Después del invierno

Capítulo 44

Luke estaba sentado en el suelo de la sala ayudando a Ethan con una tarea mientras Noah armaba una torre imposible con almohadas que claramente iba a terminar mal.

La lluvia sonaba bajito afuera.

Las luces del árbol seguían encendidas.

Todo se sentía tranquilo.

—Papá —dijo Noah de repente sin dejar de acomodar almohadas—. ¿Tú crees que Evangeline se quede con nosotros para siempre?

Luke levantó apenas la mirada.

Ethan también.

No había drama en la pregunta.

Solo curiosidad infantil.

Luke sonrió un poco antes de responder.

—Eso espero.

Noah asintió satisfecho.

Como si esa respuesta fuera suficiente.

Después de unos segundos volvió a hablar:

—La casa cambió desde que llegó.

Luke apoyó lentamente el lápiz sobre la mesa.

—¿Cambió cómo?

Noah pensó unos segundos.

—Se siente menos vacía.

Silencio.

Pequeñito.

Ethan bajó apenas la mirada hacia el cuaderno.

Luke también guardó silencio un momento antes de sonreír suave.

Triste y bonito al mismo tiempo.

—Sí.

La lluvia siguió golpeando suavemente las ventanas.

Noah se dejó caer encima de las almohadas.

—Antes tú casi nunca te reías.

Luke soltó una pequeña risa nasal.

—Eso no es verdad.

—Sí lo es —dijo Ethan esta vez—. Ahora sonríes más.

Luke desvió la mirada hacia el árbol.

Las luces reflejándose suavemente en sus ojos.

Después habló tranquilo.

Como alguien diciendo algo que llevaba mucho tiempo sintiendo.

—Creo que algunas personas llegan a tu vida y hacen que todo vuelva a sentirse vivo.

Ethan lo observó en silencio.

Noah también.

Luke sonrió apenas mientras negaba con la cabeza.

—Y ni siquiera se dan cuenta de que lo hicieron.

El corazón de Evangeline se detuvo detrás de la pared.

Porque acababa de llegar.

Y acababa de escucharlo todo.

Se quedó quieta en el pasillo sosteniendo todavía las llaves entre los dedos.

Luke continuó hablando bajito.

—Antes de ella… esta casa era solo una casa.

Silencio.

—Ahora se siente como hogar otra vez.

Algo dentro del pecho de Evangeline simplemente colapsó.

Suave.

Lento.

Bonito.

Entonces Noah levantó la vista hacia el pasillo.

—Oh.

Luke se giró también.

Y apenas la vio ahí parada, sonrió.

De inmediato. Como siempre.

Como si su cuerpo ya hubiera aprendido a hacerlo automáticamente cuando la encontraba.

—Hola, Angel.

Evangeline sintió algo absurdo apretándole el pecho.

—Hola.

Noah señaló a Luke acusadoramente.

—¿Ves? Otra vez la sonrisa.

Luke soltó una pequeña risa mientras se levantaba del suelo.

Y cuando llegó hasta ella…

tomó suavemente su rostro entre las manos solo para besarle la frente.

Pequeño.

Cariñoso.

Natural.

Como si besarla así fuera parte de su rutina favorita.

Más tarde, cuando los niños finalmente se quedaron dormidos y la lluvia seguía cayendo suavemente afuera, Luke y Evangeline estaban acostados en el sofá bajo una manta.

Ella tenía la cabeza apoyada sobre su pecho.

Escuchando los latidos tranquilos de su corazón.

Las luces del árbol seguían iluminando tenuemente la sala.

Evangeline levantó apenas la mirada hacia él después de varios minutos de silencio.

—¿De verdad piensas que esta casa volvió a sentirse viva por mí?

Luke bajó la mirada hacia ella.

Y sonrió apenas.

Cansado.

Suave.

Enamorado.

Después acomodó lentamente un mechón de cabello detrás de su oreja.

—¿Recuerdas La princesa y el sapo?

Ella soltó una pequeña risa.

—Noah obligó a todos a verla veinte veces.

Luke asintió.

—¿Recuerdas a Ray hablando de Evangeline?

El corazón de ella tropezó apenas.

Luke acarició suavemente su mejilla.

—Siempre decía que incluso en la noche más oscura… ella seguía brillando.

Los ojos de Evangeline empezaron a arder inmediatamente.

Luke sonrió pequeño.

—Eso haces tú con nosotros.

Silencio.

Después Luke besó lentamente su frente y murmuró contra su piel:

—Llegaste a esta casa y de alguna forma hiciste que volviera a haber luz.




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