—Suerte con la colección, la vas a necesitar. Siendo tan joven, seguro fracasas. Te falta experiencia, greluche —dijo Philippe con evidente desprecio.
Laura apretó los labios, intentando ignorar el comentario.
—Ahmm... debería tener un poco más de respeto, ¿no cree...? —empezó a decir.
Antes de que pudiera terminar, Bastien se interpuso entre ella y el inversionista, obligándolo a retroceder un paso. Su expresión, normalmente relajada, se había endurecido.
—¿Perdón? —preguntó con frialdad—. ¿Acabas de menospreciar a una de las diseñadoras más talentosas de esta sala?
Philippe soltó una risa burlona.
—Solo digo la verdad.
—No —replicó Bastien, tajante—. Lo que haces es demostrar tu inseguridad. Porque alguien con experiencia de verdad no necesita atacar a una mujer joven para sentirse importante.
El silencio cayó alrededor de ellos.
—Te aconsejo que midas tus palabras, Philippe. Laura ha conseguido más por mérito propio en unos años de lo que tú has conseguido viviendo de tus contactos. Y cuando su colección sea un éxito, tendrás que tragarte cada una de esas palabras.
Philippe frunció el ceño.
—Exageras.
—No. Me molesta ver cómo intentas humillarla cuando ha trabajado más duro que la mayoría de las personas aquí presentes. Así que o le ofreces una disculpa o te alejas de nosotros.
Bastien se giró hacia Laura y le dedicó una mirada tranquilizadora.
—No pierdas tu tiempo escuchando a personas que no pueden soportar ver brillar a alguien más.
Philippe los miró a ambos murmuró algo y se dio la vuelta para irse ya que muchas personas lo estan mirando incluyendo Tomás que lo miró con cierta rabia y muy molesto
gracias por eso ,fue bastante borde al decirme esas cosas
no hay de que, no tenían ningun derecho a decirte eso solo porque tiene miedo porque eres su competencia—Bastien río y vaciló con burla la cara de confusión de Laura
—te diste cuenta que le asustas a un hombre de mas diez de años de carrera , ya eres leyenda, eres un diamante un bruto ton intelligence est remarquable(tu inteligencia es notable)
La noche parisina era fresca cuando abandonaron el evento.
Laura todavía llevaba su vestido verde esmeralda, mientras Bastien caminaba a su lado con las manos en los bolsillos.
—¿A dónde vamos? —preguntó ella.
—A cenar.
—¿A un restaurante?
—No.
—¿Uno elegante?
—Tampoco.
—¿Uno caro?
—Menos.
Laura lo observó con desconfianza.
—¿Me vas a secuestrar?
—Depende.
—¿Depende de qué?
—De si sigues haciendo tantas preguntas.
Laura soltó una carcajada.
Diez minutos después estaban frente a un pequeño carrito callejero iluminado por luces amarillas.
Laura lo miró incrédula.
—¿Después de una gala llena de millonarios me traes a comer aquí?
—La mejor comida de París no siempre está detrás de una puerta de cristal.
—Eso sonó demasiado profundo para alguien que acaba de pedir dos hamburguesas.
—Tengo mis momentos.
Se sentaron en una pequeña mesa metálica.
Por primera vez en toda la noche no había cámaras, inversionistas ni periodistas.
Solo ellos.
Durante varios minutos hablaron de cosas simples.
La ciudad.
La comida.
Los errores más vergonzosos de ambos.
Laura terminó riéndose tanto que casi derramó su refresco.
—No puedo creer que te cayeras de un caballo delante de toda tu familia.
—Yo no puedo creer que incendiaras una tostadora.
—Tenía once años.
—La tostadora sigue sin perdonarte.
Laura negó con la cabeza mientras sonreía.
El silencio que siguió fue cómodo.
Extrañamente cómodo.
—¿Y qué hay de las parejas? —preguntó Bastien mientras daba un sorbo a su bebida.
Laura levantó una ceja.
—¿Qué pasa con ellas?
—Nada. Solo tengo curiosidad.
—Eso suena sospechoso.
—Soy francés. La curiosidad viene incluida.
Ella rodó los ojos.
—¿Tienes novia?
—No.
—¿Prometida secreta?
—Tampoco.
—¿Alguna mujer esperándote en una torre?
—Ninguna.
—Qué decepción.
—¿Y tú?
Laura bajó la mirada hacia su comida.
—No hay nadie.
Bastien lo notó enseguida.
No era la respuesta.
Era la forma en que la había dado.
Como si hubiera cerrado una puerta.
—Pero hubo alguien.
Laura tardó unos segundos en responder.
—Hace mucho tiempo.
—¿Te rompió el corazón?
Ella sonrió sin humor.
—Creo que simplemente crecimos.
Bastien apoyó los antebrazos sobre la mesa.
—Y desde entonces no confías fácilmente.
Laura levantó la vista.
—¿Tan obvia soy?
—No.
—Entonces...
—Porque yo hago lo mismo.
Por primera vez Bastien parecía completamente sincero.
Sin bromas.
Sin sonrisas arrogantes.
Solo él.
—Cuando confías en alguien y las cosas salen mal, empiezas a pensar que es más fácil mantener distancia.
Laura no respondió.
Porque era exactamente así.
—Y luego aparece alguien que intenta acercarse —continuó Bastien— y lo primero que haces es buscar motivos para no confiar.
—Eso es muy específico.
—Experiencia propia.
Laura jugueteó con el vaso.
—¿Y cómo sabes cuándo vale la pena confiar?
Bastien la observó unos segundos.
—No lo sabes.
—Gran respuesta.
—Escúchame.
Ella guardó silencio.
—La confianza no aparece de golpe. Se construye.
—¿Y cómo se construye?
—Con pequeñas cosas,acciones Laurita
Laura lo miró.
—¿Como cuáles?
—Como saber que si llamas a alguien a las tres de la mañana, contestará.
—Eso es muy específico.
—Como saber que si tienes un mal día, no va a usarlo en tu contra.
Laura bajó la vista.
—O como saber que cuando todo se complique, seguirá ahí.
Por alguna razón, esas palabras golpearon algo dentro de ella.
Editado: 12.06.2026