Destino Infernal

X: Mellizos pesadilla.

La soledad se percibía en el ambiente; el viento estaba tranquilo, y en las calles se distinguía que una guerra estaba por comenzar.

Los colores que se denotaban en la escena eran lúgubres y fríos, y los escombros obstaculizan el camino de los valientes que tenían la osadía de alzarse contra el maligno enemigo. El escarlata que sobresalía de los cuerpos en el suelo daba la impresión de ser parte de una obra de arte, causando tanto asombro como fascinación.

Repentinamente, el apacible ambiente se vio interrumpido por tiroteos y personas clamando por su libertad, como un canto de gloria que los ayudaba a levantar su armamento en contra del rival. Uno que otro llanto hacía de ambientación para la terrible batalla, pero no era eso; era un pueblo harto de sufrir que luchaba por su libre albedrío.

Por la justicia que les fue arrebatada.

El cansancio y el dolor los habían dejado ansiosos por derrocar aquel mandato del tirano.

Sin embargo, a pesar del escenario que se desarrollaba, allí se encontraba una joven. Aterrada y desorientada, así se sentía mientras buscaba una manera de escapar de aquella hecatombe.

Cualquiera creería que ella decidió estar ahí, que se lo buscó, pero la situación era otra, había despertado en medio del desastre y no sabía qué sucedía. Los gritos y estallidos la tenían sumamente aturdida y desesperada por escapar, aunque no sabía a dónde ir.

Su mente vagaba en recuerdos que no la llevaban a nada mientras que sus pies tomaban el camino que mejor les parecía; como si tuvieran vida propia y supiesen el camino que la conduciría fuera de aquel martirio.

Cada vez que cruzaba una calle, el ruido que la atormentaba, desaparecía y solo quedaba al fondo de su memoria, como si jamás lo hubiese escuchado.

Curiosamente, todas las calles por las que había pasado eran iguales y por más que sus pies la guiaran a un sitio determinado, se sentía perdida… El no saber qué hacía allí la tenía preocupada con millones de preguntas.

» ¿Qué pasó aquí? ¿Acaso… morí? ¿Esto es el infierno o… sigo en la tierra? ¿Tengo familia?

¿Qué…?

¿Qué me sucedió?«

***

Luego de un rato en el que estuvo vagando como un fantasma, llegó a su destino: un callejón sin salida en el que, si se fijaba bien, en el fondo en una esquina había una pequeña que reposaba sobre el suelo y que parecía no estar muy consciente de la presencia de la joven. La niña no parecía tener más de ocho años, sin embargo, no se podía fiar mucho, porque a pesar de cargar un viejo vestido rasgado, que anteriormente debió ser de color blanco, pero que ahora solo era gris con manchas rojas, se le notaba por sus brazos y pies que estaba desnutrida, y podía apostar a que si se levantaba, sería de su estatura o más…

Poco a poco se le fue acercando, atraída por la curiosidad que la iba acechando internamente. Al estar a su lado, pudo detallarla mejor y se sorprendió al notar las similitudes que tenían.

Su cabello era de un color avellana opaco que caía por su espalda y llegaba a su cintura, y aunque estaba totalmente enmarañado, como si hubiese intentado arrancarlo, podía decirse que antes fue liso. Su piel era pálida, tan blanca que parecía enferma.

La niña lucía como si no la hubiese pasado bien.

Intentó acercarse más con pasos cautelosos e indecisos, no sabía qué le depararía el destino…

Al estar a su lado, intentó hablar, no obstante, la niña levantó la cabeza y se le quedó mirando.

Eso la aterrorizó.

Su rostro, que anteriormente pudo dar el aire de ser angelical, se había convertido en la imagen más terrorífica que había visto: las cuencas de sus ojos estaban totalmente vacías y de ellas brotaban lágrimas oscuras, de sus labios delgados caía un líquido blanco y espeso, su tersa piel estaba manchada de tierra y sangre seca. Y lo que más la trastornó, fue ver que sus cejas y las raíces de cabello eran blancas, y se suponía que su cabello era castaño.

—Bu —Escuchó detrás de ella.

Se giró rápidamente, atraída por el repentino sonido. Y se arrepintió al segundo.

Un niño estaba detrás de ella, y poseía la misma perturbadora apariencia que la niña.

Su única reacción fue gritar y retroceder.

Ahora temía por su vida.

A pesar de que parecía que entre ambos niños iban a hacerle daño, como en esas películas de terror que había visto en su niñez, los niños solo soltaron carcajadas y se colocaron a un lado de ella.

—Se puso pálida como un cadáver, Sean —dijo la niña mientras la señalaba y sacaba la lengua.

—Creo que, en realidad, casi se murió del susto, Liz —respondió el niño.

Se sentía confundida.

¿Era una broma?

—¿Qué pasó? —susurró.

—Es Halloween, dah— dijo el niño.

Lo había olvidado, ese día era el único día en el que la ciudad se volvía un espectáculo de terror, y los niños aprovechaban el momento para burlarse de cada persona que se les atravesaba.

Ella había sido víctima de una broma.

Una broma de unos mellizos de pesadilla.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.