Después del invierno

Capítulo 48

El centro comercial estaba lleno de familias, música suave y bolsas por todos lados.

Noah caminaba delante de todos hablando sobre unas zapatillas que “necesitaba para desarrollarse como atleta” mientras Ethan lo ignoraba profesionalmente.

Luke iba al lado de Evangeline sosteniendo dos bolsas y mirándola cada pocos segundos.

Demasiados segundos.

—Luke.

—¿Hm?

—Puedo caminar sola.

Él bajó la mirada automáticamente hacia su barriga antes de volver a verla a ella.

—No dije que no pudieras.

—Entonces deja de mirarme como si fuera a tropezarme con el aire.

Luke sonrió apenas.

Esa sonrisa tranquila y suave que siempre aparecía con ella.

—No prometo nada.

Evangeline terminó riéndose bajito.

Porque desde que el embarazo empezó a notarse, Luke se había vuelto todavía más atento.

Más pendiente.

Como si el mundo entero ahora le pareciera demasiado brusco para ella.

Y honestamente…

le gustaba demasiado sentirse cuidada así.

Noah apareció de repente frente a ellos caminando hacia atrás.

—¿Creen que el bebé va a parecerse más a mí o a Ethan?

—Esperemos que a Ethan —dijo Luke inmediatamente.

—Eso fue cruel.

Ethan ni siquiera levantó la mirada.

—Fue honesto.

El teléfono de Luke sonó justo entonces.

Frunció apenas el ceño al mirar la pantalla.

—Es del trabajo. Ya vuelvo.

Evangeline asintió tranquila.

—Ve.

Luke todavía dudó unos segundos antes de acercarse a besarle suavemente la frente.

Natural.

Cariñoso.

Como algo que ya hacía sin pensar.

—No te muevas mucho.

Ella soltó una pequeña risa.

—Luke.

Él sonrió apenas antes de irse junto a los niños.

Evangeline caminó despacio hasta una banca cerca de la fuente central y se sentó acomodando una mano sobre su vientre.

La bebé se movió apenas.

Y automáticamente sonrió.

Todavía había momentos donde todo aquello le parecía imposible.

Como si hubiera vivido tanto tiempo convencida de que nunca tendría una vida así… que aún estaba aprendiendo a creerla real.

Entonces escuchó una voz detrás de ella.

—Evangeline.

Se giró lentamente.

Gabriel estaba ahí junto a Eva.

Y por un instante el pasado cruzó fugazmente por su pecho.

No el miedo.

No el dolor.

Solo el recuerdo distante de alguien que alguna vez conoció demasiado.

Eva sonrió apenas al verla.

—Hola.

Evangeline le devolvió la sonrisa.

—Hola, preciosa.

Gabriel permaneció observándola unos segundos.

Y cuando bajó la mirada hacia su barriga…

algo en sus ojos se apagó suavemente.

No por celos.

Ni rabia.

Era otra cosa.

La tristeza silenciosa de entender que la vida siguió adelante sin él.

—Te ves bien —dijo finalmente.

Evangeline sostuvo su mirada tranquila.

—Estoy bien.

Gabriel asintió apenas.

Y el silencio entre ambos fue extraño.

No incómodo.

Solo lejano.

Como dos personas que pertenecieron a una vida que ya terminó.

Después Gabriel habló otra vez.

La voz más baja esta vez.

Más sincera.

—Lamento haberte hecho daño.

Evangeline sintió el pecho tensarse apenas.

Porque hubo un tiempo donde escuchar eso habría destruido algo dentro de ella.

Ahora no.

Ahora solo dolía de una forma distinta.

Más vieja.

Más cerrada.

Gabriel bajó apenas la mirada.

—Nunca supe hacer las cosas bien contigo.

La honestidad en su voz hizo que Evangeline permaneciera callada unos segundos.

Porque sí.

Él la había herido.

Le gritó.

La hizo sentir pequeña demasiadas veces.

Y hubo heridas que todavía a veces recordaba en silencio.

Pero también sabía algo ahora.

Gabriel nunca fue alguien cruel por disfrutar lastimarla.

Era alguien roto que terminó rompiendo a otra persona en el proceso.

Y eso no justificaba nada.

Pero sí cambiaba el peso del recuerdo.

Evangeline respiró lento antes de hablar.

—Todo eso quedó atrás hace mucho tiempo, Gabriel.

Él levantó apenas la mirada hacia ella.

Y entendió inmediatamente que era verdad.

Porque la mujer frente a él ya no se veía asustada.

Ya no parecía caminar esperando el próximo golpe emocional.

Ahora había calma en ella.

Luz.

Algo tranquilo que antes no existía.

Gabriel sonrió apenas.

Una sonrisa triste.

Pero sincera.

—Me alegra que hayas encontrado algo bonito después de todo.

El pecho de Evangeline se apretó suavemente.

Porque esta vez no sintió rencor.

Solo cierre.

Entonces una voz apareció detrás de ella.

—Angel.

Luke.

Evangeline levantó inmediatamente la mirada.

Luke venía caminando junto a los niños.

Pero apenas vio a Gabriel frente a ella…

algo cambió en él al instante.

Fue sutil.

La mandíbula tensándose apenas.

Los ojos recorriendo rápidamente a Evangeline.

Su barriga.

Y recién después Gabriel.

Luke llegó hasta ella y automáticamente apoyó una mano firme en su espalda baja acercándola apenas hacia él.

Instinto puro.

Protección.

—¿Todo bien?

La voz tranquila.

Pero Evangeline conocía perfectamente esa mirada.

Luke estaba conteniendo demasiadas cosas al mismo tiempo.

Ella asintió suave.

—Sí. Estamos bien.

Luke relajó apenas los hombros al escuchar eso.

Y Gabriel observó la escena en silencio.

La manera en que Luke la tocaba como si cuidarla fuera natural para él.

La forma en que Evangeline automáticamente se acercaba a su lado.

Como alguien que finalmente había encontrado paz.

Y quizá ahí entendió algo importante.

Amar a alguien nunca fue suficiente si no sabías hacerlo sin destruirlo primero.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.