Destino encantado

Un hogar

KEN

La taza humea, filtrando el olor a café en mi nariz. Las cobijas ya no son suficientes para lo helada que está la mañana. Una taza muy fea desprende humo desde la mesa de noche. Pero la persona que la trajo ya no se encuentra en la habitación, y eso genera una duda inquietante en mi estómago.

Últimamente se ve muy pensativo. Su mente parece estar dando vueltas en todo momento, solo que no sé sobre qué. Y aunque he intentado indagar en sus pensamientos, parece tener esa información bloqueada con llave.

Las palabras de Barbie se pelean con él para mantener ocupada mi cabeza. Es mi amiga, después de todo. Nunca dejé de considerarla como una y quiero ayudarla, pero parece estar atrapada en un "hubiera" desafortunado. No son solo sus palabras las que preocupan, sino su eterna mirada perdida en el rostro y el sutil temblor de sus sienes cuando finge tranquilidad. Hay algo en su actitud que me dice que no solo se trata de "padres irresponsables".

Su familia no es tan diferente a la mía. Todos hemos sido botados aquí para no ser un estorbo para nuestros padres. Con suerte vi a mi padre una vez en los últimos siete años, y fue una alucinación.

Hay guerras que empiezan perdidas. Me gustaría que Barbie se diera cuenta de que la suya con ellos lo está desde que llegó aquí. Pero no puedo mostrarle cuánto me importa hablando de odio y rencor; son fibras demasiado sensibles para momentos tan difíciles.

No soy quien para decirle a Barbie qué decisión tomar. ¿No es ella quien ha estado sobreviviendo a los estragos de este destino?

La vida siempre se divide en un extremo o en el otro, sin tonos de gris ni puntos medios. Las opciones que menciona Barbie suenan extremas, pero no me sorprende que así sea la vida. Sin embargo, incluso por esa razón, no creo que ninguna de las opciones sea una solución divina. Sabemos tan poco que tomar una decisión es una ruleta de suerte.

El crujir de la madera al otro lado me saca de mis pensamientos cuando unos nudillos tocan la puerta.

Me acerco a abrir, aún con los ojos adormilados. Ryan lleva un suéter claro y el cabello desordenado. Entra al cuarto de un portazo, aún con la respiración agitada, y su saludo es un abrazo como si no me hubiera visto en mil años.

Pero me gusta.

¿Algo tan bueno puede durar tanto?

Después de eso me besa, y su aliento sabe a café. Es delirante. Ha empezado a hacer eso y podría acostumbrarme. Se está desayunando mis labios mientras aún me sujeta entre sus brazos. Su cabello está levemente húmedo y su suéter tiene un olor a menta muy sutil.

—¿Dormiste bien? —pasa sus palmas frías por mis mejillas.

—Sí, pero me desperté después de que saliste. El sol ni siquiera había salido.

—Discúlpame, he estado trabajando en algo que quería mostrarte —su tono se torna serio.

Se nota nervioso, de nuevo. Pensé que después de todo lo que pasó la noche del baile la incomodidad se iría, pero no ha sido así. Parece que su ansiedad incrementa cada día por razones que no se quiere tomar el tiempo de explicar.

—¿De qué trata?

—La señora Roxell quiere que lo veas más tarde —su sonrisa se amplía.

—Está bien... creo que podría adivinar qué es.

Le ofrezco mi taza de café, que en realidad es su taza, la que él llenó y trajo. Se mantiene de pie, como si estuviera listo para echarse a correr después de darle un sorbo. He estado tratando de contener el sentimiento persistente de que he hecho algo mal, algo que lo molestó, pero es demasiado considerado para decírmelo. Su comportamiento, en cambio, no da mucho consuelo a mi mente naturalmente sobrepensadora.

¿Qué cosa puede tenerlo tan ansioso y preocupado? Podría ser lo que sucede con Raquelle, pero realmente no parece haber sentimientos oscuros hacia ella en su corazón. Entonces no entiendo por qué parece sofocado por problemas que, a mis ojos, son invisibles.

¿Por qué no puede contarme? Estoy dispuesto a acompañarlo en la tristeza y el dolor si lo requiere. Si necesita usar mi hombro para sostenerse o para llorar, siempre puede usar el mío. Entonces, ¿por qué se oculta de mí? No encuentro otra explicación más que esté relacionado conmigo.

Si no fuera yo... aún queda la posibilidad que me temo, lo que nos pone ansiosos a todos aquellos que lo sabemos. Y aunque nunca hemos hablado al respecto, no creo que Ryan sea ignorante del tema. Es una espina que debo sacarme del corazón.

—Ayer hablé con Barbie —suelto sobre la delgada dulzura del ambiente, rompiendola por completo.

—¿De qué hablaron? —pregunta, aún sosteniendo la taza.

—Del libro —libero, porque estoy seguro de que él lo sabe—. Dijo que hay una manera de repararlo todo.

Ryan se detiene en su camino a dejar la taza. Sus ojos me miran como si se disculpara. Pero en este punto es imposible que no supiéramos que el otro lo sabe. Estábamos tan ocupados en nuestros asuntos que esto se había convertido en un tema de segundo plano.

—¿Te habló de empezar de cero? —cuestiona.

—¿Hay algo más que sepas de él? —pregunto.

Se sienta al borde de la cama.

—Estamos atrapados aquí —dice al fin,no levanta la voz. No lo necesita.—No hasta que lo que debe pasar... pase.

Aprieta mis manos. No con fuerza. Como si necesitara comprobar que sigo ahí.

—Hay algo que falta. Algo que no ocurrió. Y no importa cuántas veces volvamos a empezar... sigue faltando.

Traga saliva.

—Es como una arruga. Pequeña. Tan pequeña que podrías pasarla por alto incluso después de mil repeticiones. Pero está ahí. Siempre. Y no se puede alisar.

Sus dedos tiemblan.

—La directora cree que es insignificante. Que por eso no la vemos. Pero es justo lo contrario: es tan importante que arruina todo. Cada maldita vez.

Se queda en silencio unos segundos.

—¿Has notado que las cosas están desapareciendo?

No espera mi respuesta.

—No es un castigo. Es un intento. El destino intenta equilibrarse... y no sabe cómo. Así que empieza por lo prescindible.



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En el texto hay: romance, boyslove, girlslove

Editado: 13.01.2026

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