Destino Infernal

IX: Estancia embrujada.

Eran las cuatro de la madrugada, no podía dormir gracias al insomnio, y estaba temblando a pesar de tener la calefacción encendida.

Se encontraba exhausta, deseaba descansar, pero mientras más trataba, menos lograba concentrarse. Le desesperaba verse encarcelada en ese círculo vicioso. Solo anhelaba descansar con normalidad, pero su cuerpo no le respondía a su cerebro.

Cuando sellaba sus párpados e intentaba entrar en el mundo onírico, solo se atosigaba a sí misma con pensamientos abrumadores y no lograba encontrar la apacible oscuridad atrapante de sus ensoñaciones.

Hastiada, se levantó de su cómoda cama y se colocó sus pantuflas para dirigirse hacia la cocina para preparar un chocolate caliente, a ver si eso la ayudaba a descansar.

En el momento en el que iba por el pasillo que daba a la sala, admiró cómo una sombra daba vueltas por la entrada del apartamento.

Eso la alarmó, haciéndole pensar que era un ladrón.

Trató de afinar su visión; sin embargo, la oscuridad no la ayudaba mucho.

De la nada, ya no estaba la sombra. Pero seguía asustada por el suceso anterior, así que desconfiada, encendió la luz del pasillo; dándole un toque tétrico a la estancia. Aterrada de que apareciese la sombra otra vez, caminó sigilosamente a la cocina. Milagrosamente, no tuvo ningún encuentro con la misteriosa sombra.

Mientras hacía todo lo necesario para el chocolate, se puso a pensar…

Tenebris —el pueblo donde habita—, jamás había tenido problemas con la delincuencia, ya que la policía era muy eficiente. Y ya que vivía en la zona intermedia, dudaba que justamente fuesen a robarle sus pocas pertenencias, y sobre todo, cuando no tenía nada valioso que se pudiesen llevar.

Era raro, así que prefirió pensar que solo habían sido imaginaciones suyas.

Llevaba varias noches sin poder descansar adecuadamente, se encontraba agotada porque ella solo quería descansar. Pensaba que era por el estrés que le causaba el trabajo, no obstante, la habían ascendido y tenía más ingresos. No estaba al tanto de si su problema se originó gracias al trabajo o a su familia, porque desde hacía un tiempo, no sabía nada de ellos y eso la preocupaba.

Ella se había mudado a aquel pueblo para encontrar un mejor modo de vida y así poder mandarle dinero a su familia en el exterior, ya que ella provenía de una pequeña villa en Midlet.

Midlet era un país al que nadie le daba importancia debido a que no poseía nada llamativo para los países subdesarrollados y desarrollados. Su población no pasaba de los ocho millones y se mantenía a base de su producción de alimentos.

Cuando solo le quedaba servir el chocolate, un sonoro estruendo en la sala le hizo correr inmediatamente hacia allá. En el momento en que llegó, se encontró con que todo estaba en orden. No lo creía, hace tan solo segundos había escuchado como si hubieran tumbado la puerta, sin embargo, cuando llegó a la estancia, todo se encontraba perfectamente como lo había dejado anteriormente.

Desconfiada de lo que observaba, comenzó a deambular por la pequeña sala, buscando una explicación a semejante ruido. Ya le había parecido suficiente tener que soportar el susto de la sombra, como para ahora tener que sufrir un infarto. Estaba considerando que lo que había escuchado fue producto de su mente por el cansancio, pero algo le hacía dudar de sí misma, era como un instinto que le gritaba que todo lo que ocurría no era parte de su imaginación y la falta de descanso.

Era tan extraño que justamente le sucediese eso a ella, no obstante, le parecía absurdo quejarse cuando solo tenía que estar al pendiente de que no volviese a pasar lo de hace unos minutos.

Mientras revisaba cada esquina de la habitación, se dio cuenta de que el cansancio que la había impulsado a desear dormir, se había esfumado como la neblina, y había dejado de turno, al estrés de que alguna entidad o algún ladrón estuviese en su pequeña morada.

En esa situación, se sentía arrepentida de no haber creído las leyendas que solían rondar por el mercado.

A las ancianas que les gusta dar vueltas por la villa, suelen contarles historias sobre entes malignos y monstruos aterradores, aunque a ella jamás le llamó la atención investigar y, mucho menos, le dio importancia. Sin embargo, como ahora se veía atrapada entre el hilo de la realidad y la imaginación de un mundo paranormal, ya no sabía a qué lado pertenecía.

Estaba entre la espada y la pared.

Sintiéndose casi cerca de perder la cordura, se sentó de sopetón en el sofá junto a la ventana. Admiró la hermosa noche que deslumbraba su parsimoniosa pesadilla. No lo entendía, era incoherente con la realidad lo que le sucedía, era como si estuviera encerrada dentro de una película.

Sentía su corazón tan acelerado y sus sienes latir; el terror envenenaba cada centímetro de su cuerpo. Se encontraba tan asustada de lo que pudiese sucederle que ya no quería ir a por el chocolate, sino que deseaba irse directamente a su habitación y esconderse debajo de su manta para esperar que el peligro desapareciera; como si aún fuera una niña pequeña.

Ahora comenzaba a cuestionarse si mudarse a aquel lugar fue buena idea. Jamás se había sentido tan arrepentida y aterrada porque, si a ella le llegase a suceder algo, su familia quedaría a la deriva y no habría quien la ayudase. Si lo pensaba de aquel modo, era un poco ridículo, pero no quería arriesgarse, así que cuando escuchó un segundo estruendo proveniente del pasillo que daba hacia su habitación, no meditó ni un segundo antes de tomar un horrendo florero de plástico con el que pensaba defenderse si la cosa se tornaba turbia.

Mientras más se acercaba, notó que se podían oír pisadas y susurros. Definitivamente alguien se encontraba en su hogar y no dudaría en sacarlo a patadas. Cuando divisó el lugar de donde provenía el sonido, su respiración se cortó… Era…

Era algo espantoso.

Las paredes estaban llenas de rayones negros que no tenían forma alguna, sin embargo, parecían líneas que formaban un camino, un camino que ella siguió con la mirada y que cuando descubrió su desenlace, sólo pudo pensar una cosa antes de que repentinamente algo la dejara inconsciente…




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