Destino Infernal

XIV: Dama de cristal.

Con una perfecta sonrisa falsa, unos ojos helados y distantes, y una armadura de titanio, lucha contra las adversidades a su alrededor.

Se mantiene como pilar ante los problemas y sonríe ante las lágrimas que la atacan.

Es fuerte.

Poderosa.

Una total diosa.

Es lo que dicen unas pocas personas sobre la admirable guerrera.

Su presencia es celestial, ella parece ser algo sobrenatural; con su belleza descomunal y su voz dulce, nadie puede resistirse a tal tentación. Sin embargo, son más los corazones rotos que las hazañas valerosas.

El arma de doble filo perfecta.

Su actitud descorazonada la corona como la reina de la jugada, mientras que su dedo acusador es el verdugo que penaliza a aquellas almas errantes. Una sola señal y cabezas rodarán por el césped de su perfecto jardín de pétalos carmín; como si fuese la propia Reina de Corazones.

La justicia es un término que no está en su vocabulario; a su paso se lleva todo lo que no la deja cumplir su objetivo. Es despiadada, no toma en cuenta edad, clase o billetera.

Pocas veces le gusta ayudar, siente que en vez de hacer un favor solo hace sufrir, pero se resigna, no puede arrepentirse de algo que está en su lista. Trabaja con esfuerzo, sabe que es difícil porque al final del día solo quedan recuerdos, que volarán entre supernovas y se volverán polvo estelar: serán uno con el Universo.

Ella no olvida, tiene presente cada día las sonrisas y lágrimas que le dedicaron, así sabe que su trabajo no es en vano.

Es mala.

Te lo quita todo.

No merece perdón.

Suele oír susurrar a los espejos delirantes, que tratan de engañar a las almas agrietadas para que teman de otros mundos y fallen al ignorar la divina presencia. A la dama le desagradan esos espejos, dañan su trabajo y corrompen su jardín carmín, convirtiéndolo en un desierto gótico con plagas que sisean a su espalda y vuelven a sus súbitos seres de alma oscura.

Siempre hay alguien destruyendo su reino, amenazando la poca resistencia que tiene su fachada, porque saben que ella se esconde detrás de una máscara.

La dama no es de hierro, ella llora pétalos cuando sus terrenos se ven ultrajados; dice que sus hijos no merecen recibir el daño que va para ella. Es una madre más, que ve el dolor y trata de hacerlo suyo, para proteger a sus hijos de todos los recuerdos que quiere borrar. Sangra por los súbitos que perecen en manos de las plagas y por su jardín que se marchita cada vez más, a causa de las voces malditas de los espejos.

Los espejos son sus peores pesadillas, quiere acallar sus susurros: sus mentiras. Ellos saben cómo consumir su alma sin siquiera mirarla; son un infernal destino que la persigue y la ata a sofocarse en dolor y desgracia; son el vil verdugo que corta las cabezas por su majestad, pero que espera la situación perfecta para degollarla.

Sus temores la persiguen en sueños infinitos, donde corre entre sus hijos y escucha el llanto de miles, suplicando que tenga paciencia y los espere: que ellos quieren jugar un rato más…

Y por eso la llamo Dama de cristal.

Porque se mantiene en una danza: fragmentada entre lo que susurran y lo que debe hacer; porque sufre bajo esa máscara como una perfecta actriz; porque su objetividad se ve aniquilada todos los días por los delirios de los espejos rotos; porque su juicio cada día es más errado y se lleva almas puras por accidente, provocando que sus hijos lloren más y que el jardín carmín se vea opacado por el desierto oscuro.

Porque al amanecer siempre seguirá siendo La Muerte.




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