Destino ó casualidad

capitulo 5

salud—dijo Laura brindando con shampam junto con Tomas y los inversionistas ,celebrando el contrato que habían firmado

¿que edad tienes?—preguntó un chico que tambien era inversionista ,el más joven además de Laura en la sala

21—le respondió Laura sonriendo—sonará raro de alguien a quien acabas de conocer pero...eres realmente buena en tu trabajo Laura—le dijo Bastien

vaya ...eso ...jajaja gracias—Laura miro a Bastien sonriendo —tambien eres buen inversionista para ser tan joven

Bastian río ronco y respondió—gracias ...pero tengo 29 años

JODERRR— Laura asombrada no disimuló su cara de sorpresa pero que tomas...osea yo tengo 21 y ya no puedo con mi vida

Bastien rio por el asombro de Laura y la miro de arriba a bajo dandole un buen repaso y se detuvo mirandola a los ojos directo , Laura lo miró a los ojos sin apartar la vista

joder ,es realmente atractivo

pero que dices Laura te saca 8 años ,pero es alto green flag y guapo

empecé por mi padre en este mundo de inversiones y tengo mucha influencia—¿me estas escuchando?

¿que?—perdon estaba ehhh mirando lo alto que....ay por dios—le dijo Laura nerviosa y riendose

Bastien la miró divertido y coqueto—me dejarias invitarte mañana a cenar

ahmmm... —si esta bien ,le respondió Laura intentando parecer tranquila pero por dentro se moría de nervios

—perfecto te veo a las 8 ,te parece bien

—vale bien ¿ es algun lugar elegante o no ?

—no vale que te diga, con lo que vayas estaras bien,bonne nuit Laura

—ok, bonne nuit Bastien

Laura llegó a su apartamentó y llamó a Lia y a Gabi emocionada por contarles todo lo que ocurrió y sobre...Bastien

Laura llevaba veinte minutos frente a su armario.
Veinte.
Minutos.
Y seguía sin saber qué ponerse.
—Esto es ridículo —murmuró sacando un vestido negro—. Es una cena, no una boda real.
Su teléfono comenzó a sonar.
Lia.
—¿Ya estás vestida?
—No.
—¿Cómo que no?
—No sé qué ponerme.
—Laura, el hombre mide como dos metros, es multimillonario, atractivo y te invitó a cenar. ¡Ponte bonita!
—Gracias por la presión.
Al otro lado de la línea se escuchó la risa de Gabi.
—Yo solo quiero recordar que hace tres horas dijiste que estabas tranquila.
—Lo estaba.
—Mentira.
—Bueno, ahora no.
Las tres soltaron una carcajada.
Laura terminó eligiendo un vestido elegante pero sencillo rojo vino

Nada exagerado.
Cuando se miró al espejo, sonrió.
Por primera vez en mucho tiempo tenía ganas de conocer a alguien.
Mientras tanto, al otro lado del océano...
Cristian estaba sentado en una mesa de la cafetería junto a Noah y Dylan.
—Entonces... —comenzó Noah—. ¿Cuándo es la boda?
Cristian levantó la vista de su café.
—¿Qué?
—La tuya con Andrea.
—No empieces.
—Yo ya elegí mi traje —intervino Dylan.
—Los dos están enfermos.
—Andrea esto, Andrea aquello, Andrea sonríe y tú sonríes, Andrea habla y tú escuchas...
—Porque somos amigos.
—Claro.
—Sí.
—Amigos.
Los tres segundos de silencio que siguieron hicieron que Cristian quisiera lanzarles el café encima.
—Idiotas.
Los tres terminaron riéndose.
Justo en ese momento apareció Andrea con una bandeja.
—¿De qué hablan?
—De nada —respondió Cristian demasiado rápido.
Noah y Dylan intercambiaron una mirada.
Andrea arqueó una ceja.
—Eso sonó sospechoso.
—Porque lo era —dijo Noah.
Cristian le dio una patada por debajo de la mesa.
—¡Ay!
Andrea comenzó a reír.
—Definitivamente me estoy perdiendo algo.
París.
Laura salió de su edificio y encontró a Bastien esperándola.
Y por un segundo olvidó cómo respirar.
Era incluso más impresionante que la noche anterior.
Alto.
Muy alto.
Vestía un traje oscuro perfectamente ajustado.
Su piel oscura contrastaba con unos llamativos ojos azules.
Y tenía esa presencia difícil de explicar.
La clase de hombre que entraba a una habitación y automáticamente parecía estar al mando.
Bastien sonrió al verla.
—Bonsoir, Laura.
—Bonsoir.
Él recorrió su figura con la mirada, sin ser irrespetuoso.
—Estás preciosa.
Laura sintió calor en las mejillas.
—Gracias.
—Y yo tenía miedo de haberme vestido demasiado elegante.
Ella soltó una risa.
—Créeme, no existe ese concepto en París.
—Buen punto.
Bastien le ofreció el brazo.
—¿Vamos?
Laura asintió.
Y caminaron juntos hacia el restaurante.
Horas después...
Cristian y Andrea caminaban por el campus.
La tarde estaba agradable y los jardines universitarios estaban llenos de estudiantes.
—Entonces quieres jugar fútbol profesional —dijo Andrea.
—Sí.
—¿Desde pequeño?
—Desde que tengo memoria.
—Eso explica por qué eres tan competitivo.
—No soy competitivo.
Andrea soltó una carcajada.
—Cristian, literalmente hiciste una carrera contra un niño de diez años para demostrar que podías correr más rápido.
—Y gané.
Andrea volvió a reír.
—Eres imposible.
Cristian terminó riéndose también y cuando escuchó el " eres imposible " le recordó a Laura pero se quedó callado porque ya no tenía sentido
Y se sorprendió de lo fácil que era hablar con ella.
Mientras tanto, la cena de Laura iba mejor de lo esperado.
Mucho mejor.
—¿Así que diseñaste toda la colección? —preguntó Bastien.
—Los bocetos sí.
—Eso es impresionante.
—Tomás me dio una oportunidad.
—No.
Laura lo miró confundida.
—¿No?
—La oportunidad te la ganaste tú.
Por alguna razón, esas palabras la hicieron sonreír.
Bastien no hablaba como alguien que intentaba impresionarla.
Hablaba como alguien que realmente la escuchaba.
—Gracias.
—Es la verdad.
Durante las siguientes horas hablaron de todo.
Viajes.
Música.
Familia.
Sueños.
Fracasos.
Y cuando Laura miró la hora casi se atragantó con el agua.
—¿Medianoche?
—¿Ya?
—Llevamos cuatro horas hablando.
Bastien sonrió.
—Supongo que ninguno de los dos se estaba aburriendo.
Laura negó con la cabeza.
—Definitivamente no.
Y por primera vez en años, se encontró pensando que quizá aquella cena no sería la última.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.