Cristian estaba recogiendo las pelotas al final del entrenamiento. Sus músculos aún dolían del día anterior, pero el pensamiento de Andrea le daba energía extra.
—Oye, Andrea —dijo, acercándose mientras ella observaba a otros compañeros—. Pensé… ¿quieres venir a la reunión privada del equipo después del entrenamiento? Es solo estrategia y planes, nada aburrido.
Andrea arqueó una ceja, divertida.
—¿Reunión privada de futbolistas serios? Suena intrigante.
—No tan seria —dijo Cristian—. Pero sí… importante para nosotros.
—Perfecto, me apunto —respondió ella con una sonrisa.
Cristian sintió un extraño cosquilleo. Invitarla a su “mundo” era más difícil de lo que imaginaba.
Más tarde, en la sala privada del equipo, los chicos estaban alrededor de la mesa con bebidas energéticas y cuadernos de anotaciones. Andrea se sentó junto a Cristian y observó todo con curiosidad.
—Wow —susurró—. Esto es más serio de lo que imaginé.
—Sí —dijo Cristian—. Pero nada imposible. Solo estrategia y… un poco de ego de los jugadores.
Andrea sonrió traviesa y tomó un marcador. Antes de que Cristian pudiera reaccionar, empezó a dibujar un esquema en el tablero.
—¡Eh! —dijo él—. ¿Sabes cómo usar eso?
—Claro —respondió ella con naturalidad—. Solo estoy viendo cómo podríamos mejorar la estrategia.
Cristian se quedó inmóvil un segundo. La manera en que ella asumía el control y pensaba rápido le provocó un dejavu inesperado. No era Laura, pero la seguridad, la concentración y la naturalidad le recordaron a alguien de su pasado.
—Es… impresionante —murmuró para sí mismo.
—¿Dijiste algo? —Andrea lo miró curiosa.
—Nada —dijo él rápidamente—. Solo concentración.
Andrea rió y lo empujó ligeramente.
—Venga, juega conmigo en la práctica, maestro estratega.
Durante la práctica, Andrea mostró agilidad y competitividad inesperadas. Cristian no podía evitar sonreír cada vez que la veía resolver un ejercicio con rapidez.
—¡Mira, mira! —gritó ella mientras hacía un pase perfecto—. Te estoy superando.
—Sí, sí —dijo Cristian, riéndose—. Pero eso no significa que no te vaya a ganar en la próxima.
—Lo dudo —respondió ella, guiñándole un ojo.
El resto de la práctica pasó entre risas, bromas y pequeñas competencias que los acercaban más. Cristian se dio cuenta de que ya no era solo la diversión: Andrea lo estaba haciendo sentir vivo otra vez.
París.
Laura estaba revisando unas piezas de la colección con Bastien. Él estaba apoyado casualmente en la mesa, cruzando los brazos, mientras ella acomodaba delicadamente un collar.
—¿Sabes? —dijo Bastien—. Cada vez que veo estas piezas, no puedo creer que salieran de tus bocetos.
—Créeme, a veces yo tampoco —respondió Laura, con una sonrisa traviesa—. Pero alguien tiene que hacerlo bien.
—Tú lo haces demasiado fácil —dijo él, inclinándose un poco—. ¿Siempre eres así de eficiente?
—Solo cuando alguien está mirando —dijo Laura, burlona.
Bastien levantó una ceja y sonrió.
—Hmm… interesante. Tendré que prestar más atención entonces.
Laura soltó una risa y fingió mirar el collar, pero estaba consciente de cómo Bastien la observaba.
—Bueno, si vas a observar… al menos ayúdame a decidir la combinación de piedras para este diseño.
—Con gusto —dijo él, tomando una piedra de manera exagerada y susurrando—. Pero solo si prometes que no me miras así otra vez.
—¿Así cómo? —preguntó ella, levantando una ceja.
—Como si fueras peligrosa con tu talento y hermosa al mismo tiempo —dijo Bastien con una sonrisa torcida.
Laura se rió abiertamente.
—Te lo advertí: soy peligrosa.
—Hmm, tendré cuidado —dijo él, guiñándole un ojo.
La tarde siguió entre risas, bromas y comentarios indirectamente coquetos mientras probaban combinaciones de piedras y colores. Laura se sentía cómoda y divertida, algo que hacía tiempo no sentía.
—Prométeme algo —dijo Bastien mientras acomodaba un collar—. Que cuando la colección sea famosa, aún me dejarás ayudarte a elegir los diseños.
—Solo si tú prometes no intentar robar todos los créditos —respondió Laura con una sonrisa traviesa.
—Trato hecho —dijo él, estrechando ligeramente la mano de ella, pero dejando un contacto que duró un segundo más de lo normal.
De vuelta en el campus, Cristian observaba cómo Andrea recogía sus cosas después de la práctica.
—Hoy fue divertido —dijo ella mientras se ajustaba la mochila.
—Sí… —dijo él, intentando sonar casual—. Realmente… eres increíble.
Andrea sonrió y, antes de que él pudiera responder, dijo con picardía:
—Bueno, maestro estratega, ahora ya sabes que tendrás competencia.
Cristian la miró y sonrió ampliamente. Su corazón latía más rápido que nunca. Por un instante, cerró los ojos y recordó algo: la seguridad, la confianza y la determinación de Laura años atrás. Ese mismo sentimiento regresó como un deja vu, pero mezclado con la novedad de Andrea.
—Sí… tendré que entrenar más —dijo, y ambos rieron.
Andrea lo miró un instante, sonriendo misteriosamente.
—Nos vemos mañana.
—Sí —dijo Cristian, viendo cómo se alejaba—. Sí… mañana.
Y por primera vez en años, Cristian se dio cuenta de que estaba empezando a confiar y a ilusionarse nuevamente.
Mientras tanto, en París, Laura y Bastien terminaron la sesión de diseño con otra sonrisa compartida, dejando claro que la química entre ellos iba mucho más allá del trabajo.
Dos mundos distintos, dos personas acercándose a quienes podrían amar… pero también aprendiendo que las decisiones que tomen en su presente podrían cambiarlo todo.
Editado: 12.06.2026