Destello Nocturno

Capítulo VI

«La vida es misterio; la luz ciega y la verdad inaccesible asombra»

—Rubén Darío.

🥀🥀🥀

Julietta.

El camino levemente conocido no ameritó ningún problema, y la trayectoria era menor con ayuda del transporte mecánico que portaba el escuadrón. No había tanta diferencia siendo seis, pero nunca dejaría a Evans ir solo a una misión tan peligrosa. Su inconformidad era demasiado evidente, tampoco quería arriesgarme así, pero era mejor juntos que separados. Así podríamos protegernos mutuamente.

Fue inesperado que el detestable hombre al que llamaban comandante no haya interferido. Aunque lo hubiese hecho, no le hubiera obedecido.

—No tienes buena cara.

Observé al dueño de esos verdes ojos, su castaño cabello estaba despeinado por el frío viento.

—He nacido con esta cara, ¿qué quieres que haga?

Lo vi musitar una sonrisa.

—Es irónico que estes molesta—musitó—. No debiste venir, Jul, es muy peligroso.

—Lo mismo puedo decirte.

Era muy extraño verlo molesto, solía ser una persona apacible. Incluso podría jurar que nadie ha conocido a un Evans realmente enojado, eso me incluía por completo.

—Estoy hablando en serio y escucha, si ese hombre no hubiera llegado a nosotros seguiríamos vagando sin rumbo fijo en espera de morir algún día—sus palabras estaban cargadas de impotencia—. Ahora tenemos una mejor oportunidad de vida, pero al menos debemos asegurarnos si hay alguien más  que pertenecía al escuadrón de aquel hombre.

—Entiendo eso, pero no puedes arriesgarte así. Todos te necesitamos, especialmente Marceline y yo.

—Bueno, ahora ambos nos estamos arriesgando y no cuidando de ella.

—Le pedí a Darren que la cuidara.

Soltó una pequeña risa, calmando esa tensión.

—Más bien se lo has ordenado, ha perdido todo el color en cuanto te has acercado con esa arma.

Me contagió su sonrisa.

—No era mi intención...bueno, creo que en parte sí.

—Me lo imaginaba.

Pasamos el resto del día guiando a los demás hacia donde nos encontró aquel hombre. Evitábamos hablar demasiado, pasar desapercibidos y avanzar lo más rápido posible era nuestra prioridad.

El recorrido era como ver algunas imágenes del pasado, un pasado más reciente. Para el punto más alto del sol, llegamos a la zona siete en donde habíamos empezado a desviarnos de nuestros caminos predispuestos. Seguimos hacia el norte, por donde había aparecido aquel hombre. Esperábamos encontrar más sobrevivientes, o al menos al resto del escuadrón.

—Es inútil, nadie sabe cuánto tiempo estuvo huyendo—musitó uno de los hombres más esbeltos.

—Pero debemos encontrar algo, no podemos llegar con las manos vacías.

—El comandante pidió que regresáramos si no había más rastro—les recordó el primero en hablar.

—Jared no ha dicho lo mismo, quiere que encontremos los cuerpos—mencionó uno que tenía una visible cicatriz en el brazo derecho.

No entendí la razón por la que les habían dado dos órdenes completamente diferentes. Además, ¿qué le aseguraba que únicamente encontraríamos cadáveres? Sabía que era una gran posibilidad, pero nadie podría dar por hecho algo así.

—Aún no oscurece, podemos seguir buscando un poco más lejos—propuso Evans y todos estuvieron de acuerdo.

Para la puesta del sol, estábamos demasiado lejos del área inicial de búsqueda, pero nadie quería regresar sin algún indicio.

Una pequeña libélula cerca de mi hombro derecho capturó mi atención, se reposó sobre algunas hojas cerca de un enorme árbol de cerezos, cuyas raíces parecían secas al igual que el tronco que se encontraba hueco. Un escalofrío me invadió por completo, por un momento sentí que había visto ese árbol en alguna otra ocasión.

Acaricié la sequedad del tronco muerto, algunos pigmentos rojizos secos eran evidentes en algunas partes.

Por un momento me invadieron diversas imágenes de lo que parecía un recuerdo, aunque demasiado inconcluso. Solo algunas sombras pasando de lado a lado siguiendo un rumbo. Todo desapareció en un parpadeo y me dejé guiar por ese camino.

—¿Encontró algo? —preguntó el hombre esbelto al verme alejar, pero solo me enfoqué en continuar ese camino.

La luz solar estaba por ocultarse, aunque la sensación de seguir la profundidad del oscuro bosque era demasiado fuerte. Sentí un apretón en mi brazo izquierdo, lo que me obligó a detenerme.

—Jul, será mejor regresar—las palabras de Evans fueron como abrir los ojos de una oscura pesadilla.

Al observar a los alrededores noté que había oscurecido más de lo que creía.

—Debemos volver con las manos vacías, tampoco podemos arriesgarnos tanto—les explicó a los demás hombres. Nadie debatió al respecto.

—Puedo solucionar eso.

Todos volteamos alertas hacia nuestra derecha, por donde había tenido planeado continuar, un hombre rubio que había descubierto su cabeza apareció de la nada.

—¿Gale? —cuestionó el hombre con la cicatriz bajando su arma.

—Así es, y tengo una sorpresa—anunció extendiendo la mano y mostrando las docenas de encadenados plateados.

—¿Son del escuadrón cuatro? —preguntó Evans, el extraño asintió—. ¿Cómo las has conseguido?

Sabía que esa era la pregunta menos importante. A diferencia de los demás, me acerqué un paso más y le apunté a la cabeza con el arma que había tomado antes de salir. Evans me apoyó casi de inmediato.

—¡Eh!, ¿Qué creen que hacen? —preguntó alarmado levantando ambas manos en rendición.

Evans se acercó levemente a mi lado y en voz baja susurró un:

—¿Por qué le apuntamos? —su pregunta casi me hizo bajar la guardia, sabía que me apoyaría en cualquier acción, por lo que me limité a interrogar al recién llegado.




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