Destino ó casualidad

Capítulo 12

Cristian llevaba casi una semana durmiendo mal.
Cada noche era igual.
Daba vueltas en la cama.
Miraba el techo.
Intentaba convencerse de que todo estaba bien.
Pero no lo estaba.
Desde la discusión con Andrea, las cosas parecían haber empeorado.
Ella seguía hablándole.
Seguía preocupándose por él.
Pero había algo diferente.
Algo distante.
Y Cristian sabía que era culpa suya.
Aquella mañana llegó al entrenamiento más temprano de lo habitual.
El complejo deportivo estaba casi vacío.
El aire fresco de la mañana golpeó su rostro mientras caminaba hacia los vestuarios.
Abrió su casillero.
Y allí volvió a verlo.
El pequeño paquete.
Lo había guardado días atrás.
Con la intención de tirarlo.
Con la intención de olvidarlo.
Pero nunca lo hizo.
Porque una parte de él no quería hacerlo.
Porque una parte de él seguía escuchando aquellas palabras.
"Te ayudará."
"Nadie lo sabrá."
"Solo necesitas un impulso."
Cristian cerró los ojos.
Apretó la mandíbula.
Y durante varios segundos permaneció inmóvil.
Pensando.
Luchando consigo mismo.
Hasta que finalmente tomó una decisión.
La peor de su vida.
Una hora después estaba en el campo.
Corriendo.
Y al principio no sintió nada.
Absolutamente nada.
Incluso llegó a pensar que todo había sido una estupidez.
Pero poco a poco comenzó a notar cambios.
Pequeños cambios.
Su cuerpo parecía responder más rápido.
Su resistencia aumentó.
La fatiga tardó más en aparecer.
Y cuando el entrenamiento llegó a su punto más exigente...
Cristian seguía de pie.
Seguía corriendo.
Seguía empujándose más allá de sus límites.
El entrenador lo observó sorprendido.
—¡Eso es, Cristian!
Los compañeros comenzaron a felicitarlo.
—¡Así se hace!
—¡Hoy estás encendido!
—¡Pareces otra persona!
Y por primera vez en semanas...
Cristian sonrió.
Una sonrisa genuina.
Porque sentía que volvía a ser suficiente.
Porque sentía que estaba recuperando el control.
Sin darse cuenta de que en realidad acababa de perderlo.
A cientos de kilómetros de allí, Laura terminaba una reunión con Tomás Bravo.
La oficina estaba iluminada por la luz de la tarde.
Sobre la mesa descansaban varios documentos.
Tomás terminó de leer uno de ellos y levantó la vista.
—Bueno...
Laura sintió curiosidad.
—¿Bueno qué?
Tomás sonrió.
—Creo que California está interesada en ti.
Laura parpadeó.
—¿California?
Tomás deslizó una carpeta hacia ella.
—Una empresa quiere reunirse contigo.
Laura abrió el documento.
Y mientras leía, sus ojos se abrían cada vez más.
Era una oportunidad enorme.
Mucho más grande de lo que había imaginado.
Una colaboración.
Nuevos contactos.
Posibles contratos.
Expansión internacional.
Su corazón comenzó a acelerarse.
—¿Esto es real?
—Muy real.
Laura levantó la vista.
—Dios mío.
Tomás soltó una pequeña risa.
—Esa fue exactamente mi reacción.
Ella volvió a leer el documento.
Incapaz de ocultar su emoción.
—No puedo creerlo.
—Créelo.
Porque te lo has ganado.
Aquellas palabras la hicieron sonreír.
Porque venían de alguien a quien respetaba profundamente.
Esa misma tarde encontró a Bastien revisando unos informes.
Él apenas levantó la vista.
—Tienes cara de que ocurrió algo.
—Pasó algo.
—¿Bueno o malo?
—Muy bueno.
Laura prácticamente dejó caer la carpeta sobre el escritorio.
Bastien la abrió.
Leyó.
Y poco a poco una sonrisa apareció en su rostro.
—California.
—California.
—Eso es enorme.
—Lo sé.
Bastien cerró la carpeta.
—Estoy orgulloso de ti.
Laura sintió una calidez inesperada en el pecho.
Seguía sin acostumbrarse a escuchar aquello.
Porque Bastien siempre parecía decirlo cuando menos lo esperaba.
Hubo un breve silencio.
Y entonces Laura habló.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Claro.
—¿Te gustaría acompañarme?
Bastien levantó una ceja.
—¿A California?
—Sí.
—¿Estás segura?
Laura asintió.
—Me gustaría que fueras conmigo.
Durante unos segundos él no respondió.
Y aquello la puso nerviosa.
Hasta que finalmente sonrió.
—Entonces iré contigo.
Laura no pudo evitar devolverle la sonrisa.
—Perfecto.
—Aunque creo que debo advertirte algo.
—¿Qué cosa?
—Nunca rechazo una oportunidad de conocer California.
Laura soltó una carcajada.
—Qué sacrificio tan grande.
—Lo sé. Soy admirable.
—Eres insoportable.
—También lo sé.
Los días siguientes transcurrieron rápidamente.
Entre preparativos.
Llamadas.
Documentos.
Reuniones.
Y cuando finalmente llegó el día del viaje, Laura apenas podía contener la emoción.
Era la primera vez que sentía que su carrera estaba alcanzando una dimensión completamente diferente.
No era solo una diseñadora emergente.
Ya estaba empezando a construir algo mucho más grande.
Algo real.
El avión despegó al atardecer.
Laura observó por la ventana cómo la ciudad se volvía cada vez más pequeña.
Bastien ocupaba el asiento junto a ella.
Durante varios minutos ninguno habló.
Simplemente contemplaron las nubes.
Hasta que Bastien rompió el silencio.
—¿Nerviosa?
—Mucho.
—Eso es bueno.
—¿Por qué?
—Porque significa que todavía te importa.
Laura sonrió.
Aquella frase le resultaba familiar.
Muy familiar.
—Creo que ya me habías dicho eso.
—Las buenas frases merecen repetirse.
—Qué conveniente.
Bastien soltó una risa.
Y la conversación continuó durante horas.
Hablaron de sus primeros trabajos.
De errores absurdos.
De decisiones difíciles.
De sueños.
Y por primera vez Laura sintió que estaba viendo una versión de Bastien que pocas personas conocían.
Más humana.
Más vulnerable.
Más real.
Mientras tanto...
Cristian estaba solo.
Sentado en el borde de su cama.
Mirando sus manos.
Todo había salido bien.
Demasiado bien.
El entrenamiento había sido espectacular.
Había recibido elogios.
Había recuperado confianza.
Y aun así...
No se sentía tranquilo.
Algo dentro de él seguía gritándole que aquello estaba mal.
Intentó ignorarlo.
Intentó convencerse de que no era para tanto.
Hasta que una fuerte punzada atravesó su pecho.
Cristian se incorporó inmediatamente.
Su respiración se volvió irregular.
Otro mareo.
Más intenso esta vez.
Se apoyó en el escritorio.
Esperando que pasara.
Pero no pasó.
Su corazón latía demasiado rápido.
Demasiado fuerte.
El miedo comenzó a extenderse lentamente por su cuerpo.
Y por primera vez desde que tomó aquella decisión...
Comprendió las verdaderas consecuencias.
No estaba jugando.
No era un juego.
No era una solución mágica.
Era algo peligroso.
Algo que podía destruirlo.
Y mientras Laura volaba hacia uno de los momentos más importantes de su carrera, Cristian permanecía solo en la oscuridad de su habitación, descubriendo que algunas decisiones tienen un precio mucho más alto de lo que uno imagina.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.