"Destino"

Capítulo 10

Si tú mueres, yo muero...

​Esas son las últimas palabras que recuerdo, susurradas a mi oído antes de que el dolor regresara con más fuerza aún.

​—¡Alex! —la voz de Azel se escucha extraña, rota—. Se está muriendo.

​Tengo mucho frío. Algo extraño y pegajoso resbala por mi cuerpo.

«Es sangre, nuestra sangre».

​—Te dije que hacer eso era peligroso. El problema es que tú también te debilitas.

​—Alex, no es el momento para esto. Debemos llevarla a Cael, debemos cruzar el velo y confiar en que su otra mitad hará el resto.

​—¿Quién te asegura que esa loba caprichosa lo hará, Olivia? Es mejor desvincularlos antes de que sea tarde.

​Hay demasiado ruido. Quiero silencio, paz; necesito irme de aquí. Alguien, ayúdeme, quiero irme de aquí. Sé que estoy muriendo. No quiero, no ahora.

​—¡ALEJATE DE ELLA!

​Una voz gruesa resuena en el bosque. Los árboles crujen y un viento aún más gélido nos envuelve.

​—No dejen que se acerque.

​—¿Quién eres, idiota?

​—Ten cuidado, Laura, este no es normal —le advierte Alex.

​Quiero abrir los ojos, necesito salir de este estado. Abro los labios, pero no emiten ningún sonido.

​—Eras el del bosque, el que se escondió como un cobarde.

​—Si no quieres que los mate a todos, debes entregarla. No es tuya.

​Todo se queda en silencio. El pecho me arde, me arqueo en los brazos de Azel y él emite el grito que yo no puedo producir.

​—¡Alex! Se está muriendo, no deja de fluir la sangre.

​—Debes desvincularte o también morirás.

​—Yo puedo salvarla, tengo un método —replica el extraño.

​—¿Cómo pretendes que confiemos en ti? —responde Laura de forma mordaz.

​—No sabes quién está en tus brazos, ni tienen idea de a quién se enfrentan. Dámela y vivirá.

​—Tendrás que matarme si la quieres.

​Un ruido muy fuerte resuena y un nuevo olor me da la bienvenida.

​—No sé quién eres, pero si la puedes salvar, hazlo —susurra Olivia.

​—Lo haré. No hay nadie a quien le interese más que viva que a mí.

​Soy pasada a un nuevo par de brazos. No son tan fuertes como los de Azel, pero de alguna manera se sienten seguros, familiares; no logro identificar a quién pertenecen, solo percibo ese extraño olor dulce.

******

AZEL

«Despierta, se la llevan».

​No...

«¡LEVÁNTATE!».

​—¡Alina!

​—Cálmate —unas manos gruesas me sostienen—. Perdóname por esto, amigo, pero no teníamos opción. Estamos apostando a que ese lobo puede salvarla; no podemos perderte.

​Trato de moverme, pero tengo las manos y los pies atados. El muy cabrón me puso un hechizo de sujeción; puedo olerlo en las cuerdas. Mi familia... ellos la entregaron de buena gana. Mi Alina. Hay alguien en específico a quien voy a matar.

«Grrr, Olivia...».

​—Jefe, sabes que no tenía otra opción. Te negabas a desvincularte y yo también quiero que ella se salve.

​Está detrás de Laura, escondida como una cobarde. La voy a matar; será lo último que haga cuando logre quitarme esto.

​—¿Dónde están los demás?

​—Cruzaron el velo. Están avisando a tu padre de la situación. Azel, necesitamos que te calmes.

​Laura camina hasta donde estoy y se inclina hasta que sus ojos quedan al nivel de mi rostro.

​—Necesitas desvincularte. Sabes que no podemos perderte; la manada no puede perderte.

«Le arrancaré el cuello».

​Por instinto muestro los colmillos y acerco mi rostro al suyo, listo para morder, pero se aleja a tiempo y se coloca a una distancia prudente.

​—Y por cierto, ni se te ocurra usar la sumisión —señala las cuerdas—. Aparte de la sujeción, tienen Niyitral. ¿Recuerdas esas hierbas de los ancianos?

​Abro la conexión con la manada y busco un olor en particular. Al encontrarlo, le envío el mensaje y cierro la conexión con todos, excepto esa vía que, desde que la conocí, nunca ha estado prohibida para mí. Está débil, pero aún la siento.

​Está viva...

«Viva, pero lejos».

​—Idiota, no había necesidad de que me dijeras que me ibas a matar a través de la conexión; se te nota en el rostro.

​—Creo que deberías dejar de provocarlo, Laura.

​Alex la toma del hombro y la aparta para tomar su lugar, siempre queriendo ser el foco de atención para evitar que los demás sean lastimados.

​—Sabes que la marca aún no está del todo hecha. Puedes desvincularte, no te obligaré a hacerlo. Tú decides.

​Sigo el rastro terroso y respondo:

“​No lo haré. Sabes que si deshago el vínculo estará perdida. Su vida está ligada a la mía y eso fue lo que permitió que soportara que le quitaran la maldición; su otra mitad estaba muy débil para ayudarla”

​—Lo sé —el peso de su mano cae en mi hombro—, pero si él no logra salvarla, tú morirás. Observa tu pecho.

​Llevo la mirada hasta la marca ardiente en el lado izquierdo de mi pecho: una luna envuelta en espinas. Aún está borrosa, pero pronto la tinta se hará visible. Ya puedo imaginar cómo será: la tinta blanca y las espinas verdes, con pequeñas rosas esparcidas.

​—Llevo mucho tiempo esperando por ella. —Ahora la tinta cobra vida; levanto la mirada hacia mi amigo—. No la voy a perder. Y ustedes podrán seguir sin mí.

​—Sabes que no podremos, Azel —Laura se coloca al lado de Alex.

​—Tú, mi amigo, serás un buen líder.

​Un fuego quema el lugar donde está el tatuaje. Cierro los ojos y, al mirar una vez más, sé que está hecho.

​—Ya está.

​Olivia cambia su peso de un pie a otro; su rostro se torna de un color poco saludable.

«La sensata y alegre Olivia está preocupada. Quién lo diría».

​—No me dejaste otra opción que noquearte. Estabas a punto de volverte loco y ya estabas débil por la unión. Ahora que se ha completado, todos podemos sentir lo cansado que estás.




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