Destino Infernal

V: Pesadilla en la estación de tren.

Caminaba apresurado, tratando de llegar rápido a la estación.

Sabía que no debía quedarse un rato de sobra, pero quería terminar ese proyecto que llevaba semanas preparando. Ese era el trabajo de su vida y si su jefe le daba el visto bueno, sería ascendido de puesto y ganaría el dinero suficiente como para poder pagar el tratamiento de su madre.

Ella padecía de leucemia, pero había una cura, el doctor se lo había comentado. El problema era el costo, tenía entendido que ese tipo de tratamientos eran muy costosos y con su sueldo, no le alcanzaba mucho. Apenas y le sobraba para mantenerse él.

Su madre era su prioridad y si le tocaba quedarse hasta tarde trabajando, lo haría con todo el dolor de su alma.

Así que ahí estaba, corriendo en medio de la lluvia hacia la estación de trenes, porque el último autobús se había ido un rato atrás.

La estación quedaba a tres cuadras de su trabajo, pero milagrosamente, le faltaba media cuadra para llegar y tomar el tren que saldría dentro de treinta minutos.

Chocaba con todo lo que se le atravesaba, y sus piernas no daban para más. Estaba cansado, su condición física no era la mejor, pero qué podía hacer, se encontraba muy desesperado como para tomarse su tiempo en llegar. Además, no quería llegar enfermo a casa, tenía demasiado peso encima de sus hombros con el de su madre, para tener que cargar con un resfriado.

Era demasiado para él.

A la lejanía, se empezaba a distinguir la estación y no pudo evitar soltar un suspiro de alegría. Lo había logrado.

Se sentía orgulloso bajo toda esa capa de sudor, su esfuerzo no había sido en vano y sus piernas, por fin, podrían descansar durante el trayecto a casa. Si es que encontraba algún asiento desocupado, porque a esas horas, el transporte estaba lleno de personas regresando a sus hogares.

Observaba a madres cansadas, niños alegres, hombres somnolientos y ancianos suspirando. Siempre era igual; personas yendo y viniendo. Viviendo ajenos a lo que sucedía de noche en aquel lugar, ignorando la presencia aterradora de un ser fantasmal.

Él se encontraba igual, hasta que pisó el marco de la entrada a la estación, fue en ese momento que todo a su alrededor cambió de forma drástica. No podía creerlo, hace un par de minutos, había observado como la estación se encontraba llena de personas y apenas pisó el marco, todo se quedó vacío. Se encontraba muy confundido, eso le parecía tan irreal; tan ficticio que no dudó y salió, pero todo se encontraba igual o más vacío que el interior de la estación.

Era como si lo hubiesen transportado a otra dimensión.

No quería seguir dándole vueltas al asunto, estaba aterrado, sí, pero debía quedarse tranquilo. Capaz no se dio cuenta de que era más tarde de lo que pensó y todas las personas que vio fueron imaginación suya.

Seguramente, todo había sido una jugada de su mente, gracias al cansancio.

No se siguió torturando y continuó con su camino hacia las taquillas, compró su boleto, se sentó en una banca al frente del carril que iba hacia su destino, y se quedó mirando la tabla de avisos.

Se sorprendió al notar que la fecha que ésta poseía era “13 de agosto de 2013”. Él no recordaba haber visto aquel descuido, pero pensándolo bien, era entendible; él nunca se fijaba en esos detalles ya que siempre estaba agobiado por las personas que se amontonaban a su alrededor; era estresante tener más de veinte personas rodeándote y comentando un montón de ocurrencias. A veces solía sentirse agradecido de que existieran las personas que mantenían una comunicación adecuada y sin escándalos, porque si el trabajo ya lo tenía cansado y derrotado, los gritos de los adolescentes alborotados, lo aturdían. Pero hoy se encontraba solo, era raro tomando en cuenta que las personas preferían tomar este tipo de transporte y que siempre se encontraba a rebosar.

Casualmente, hoy se encontraba solo, así que no había mucho que pensar. Tal vez se le hizo tarde y no se dio cuenta, a veces le pasaba, era algo que tenía como costumbre, aunque nunca había llegado tan tarde a la estación como para que se encontrara sola. Hoy se había atrasado más de lo normal.

Ahora, tendría que esperar otro tren, porque si había hecho los cálculos para el que solía tomar, debería esperar un buen rato.

Al final, todo su esfuerzo fue en vano, iba a llegar tarde para tomar el tren de siempre.

De repente, un escalofrío le heló la sangre, todo se había sumado en un frío estremecedor y el ambiente se había tornado pesado, se sintió como si algo le acechaba desde las sombras.

Todo tenía aires de película de terror.

Nunca fue fan de ese tipo de entretenimiento, le aterraba demasiado y su madre decía que lo había heredado de su padre. A él le daban mucho miedo esas películas y por eso no le agradaban los sitios oscuros, sentía que le saldría el aterrador muñeco de la película “Chucky”.

Sabía muy bien que era solamente una película y que no existía tal ser, pero igual, eso no le quitaba lo aterrador, por más que su madre le dijera que no había razón para temerle, él seguía mojando sus pantalones solo al recordar el miedo que le provocaba. Y por eso, se le hizo imposible no observar el espacio tan solitario y acordarse del terror que le tenía a todo lo que tuviera aires de una película de terror. La paz que había sentido hace tan solo un rato se esfumó, permitiendo que el miedo empezara a calar en sus terminaciones nerviosas.

Temblaba. Empezaba a extrañar el ruido que solía encontrarse en la estación, hasta que la alarma de la llegada del tren, lo hizo saltar del susto.

Eso no le gustó, pero por lo menos, regresaría pronto a casa.

Ansiaba acomodarse en su suave cama y descansar de todo este ajetreo. Ya había demasiadas preocupaciones para él, pero el día no parecía querer dejar de sorprenderlo.

Cuando se encaminaba para entrar, un ruidoso estruendo lo detuvo, provenía del tren. Alarmado, comenzó a revisar el tren, pero éste no tenía nada. Era raro.




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