Destino ó casualidad

capítulo 2

El sonido de los tacos golpeando el suelo elegante de la joyería se mezclaba con la música instrumental suave que siempre sonaba por las mañanas.

Laura acomodaba unas pulseras detrás del mostrador cuando escuchó la voz dramática de Carmem desde la entrada.

—¡Edelberto,te dije que eso no combina

Laura levantó la vista automaticamente

ahí estaban sus vecinos

como siempre

Carmem llevaba un vestido amarillo exageradamente brillante y unas gafas enormes. Edelberto, en cambio, tenía una camisa floreada abierta hasta más abajo de lo necesario para un hombre de sesenta años.

—Yo tengo estilo tropical —protestó él mientras entraban.

—Tú tienes problemas de visión.

Laura soltó una pequeña risa.

—buenos días

—¡Niña hermosa! —Carmem caminó directamente hacia el mostrador—. Venimos a verte trabajar porque Edelberto dice que las joyerías lo hacen sentir millonario.

—Porque LOS millonarios vienen aquí —respondió él orgulloso.

Laura negó divertida.

Desde que se habían mudado al apartamento junto al suyo, ambos parecían haber adoptado la misión de vigilarla emocionalmente

Y aunque nunca lo admitiera en voz alta… le agradaba.

Mucho.

—¿Y el señor Tomás? —preguntó Edelberto mirando alrededor.

—En una reunión

—Perfecto —susurró Carmem inclinándose sobre el mostrador—. Entonces sí podemos hablar.

Laura arqueó una ceja.

—Eso suena peligroso.

—¿Ya tienes novio?

Laura casi deja caer una caja con anillos

—¡Carmen!

Edelberto comenzó a reírse tan fuerte que una clienta volteó a mirarlos.

—¿Qué? —dijo Carmem inocente—. La niña es bonita, inteligente, trabaja en joyas caras… mínimo debería tener tres hombres llorando por ella.

Laura negó con una sonrisa avergonzada.

—Estoy bien sola

—igualmente tengo mi escopeta por si acaso querida ,tú solo avisa y le doy quinientos tiros --dijo Edelberto mirando a Laura burlon

—Laura río con risa genuina — gracias pero no quiero que acabe preso porque Carmen quedará sola

—Carmen rio—ya este cachorro solo me quiere por los croissant que preparo

—Edelberto río sin parar—bueno querida nos vamos te vemos en casa,Carmen y Edelberto se fueron a su casa y Laura continuo trabajando

Mientras tanto, al otro lado del país, Cristian observaba el enorme gimnasio universitario lleno de jugadores entrenando.

El ambiente era competitivo.

Ruidoso.

Intenso.

Justo como imaginaba.

—¿Tú eres el nuevo? —preguntó una voz detrás de él.

Cristian volteó y encontró a un chico rubio sosteniendo una botella deportiva.

—Cristian.

—Dylan.

Se dieron un apretón de manos.

—Te vi jugar en videos —comentó Dylan—. Eres bueno.

—Gracias.

—Aunque aquí todos son buenos, así que no te emociones demasiado.

Cristian soltó una risa pequeña.

Al menos era honesto.

Otro chico apareció acercándose.

—¿Ya están reclutando víctimas? —preguntó divertido.

—Este es Noah —dijo Dylan—. Habla demasiado.

—Y este parece demasiado serio —respondió Noah mirando a Cristian—. Tenemos que arreglar eso.

Cristian sonrió apenas.

Por primera vez desde que llegó, sintió que quizás podría encajar un poco.

Horas después, el entrenamiento terminó dejando a Cristian completamente agotado.

Se dejó caer en una banca mientras respiraba con dificultad.

—No estás mal para ser nuevo —comentó Noah sentándose a su lado.

—Casi vomito tres veces.

—Eso significa que sobreviviste.

Dylan apareció lanzándole una botella de agua.

—Esta noche iremos a una fiesta en las residencias.

Cristian frunció el ceño.

—No soy mucho de fiestas.

Los dos chicos se miraron entre sí.

Y luego comenzaron a reír.

—Todos dicen eso el primer día —dijo Noah.

—Escucha —añadió Dylan—. Si quieres sobrevivir aquí, necesitas amigos. Y los amigos aparecen en fiestas.

Cristian bajó la mirada hacia la botella.

Amigos.

Sonaba simple.

Pero llevaba años sintiéndose solo incluso rodeado de personas.

Quizás… intentarlo no era tan mala idea.

Esa misma noche, Laura cerraba la joyería junto a Tomás Bravo.

—Hoy trabajaste mejor —comentó él mientras guardaba documentos.

Laura levantó una ceja sorprendida.

—¿Eso fue un cumplido?

—si,tu me recuerdas cuando era joven,obstinado,cabezota y cuando se te mete algo en la cabeza no hay nada ni quien te lo quite de la cabeza y esta bien porque así tienes mucha probabilidad de lograr tus sueños y yo te ayudaré siempre que pueda

Ella soltó una pequeña risa.

—gracias Tomás cuando sea tan famosa como tu , el logro será mio pero el mérito será todo tuyo

Tomás la observó unos segundos antes de hablar nuevamente.

—Tienes talento, Laura. Mucho más del que crees.

Ella bajó la mirada automáticamente.

—No estoy segura de eso.

Tomás suspiró apoyándose sobre el escritorio.

—Las personas que dudan de sí mismas suelen ser las que más lejos llegan.

Laura no respondió.

Porque una parte de ella quería creerle.

Pero otra seguía aterrada de fracasar.

La música retumbaba tan fuerte que Cristian apenas podía escuchar sus propios pensamientos.

La residencia universitaria estaba llena de estudiantes bailando, riendo y gritando.

Noah le pasó un vaso rojo.

—Bienvenido oficialmente al campus.

Cristian observó la bebida unos segundos.

Y por primera vez en mucho tiempo…

decidió dejar de pensar demasiado.

La música hacía vibrar literalmente las paredes de la residencia.

Luces de colores cruzaban el techo mientras grupos de estudiantes bailaban, gritaban y cantaban canciones que Cristian apenas conocía.

Noah apareció colocando un brazo sobre sus hombros.

—¿Sigues vivo?

—Apenas.




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