Soñaba con volar entre las nubes, descubrir nuevos universos y romper cada regla que se le interponía.
Quería ser libre para poder cumplir sus sueños.
Anhelaba tener el cielo entre sus dedos, sentir la corriente del viento en su rostro, y poder gritar de euforia, sin embargo, los hilos la ataban al fuego. Esa era la pequeña tortura que la ataba al mundo cruel.
Ocasionalmente, no podía dormir de solo recordar en lo que los humanos se habían convertido; habían pasado de ser los ángeles de ensueño a ser los demonios de sus pesadillas. El mundo que en algún momento llamó su hogar, se convirtió en el infierno que la consumía todos los días. Era agotador estar todo el tiempo observando la devastación y no poder hacer absolutamente nada mientras intentaba con todas sus fuerzas lograr escapar de ese infierno en la Tierra.
Le era irónico el saber que hace años…, este mundo fue llamado Edén, no obstante, ya no había rastro de que el suelo que pisaba era un Edén.
Cada vez que respiraba, sentía que los hilos finos que le hacían difícil volar, intensificaban su agarre alrededor de sus extremidades y la atraían hacia el suelo en llamas. Las llamas infernales que se avivaban con cada jalón de los hilos enredados en sus pies. Trataba de salir de ese estado paralítico que la arrastraba, que la mantenía con los pies sobre la tierra. Sentía que la estaban encerrando en aquel universo, que era un pájaro enjaulado.
Siempre creyó que podía alcanzar el cielo alguna vez, pero le estaban cortando las alas.
Soñaba con ser un gorrión cuando era una mísera hormiga.
Los hilos que la envolvían se parecían a un par de cadenas que la apresaban entre su fuerte acero, pero eran tan fáciles de quebrar… con un solo movimiento podría aflojar su agarre. Podría liberarse fácilmente, sin embargo, temía el resultado. Ansiaba con toda su alma ser libre de las llamas…
Era un bucle de sensaciones abrumadoras.
Quería escapar, pero tenía miedo de lo que sucediera luego.
Harta de limitarse, se removió entre los hilos, provocando que empezaran a caerse como una segunda piel. » ¡Por fin he escapado! « Pensó, mientras que su cuerpo comenzaba a emerger de entre las llamas. Se había convertido en un pichón que por fin podía volar. Era asombroso cómo la libertad abrazaba su cuerpo y le permitía disfrutar de la sensación del aire que penetraba la piel.
Disfrutando del placer que le brindaba el nuevo universo en el que se adentraba, comenzó a escribir su historia…