Después del invierno

Capítulo 43

La casa de los padres de Evangeline estaba completamente llena.

Luces navideñas colgando por todas partes, villancicos sonando bajito desde la cocina y el olor a canela mezclado con chocolate caliente inundando cada rincón.

Su madre llevaba media hora intentando evitar que Noah robara galletas antes de la cena.

Claramente iba perdiendo la batalla.

—Solo estoy probando calidad.

—Ya probaste demasiadas —dijo el hermano de Evangeline desde el sofá.

Ethan negó lentamente con la cabeza.

—No sé cómo seguimos siendo familia.

Luke soltó una pequeña risa desde la cocina mientras ayudaba al padre de Evangeline con unas bandejas.

Verlo ahí se sentía extrañamente natural.

Como si siempre hubiera pertenecido a esa casa.

Como si hubiera encontrado su lugar dentro de todo el caos familiar sin siquiera esforzarse demasiado.

Evangeline lo observó unos segundos desde el comedor.

Las mangas remangadas.

La sonrisa tranquila mientras hablaba con su padre.

La facilidad con la que Noah y Ethan ya corrían por esa casa como si también fuera suya.

A veces la felicidad seguía dándole un poco de miedo.

Luke levantó apenas la mirada hacia ella desde la cocina.

Y sonrió automáticamente.

Como siempre hacía.

Como si encontrarla ahí siguiera siendo la mejor parte de cualquier habitación.

—Angel, tu madre acaba de amenazarme con cocinarme personalmente si Noah rompe otro adorno.

—Fue un accidente —se defendió Noah desde la sala.

El hermano de Evangeline soltó una risa baja.

—Lo peor es que sí le creo capaz.

Un rato después todos estaban reunidos en la sala rodeados de papel regalo roto y cajas abiertas.

Evangeline estaba sentada junto a Luke en el suelo cuando Noah apareció frente a ella sosteniendo una caja rectangular ligeramente aplastada.

—Este es de nosotros.

Ethan levantó apenas la vista.

—Yo hice que se viera presentable. Noah solo agregó brillantina en exceso.

—La brillantina era necesaria.

Luke murmuró sin levantar la mirada:

—Eso dices ahora.

Evangeline sonrió antes de quitar cuidadosamente el papel.

Y entonces el mundo pareció quedarse quieto un instante.

Era un dibujo.

Uno claramente hecho por niños.

Las líneas torcidas.

Los colores saliéndose.

Demasiada brillantina.

Pero ahí estaban.

Luke.

Los gemelos.

Ella.

Y una pequeña niña tomada de su mano.

El aire abandonó lentamente los pulmones de Evangeline.

Noah señaló el dibujo.

—Esa es la niña.

Evangeline sintió los dedos tensarse apenas alrededor del papel.

—¿La niña?

Noah asintió con total naturalidad.

—Sí. Porque faltaba alguien.

Ethan agregó más tranquilo:

—Y Noah dijo que tenía que parecerse a ti para que no fueras la única chica.

Silencio.

Pequeño.

Invisible para todos los demás.

Pero Luke lo sintió inmediatamente.

Porque ya conocía demasiado bien el lenguaje silencioso de Evangeline.

La manera en que dejó de respirar un segundo.

Cómo bajó apenas la mirada hacia el dibujo.

Luke la observó atentamente desde su lado mientras Noah seguía hablando sobre quién había quedado mejor dibujado.

Y entonces el recuerdo apareció.

La luz blanca del hospital.

El olor a desinfectante.

El moretón oscuro escondido bajo la manga de su abrigo.

La voz baja del médico evitando mirarla directamente.

—Las lesiones complicarán muchísimo futuros embarazos.

Evangeline tragó lentamente.

Y Luke lo notó todo.

Pero no dijo nada.

No ahí.

No frente a todos.

Solo acercó discretamente su mano hacia la de ella debajo del dibujo.

Presente.

Protector.

Como si quisiera recordarle que no estaba sola.

—Es el mejor dibujo que he visto —dijo Luke mirando a los niños.

Noah sonrió satisfecho.

Ethan suspiró.

—Definitivamente no era el mejor.

Luke apenas sonrió mientras seguía observando a Evangeline de reojo.

Atento.

Tranquilo.

Como siempre.

Esa noche, cuando todos ya dormían y la casa finalmente quedó en silencio, las luces del árbol seguían iluminando suavemente la sala.

Evangeline estaba sentada en el sofá abrazando una manta mientras observaba el dibujo apoyado sobre la mesa de centro.

Luke apareció unos minutos después con dos tazas de chocolate caliente.

Y apenas la vio, entendió.

Se sentó a su lado sin presionarla.

Sin preguntar inmediatamente.

Solo rozando suavemente su rodilla con la mano.

—¿Quieres contarme qué pasó hoy dentro de esa cabecita tuya?

La voz tranquila.

Segura.

Evangeline bajó lentamente la mirada hacia la taza.

—Hace años… después de Gabriel…

Luke ya estaba mirándola completamente atento.

Ella respiró despacio.

—El doctor me dijo que probablemente sería muy difícil que pudiera tener hijos.

El silencio cayó suave entre ambos.

No incómodo.

Solo delicado.

Evangeline intentó sonreír un poco.

Pero le salió roto.

—Y cuando vi el dibujo… supongo que recordé todo eso otra vez.

Luke no habló enseguida.

Simplemente la observó unos segundos.

Después dejó la taza sobre la mesa y tomó suavemente su rostro entre las manos.

—Angel… mírame un segundo.

Ella levantó lentamente la mirada.

Luke la estaba mirando de esa forma tranquila que siempre conseguía hacerla sentir a salvo.

—¿Tú de verdad crees que cuando pienso en mi futuro contigo, lo primero que me importa es eso?

Las lágrimas ardieron inmediatamente en los ojos de Evangeline.

Luke acarició suavemente su mejilla con el pulgar.

—Te habría elegido igual en cualquier versión de esta vida.

El pecho de Evangeline se apretó fuerte.

Luke sonrió apenas.




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