Destino ó casualidad

Capítulo 1

La lluvia golpeaba suavemente las ventanas del autobús mientras Cristian observaba la ciudad universitaria acercarse poco a poco. Los edificios altos, los estudiantes caminando con mochilas al hombro y las luces del campus parecían demasiado distintos a todo lo que había conocido antes.
Cinco años.
Cinco años desde aquella despedida.
Y aun así, lo único que sentía en ese momento era miedo.
No miedo al fútbol.
No miedo al campus.
Miedo a no encontrar un lugar donde pertenecer.
Apretó la mandíbula y bajó la mirada hacia su teléfono. La pantalla se iluminó mostrando una carpeta vieja de fotografías. Algunas desenfocadas. Otras ridículas. Una playa. Un helado derretido. Una risa congelada en el tiempo.
Laura.
El nombre ni siquiera estaba guardado ya.
Solo eran imágenes abandonadas dentro de un teléfono que nunca tuvo el valor de vaciar por completo.
Cristian exhaló lentamente.
—Ya fue… —murmuró para sí mismo.
Presionó “eliminar”.
Y por primera vez en años, las fotos desaparecieron.
El autobús se detuvo frente al campus.
El corazón le latía rápido.
Bajó cargando una maleta negra mientras cientos de estudiantes caminaban alrededor hablando, riendo y chocando hombros entre sí como si todos supieran exactamente qué hacer con sus vidas.
Él no.
Un chico alto chocó su hombro con el suyo accidentalmente.
—Lo siento, bro.
Cristian solo asintió.
Miró alrededor intentando memorizar el lugar. Las enormes residencias estudiantiles. Las canchas impecables. Las banderas del equipo moviéndose con el viento.
Ese era el lugar donde se suponía que construiría su futuro.
Donde debía convertirse en alguien importante.
Donde nadie conocía quién había sido antes.
Y quizás eso era lo mejor.

Al otro lado de la ciudad, Laura acomodaba cuidadosamente varias cadenas de oro dentro de una vitrina iluminada.
—Más despacio —dijo una voz grave detrás de ella—. Las joyas caras no soportan manos nerviosas.
Laura sonrió apenas.
—Lo intento.
Tomás Bravo observó cómo ella corregía la posición del collar con delicadeza.
—Tienes buen ojo —comentó él—. Solo te falta confianza.
Laura bajó la mirada.
Confianza.
Qué palabra tan complicada.
Habían pasado cinco años y todavía seguía sintiendo que todo podía derrumbarse en cualquier momento.
Tomás se alejó para atender una llamada mientras Laura observaba el reflejo de la joyería en el cristal.
Elegante.
Silenciosa.
Perfecta.
Nada que ver con la chica insegura que había llegado buscando trabajo tiempo atrás.
A veces todavía le costaba reconocer en quién se estaba convirtiendo.
Una clienta entró al local usando tacones altos y perfume caro.
Laura levantó la mirada de inmediato y sonrió profesionalmente.
—Buenas tardes, bienvenida.
Mientras ayudaba a la mujer a probarse unos pendientes, algo dentro de ella entendió una verdad que había tardado demasiado en aceptar:
La vida seguía avanzando.
Con o sin las personas que un día prometieron quedarse.

Esa noche, Cristian se dejó caer sobre la cama de su nueva habitación universitaria.
Su compañero aún no había llegado.
El silencio era incómodo.
Miró el techo durante unos segundos hasta que el teléfono vibró.
Un mensaje del entrenador:
“Mañana 6:00 a.m. No llegues tarde.”
Cristian soltó una risa seca.
Perfecto.
Nueva ciudad.
Nuevo equipo.
Nueva vida.
Y una presión enorme sobre los hombros.
Dejó el teléfono a un lado y cerró los ojos.
Pero dormir fue imposible.
Porque aunque hubiera borrado las fotos…
los recuerdos seguían ahí.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.