Destino de oro en sangre

Memoria

Sobre el futuro

Priel permaneció junto a la ventana, el castillo olía a masas y mermelada y eso, sumando al frío, lo hacía sentir un poco más en casa incluso después de dos años lejos de Anlezia.

Volteó en cuanto Zissel entró toda abrigada, con orejeras y guantes mientras él seguía con su ropa ligera. Quizás llevarla a sus tierras no fuese la mejor idea, podría morir de frío allá.

—Es mejor si ocupas ese tipo de cosas afuera, luego tu cuerpo va a necesitar muchas más capas de ropa para mantenerte caliente cuando salgas —le dijo, quitándole las orejeras para darle una buena mirada. Eran tan débiles en su agarre que con los vientos en Anlezia se volarían—. Cuando vaya te traeré una papaja, te servirá más.

Zissel sonrió, quitándoselo de las manos para colocárselo sobre las orejas, le hizo cosquillas.

—Bien, pero debes prometerme que regresarás para mi cumpleaños.

Las mejillas de Priel ardieron.

—Tú tendrás que ir a mi cumpleaños también. Es en primavera, así que no tendrás problemas con las tormentas de mis tierras.

—No me lo perdería, ¿crees que nos acepten a mí y a mi abuela allá?

—Claro —dijo con toda la seguridad del mundo—, en Anlezia somos diferentes, así que estoy seguro de que si se los digo a mi mamá y a kuvral Olife lo van a entender. Y te voy a enseñar a patinar, pero para eso vas a tener que quedarte un invierno o... podrías usar una de esas piedras brillantes que tiene tu padre e irte al día siguiente.

—Trato —rio Zissel—, puedes mostrarme también a esos lobos.

—Lo haré, te lo prometo. Estoy seguro de que vas a agradarles. Pueden identificar gente mala.

Ella bajó la cabeza, sabía que aún luchaba con no ser suficiente, con no sentir que era alguien buena, pero cuando fuese a Anlezia y los lobos la amaran sería una clara señal de que lo que él veía no estaba errado.

Salieron y se sentaron bajo el puente, observando el riachuelo aun en movimiento.

—¿Crees que tu padre siga queriendo casarme con tu hermana cuando seamos mayores? —preguntó cabizbajo.

Ella dudó, abrazando sus piernas a centímetros de él.

—Espero que no, pero te dije que me encargaría. He estado estudiando y mi abuela dice que eso me ayudará a ser una princesa respetada, quizás así mi padre me escuche más.

Priel odiaba la sola idea de todo, porque en el fondo también odiaba a Reuben. Zissel no debería estar luchando por complacerlo. Sabía que a ella también la casarían, pero se le hacía injusto. Seguro su futuro esposo no la trataría como se lo merece y él...

Se refugió entre sus hombros. No quería casarse con Nelin, lo había aceptado de la misma forma en la que sabía que su corazón le pertenecía a Zissel.

—Debes dejar de complacer a tu padre, Zissel. Es un mal hombre. Los lobos lo atacarían apenas olfatearlo.

La escuchó suspirar.

—Lo sé, pero es mi padre...

La miró de reojo, él estaba seguro de que su madre jamás le haría algo así, pero de hacerlo, sería capaz de alejarla de su vida porque él era fuerte e independiente y quería que Zissel fuese igual; era fuerte, una de las niñas más fuertes que había conocido al soportar todo lo que esa sirvienta la había hecho vivir bajo los ojos de su familia, pero no le gustaba cómo se comportaba para complacer a alguien que no valía la pena.

Su padre era el peor.

—Siempre tendrás un lugar en mis tierras —le dijo, recibiendo una sonrisa de su parte a pesar de lo decaída que se veía—. Te lo digo en serio, siempre podrás escapar ahí si algo malo pasa o si quieres alejarte de todo esto, yo siempre te recibiré.

Se mordió la lengua, avergonzado, hasta que sintió su cabeza apoyada sobre su brazo. No lo miraba, pero estaba ahí, apegada a él como si nada más importara.

—Gracias, Priel. Te prometo que, incluso si me lo llegasen a prohibir, iría a verte. Eres mi mejor amigo y te quiero mucho.

Tragó saliva, asintiendo.

—Si te lo prohíben solo tienes que decirme e iré a buscarte donde sea. No voy a dejar que te hagan sufrir más, ya te lo he dicho.

—Lo sé. Es solo que no sabemos qué será del futuro y a veces pienso en lo peor —rio sin gracia, entrelazando los brazos de ambos con cuidado—. Cuando sea grande seré una princesa con la que nadie pueda debatir, ni siquiera mi padre o mi futuro esposo, así también podré defenderte si algo malo llega a pasar.

Se miraron.

—Te quiero, Priel, así que no me voy a rendir hasta que lo que te he dicho se cumpla. Seré tan buena princesa que estarás orgulloso desde tu puesto de Ali Terzar y seremos aliados. Nadie podrá detenernos, puedes confiar en mí. Seremos un dúo como ahora y nos reconocerán incluso más allá de nuestras tierras.



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En el texto hay: romance, magia, matrimonio forzado

Editado: 28.04.2026

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