Destino

01.- Olga

"Solo basta con poner una gota en la comida. No tiene sabor, ni olor, ni color".

—¿Cómo está el muchacho?

—Mal. Su trabajo es pésimo y, en la evaluación del mes, su desempeño fue tan malo que su jefe directo no quiso ni tomarlo en cuenta, pero sí se quejó de él como alguien que comete errores sin ganas de corregirlos. Se distrae con facilidad y es muy lento al trabajar; tiende a divagar con frecuencia, además de que no sabe los conceptos básicos de los planes de negocios ni cómo presentar propuestas. Los informes que presenta tienen el nivel básico de un estudiante de preparatoria y sus constantes retrasos afectan a más equipos. Mi recomendación es despedirlo.

—Señorita Olga, su comentario está fuera de lugar.

Una reunión extraordinaria tenía lugar en casa del señor Ilya Ivanov. Olga había sido citada para informar sobre los resultados de las últimas evaluaciones. La señora Irina no quería escuchar cómo su hijo era criticado. El señor Ivanov leía una y otra vez que el desempeño de su nieto no tenía relación con su coeficiente intelectual. Simplemente era un hombre perezoso que perdería todo lo que había ganado por flojera.

—Señorita Olga... ¿Ve alguna posibilidad de mejoría en Dmitri?

—Ninguna.

—Explique —pidió sin perder la esperanza en él. El señor Ivanov ya no la miraba.

—Es obvio que el joven está en un ambiente desconocido. Los conceptos no los entiende y el trabajo lo realiza a fuerza de cumplir con su tarea asignada, pero sin entenderla. Puede ponerlo a estudiar otra vez y tendría el mismo resultado. No quiere estar allí y hace todo, de manera inconsciente, para ser despedido.

Ambos la miraron. Esa no era una solución. Tenía tres meses trabajando allí y solo en la última evaluación de personal habían recibido tres recomendaciones para despedirlo, sin contar la sugerencia de Olga. Ella desempeñaba un papel primordial como jefa de secretarias al mantener a su jefe informado de todos los desempeños de los empleados.

—Señorita Olga... ¿qué le parecería enseñarle a mi nieto?

—No soy profesora.

—Usted es una mujer capaz. Según su currículum, se graduó con honores, estudió Desarrollo de Negocios y especialidades en Administración y Recursos Humanos, habla varios idiomas y está cursando una carrera en Economía... no encuentro a nadie mejor para guiar a mi nieto.

—No soy profesora; además, sabrá que soy demasiado estricta con el personal como para tener buena relación con ellos. Soy buena estudiante, pero tengo malas habilidades sociales. Creo que si el joven se relaciona conmigo... podría irse de la empresa más rápido de lo que se imagina.

—Le daré el triple de su salario mensual. Necesito que mi hijo alcance un buen nivel educativo y laboral antes de que termine este año. Se piensa comprometer con una mujer de buena familia y usted sabe bien que de eso depende la situación financiera de la empresa… —sugirió la señora Irina Ivanova.

—Le repito…

—Si no accede, la despediré y no volverá a trabajar en ningún lugar de está ciudad —señaló enojada.

—¿Me amenaza?

—Claro que no. Le ofrecí un trabajo remunerado, un trabajo extra a sus actividades usuales. Es darle cuatro horas diarias de clase y los sábados todo el día.

—¿Y solo por el triple de mi salario? No espere que su hijo se vuelva un genio solo por las enseñanzas que salgan de mi boca —respondió Olga, negándose a tomar una tarea tan fastidiosa.

—Bien, entonces que sean cinco veces su salario mensual.

Olga miró la desesperación de la mujer. No sabía qué fue lo que hizo para tener un hijo así, pero tanto dinero solo por darle clases… sonaba a un problema seguro.

—Solo lo haré hasta la renovación de mi contrato, que es dentro de seis meses. Me aseguraré de que el joven Dmitri sea excelente en su área.

—Entiendo, empiece el siguiente lunes. Le daré el contrato a primera hora y le pediré a mi asistente que le envíe la currícula que cursó en la universidad —dijo el señor, que ahora la miraba desafiante. No toleraría que cambiara de opinión.

—Entendido.

Olga salió. Irina estaba visiblemente enojada, pero en silencio. Educar a su único hijo le estaba saliendo demasiado caro. De haberlo cuidado desde niño hubiera sido más fácil, pero no era su prioridad; la empresa de su padre estaba resurgiendo, necesitaban todas las manos disponibles y, cuando quedó embarazada de su novio, sabía que las cosas iban a ponerse peor. No tenía tiempo para él y no podía hacer nada para cambiar eso.

—Padre, Olga no va a renovar con nosotros, ¿verdad?

—No, se mudará al extranjero. La renegociación será a mediados de mes y, bueno, intentaré ofrecerle otro puesto con un mejor salario. Es una persona muy valiosa como para dejarla ir. Es bonita, pero solo tiene a su madre; si tuviera mejores antecedentes, no me importaría emparejarla con un primo de Dmitri o algún tío que esté en edad de casarse.

—Concuerdo en que es un buen elemento, pero no la quiero en mi familia; desheredaré a cualquiera que ponga sus ojos en ella.

Hola, es Laura Lazuli.




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