cara entre las manos.

—Mamá, por favor.

Su madre soltó una pequeña risa antes de entrar completamente a la habitación.

—Solo es un hombre.

Evangeline levantó lentamente la cabeza.

—No es “solo un hombre”.

Y apenas las palabras salieron… se quedó callada.

Porque era verdad.

Luke ya no se sentía como alguien pasajero en su vida.

Su madre la observó unos segundos y la sonrisa en su rostro se suavizó apenas.

Más tierna.

—Ah —murmuró despacio—. Ya entiendo.

El pecho de Evangeline se apretó suavemente.

—¿Qué entiendes?

Su madre acomodó una pequeña arruga de su blusa con cariño antes de responder.

—Que esta vez estás enamorada de verdad.

Evangeline bajó la mirada inmediatamente, sintiendo el corazón latir demasiado rápido.

Y quizá lo peor era que ya no podía negarlo ni siquiera frente a sí misma.

El sonido de un auto estacionándose afuera hizo que ambas levantaran la cabeza.

Luke.

Su madre sonrió inmediatamente.

—Bueno. Vamos a conocer al muchacho que tiene a mi hija caminando por la casa sonriendo sola.

—Mamá.

Pero ya era tarde.

Ella prácticamente salió emocionada de la habitación.

Evangeline soltó un suspiro enorme antes de intentar tranquilizarse y bajar también.

Cuando abrió la puerta principal, Luke estaba de pie frente a la entrada sosteniendo algo pequeño en las manos.

Flores.

No extravagantes.

No exageradas.

Solo un ramo sencillo y bonito.

Y Dios.

El corazón de Evangeline prácticamente se derritió al instante.

Luke levantó apenas la mirada hacia ella.

Y automáticamente esa expresión suave apareció en su rostro.

Como siempre.

Como si verla fuera suficiente para calmarlo.

—Hola, Angel.

Evangeline sonrió inevitablemente.

—Hola.

Luke la observó unos segundos antes de acercarse apenas.

—Te ves hermosa.

La voz baja.

Sincera.

Tan tranquila que hizo que el corazón de Evangeline tropezara completamente.

—Gracias —murmuró apenas.

Entonces su madre apareció detrás de ella con una sonrisa imposible de disimular.

—Así que tú eres Luke.

Luke reaccionó inmediatamente con esa calma educada suya.

—Mucho gusto, señora.

Le entregó las flores con naturalidad.

—Son para usted.

Y Evangeline supo inmediatamente que su madre iba a amarlo.

Porque literalmente se llevó una mano al pecho.

—Ay, Evangeline, ¿por qué nunca traías hombres así antes?

—Mamá, por favor…

Luke soltó una pequeña risa baja.

Y escuchar esa risa dentro de su casa hizo que algo cálido se instalara en el pecho de Evangeline.

La cena transcurrió mucho mejor de lo que esperaba.

Su padre habló con Luke sobre trabajo, fútbol y cualquier cosa que se le ocurriera mientras su madre observaba todo con demasiada satisfacción emocional.

Y Luke…

Luke simplemente encajó.

Naturalmente.

Ayudó a servir la comida sin que nadie se lo pidiera, escuchó atento cada historia familiar y hasta se rio cuando su hermano contó anécdotas vergonzosas de Evangeline de niña.

—Ella lloró tres días porque se murió un pez.

—¡Yo tenía ocho años!

Luke giró apenas la cabeza hacia ella con una sonrisa pequeña.

—Claro que lloraste tres días.

Evangeline lo miró indignada.

—No te pongas de su lado.

—Nunca dije que estuviera de su lado.

Pero la manera suave en que la miraba decía exactamente lo contrario.

Más tarde, después de cenar, Evangeline salió un momento al jardín delantero para respirar un poco.

La noche estaba fresca y tranquila. Desde dentro de la casa todavía se escuchaban las voces de su familia.

Unos segundos después sintió a Luke acercarse detrás de ella.

No habló inmediatamente.

Solo se colocó a su lado.

Evangeline levantó apenas la mirada hacia el cielo oscuro antes de murmurar:

—Sobreviviste.

Luke sonrió apenas.

—Tu mamá ya planeó nuestra boda mentalmente.

Ella soltó una pequeña risa.

Después el silencio volvió.

Pero era de esos silencios bonitos que nunca pesaban con él.

Luke giró apenas la cabeza hacia ella.

—¿En qué piensas?

Evangeline tardó unos segundos en responder.

Porque la verdad se sentía demasiado grande dentro de su pecho.

—En que esto se siente importante.

Luke la observó en silencio.

La luz cálida que salía de la casa iluminaba suavemente parte de su rostro.

Y Dios.

A veces todavía le costaba creer que alguien pudiera mirarla con tanta ternura.

Luke levantó lentamente una mano hacia ella y acomodó un mechón de cabello detrás de su oreja.

Ese gesto otra vez.

Siempre tan cuidadoso.

—Lo es —respondió bajito.

El corazón de Evangeline latió fuerte.

Luke dio un pequeño paso más cerca.

—Angel… yo no estoy contigo para pasar el tiempo.

La sinceridad tranquila en su voz hizo que el aire desapareciera un segundo de sus pulmones.

Él sostuvo su mirada sin apartarse.

Seguro.

Firme.

Como alguien que sabía exactamente lo que sentía.

—Quiero estar en tu vida mucho tiempo.

Las palabras le llegaron directo al pecho.

Porque Luke nunca prometía cosas enormes.




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