Destino encantado

Una mala directora

ANN.

La noche caerá 3 horas antes de lo esperado, y me refiero al patrón usual del atardecer, porque ya estaba previsto que este acontecimiento se daría hoy.

La mitad de la oficina desapareció esta semana, incluyendo el encendedor; eso ha dejado una cajetilla de cigarrillos masticados, pero aún intactos.

La puerta cruje y la silla rechina cuando me doy vuelta para mirar al visitante, pero la persona que veo entrar no es la que esperaba. Barbie se desliza al interior de la oficina, rígida como una barra metálica.

Intenta mantener sus cejas rígidas e incluso inclinadas hacia abajo. Se sienta en el sillón y su vista se mantiene fija en su regazo. Intenta ocultar que trae el libro consigo, pero es evidente que está en su mochila por la manera en la que se aferra a ella frenéticamente.

Pero su mirada inquieta busca la mía y sus ojos reflejan culpa, una profunda y demasiado madura para un adolescente.

Ha tomado una decisión.

Subestimé su miedo y sobreestimé sus vínculos. Pensé que sus opciones serían tan claras como vida y muerte para ella, pero no ha sido así. Consideré que el malo conocido era mejor que el bueno por conocer, pero como todos los pronósticos están destinados a fallar hoy, no acerté a su pensamiento.

Va a dejar a sus amigos y todo lo que ha conseguido por un destino que ni siquiera conoce a detalle. Los jóvenes realmente no piensan las cosas con la cabeza fría.

—Lo haré, así que dígame cómo funciona —afirma con las manos agarradas de los posabrazos.

—Creí que ya no vendría. ¿Qué la hizo cambiar de opinión? —me interesa conocer sus motivos.

Sus manos se posan sobre el escritorio como una persona a punto de hacer un negocio.

—Creo que así todos sufrirán mucho menos, incluida usted —se mofa.

Eso es lo que cree.

—Bien, primero entremos —sugiero señalando su mochila.

Saca el libro a regañadientes, lo pone sobre el escritorio pero aún lo sujeta de las solapas, teme que se lo robe.

¿No ha escuchado nada de lo que dije?

Toco el libro mientras lo abre y el pasillo celeste se abre frente a nosotras. Barbie camina a toda prisa hacia el libro.

Camina sin extrañeza entre los pilares fragmentados, parecen a punto del colapso. Nunca los había visto de esa manera; una fisura mínima podía desatar mi pánico en el pasado, ahora no puedo evitar sentir admiración.

Sus pasos son bruscos, como si estuviera en una pelea contra el suelo. No puedo evitar sentir familiar su manera de ser en este momento, parecida a alguien a quien seguramente detesta con todo su ser, pero no tiene más opción que seguir.

Bastante parecido, a excepción de la caja de cigarrillos mordidos.

—¿Qué desea consultar? —expresa la voz profunda entre la bruma.

Me mira esperando una respuesta.

—¿Por qué crees que estamos aquí? —cuestiono.

Barbie se nota impresionada y arquea las cejas, como si ese tipo de pregunta le pareciera innovadora.

—Consulta.

Nunca ha hablado demasiado. Pero ahora necesito que ella confíe en mí.

—¿Es cierto que la casa está a punto de caer, no es así?

Barbie me mira con aún más sorpresa. ¿Creerá que la voy a derrumbar yo?

No seamos ridículos.

—La casa comunal carece de relevancia ahora. Desaparecerá.—confirma.

—¿...Es cierto?

—¿Has visto a esta cosa mentir alguna vez? Es un oráculo, nunca miente —insisto. Sin embargo, todas las cosas tienen una excepción—. Prueba decirle lo que quieres ahora.

—Vine aquí porque deseo volver al pasado y corregir los errores que cometí —dice con seguridad.

Es determinada.

—La existencia del mismo concepto dos veces en un mismo momento supone consecuencias negativas. —explica el libro.

Sus palabras quedan flotando en mi cabeza.

—Por eso debo ir yo —le sugiero.

Sé que no confía en mí y tampoco pretendo que lo haga.

—¿Eso significa que debo entregarle el libro? —titubea.

—No, eso significa que yo volvere al incio y lo solucionare, pero tu no puedes —advierto.

Barbie parece dudarlo.

—Entonces ¿cómo piensa hacerlo sin el libro? —duda.

—Solo necesito que el vórtice se lleve todo lo que no es un concepto para desenredar los hilos importantes —es demasiado curiosa para mi poca paciencia.

Barbie se resigna y cierra el libro. Se ha convencido.

—Si podía hacerlo sin mí, ¿por qué pidió mi opinión?

—El concepto principal debe querer hacerlo —acabo de inventar esa regla.

He inventado muchas.

Parece encontrarle sentido.

No cree en mí, nunca lo hará, pero es capaz de confiar en lo que el libro le diga, y seguramente es más honesto que yo. Pero a diferencia de una persona, la literalidad del libro es un peligro restrictivo que nunca daría la solución a un problema como este. La interpretación es otra manera de verdad.

—¿Cuándo sucederá eso? ¿Cuándo quedarán solo los conceptos?

—Ah... bueno, eso... —me pierdo en mis palabras cuando la persona que llevo esperando pasa por el ventanal contiguo a la puerta. Mierda, qué manera de ser inoportuno—. Pronto. No estés en la casa comunal esta tarde, por seguridad. Tengo asuntos que atender en este momento.

Me levanto del asiento para abrirle la puerta, cosa que no hago para nadie. Barbie se levanta mientras mete el libro a su mochila.

—Susurra —dice mientras se levanta del sillón de cuero.

—¿A qué...?

—El libro. Me susurra cosas. ¿A usted también?

Su pregunta quita mi atención de la figura escondida tras el pilar.

—No —soy sincera.

Suspira.

—Y Barbie, no se preocupe por sus amigos. Estoy segura de que la primera veladora ya debe tenerlo previsto —digo en un tono más fuerte de lo usual.

Cierro la puerta y siento la urgencia de calmar mis nervios con alguna cosa.

Busco algo que pueda darme fuego: una lupa, un fósforo, una piedra y un palito, alguna maldita cosa.

La puerta se abre a medias y por fin entra.



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En el texto hay: romance, boyslove, girlslove

Editado: 05.04.2026

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