"Queridos lectores, lamentamos informar que debido a la culminación del contrato entre la editorial y el autor Kung, sus obras, Cita con el destino y Danza con la muerte se eliminarán de la plataforma a partir del primero de septiembre..."
Cada vez que cierro los ojos, el mensaje aparece frente a mí. Años de trabajo y comodidades, años de esfuerzo y planeación se vinieron abajo de la noche a la mañana.
—Dmitri, ¿estás escuchándome?
—Sí...
—¿Y qué dije?
Mi madre, ejem, la futura presidenta de esta compañía está mirándome ferozmente. Estamos en medio de una reunión en la que yo comencé a divagar. Tengo 29 años y me sigue tratando como el pequeño que abandonó.
—Mencionaste los objetivos del nuevo plan de negocios...
Escuché algunas burlas de las demás personas que estaban en la sala. Miro la proyección que están explicando y ya no hablan de objetivos sino de los resultados del periodo de prueba. Sé que acabando esta reunión, ella me va a reprender, pero no es que quiera estar aquí; estoy obligado a estar.
—Terminemos la reunión de hoy. Dmitri, escribe los informes de hoy y entrégalos a la dulce Olga para su revisión.
Todos salen murmurando.
Apenas me acerco al material para leerlo cuando esa mujer ya ha guardado el portátil y sale sin mirar atrás. Estoy haciendo el trabajo de secretaria de mi madre y, en el momento en que comience a escribir, siento que mi cabeza va a explotar.
Camino a mi oficina con mis propias notas; pensé en pasar por el área de la dulce Olga, pero su mirada me asusta. Sé que mi madre la halaga como una excelente o incluso excepcional empleada, pero con su equipo de trabajo es tan estricta que cambian de sección a cada momento. Justo cuando entro a mi oficina con la intención de comenzar la asignación, llega mi secretaria con una orden directa de mi madre.
Me pide ir a verla.
Salgo sin cerrar mi oficina y camino rápido. No me gusta cómo me ven los demás empleados. Gracias a mi apellido estoy aquí. No saben que estamos relacionados (y ni siquiera nos parecemos); es una mentira total que digan que los hijos se parecen a sus madres. En mi caso, ella solo me dio a luz y me buscó cuando me necesitaba.
Entré sin tocar, recibí un golpe en la cara. En el suelo vi las hojas de mis últimos informes.
—¿Qué se supone que es esto? No gasté tanto en tu educación para que fueras un mediocre.
—Lo siento. Lo volveré a hacer.
—Deja de perder el tiempo, ya deberías aprender a hacer estos simples escritos desde que ibas a la universidad. ¿Qué piensas? ¿Qué quería tenerte aquí? —se quejó, enojada—. Tú solo has sido una piedra en el camino y lo único que has hecho bien es heredar el físico de tu padre. No eres bueno estudiando ni trabajando.
—¿Solo me hablaste para decirme esto?
—No… es hora de que cumplas con tu promesa.
—No he prometido nada —repliqué.
—Tu abuelo y yo hemos buscado a una mujer adecuada para ti.
—No pienso casarme —respondí de inmediato, sin querer.
—No te estoy pidiendo permiso —continuó como si no hubiera escuchado mis palabras—. Es una buena mujer y la conocerás este fin de semana. Haz el favor de que no se entere de tu bajo nivel intelectual.
—¿Y qué ganas con este matrimonio?
—No necesitas saberlo, no te metas en asuntos de adultos.
Salí sin recibir permiso. Al parecer, mi padre hizo una promesa en mi nombre y, cuando falleció, eso entró en vigor. Escuché por parte de mi abuelo que el heredero que eligió para continuar su legado también falleció y mi madre no es elegible para el puesto porque renunció a la sucesión hace mucho tiempo. Hay otro pariente que puede obtener el lugar de presidente de la empresa, pero aún es bastante joven; creo que no lo están considerando, pues se rumora que estudiará en el extranjero algo no relacionado con la empresa familiar.
En mi camino de vuelta, me encuentro con la dulce Olga platicando con las secretarias. A diferencia de las otras mujeres de la empresa, usualmente lleva faldas largas y blusas en colores sobrios. He escuchado que quienes han trabajado con ella pierden la cabeza.
—Míralo, allá viene... Me da tanta pena este nuevo empleado, no hay día que no le grite por algo que hizo.
—Pobrecito, guapo sí es, pero sus habilidades empresariales están... no están.
—Es que basta con mirar que no quiere estar aquí. Ahora todos quieren trabajar y ganar bien, pero no se esfuerzan para nada… quieren todo gratis.
Aprieto el paso y antes de notarlo, choco con esa mujer. Los empleados más cercanos la ayudan a levantarse. Me levanto rápido y me disculpo. Tengo mucho trabajo acumulado y lo último que quiero es quedarme horas extras.
Pero al final, tengo que quedarme.
No estoy acostumbrado al trabajo de oficina. Estudié por obligación Administración y Desarrollo de Negocios, pero no le di tanta importancia que apenas logré pasar las materias. Mamá quería que estudiara eso y me esforcé tanto como pude. En estos últimos años, trabajé como autor de webtoons y, de un día para otro, mi contrato terminó. Ella me hizo regresar a la casa donde nací, pero no había nada familiar en ella.
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Editado: 20.08.2026