Sábado.
Laura abrió los ojos varios segundos antes de que sonara la alarma.
Lo primero que sintió fue el nudo en el estómago.
La presentación.
Era hoy.
Se quedó mirando el techo de la habitación del hotel mientras intentaba convencerse de que todo saldría bien.
No funcionó.
Su cerebro decidió recordarle todas las formas posibles en las que podía arruinar la reunión.
Podía quedarse en blanco.
Podía equivocarse con los números.
Podía decir algo absurdo delante de los clientes.
Podía—
—Basta.
Se incorporó en la cama y se pasó una mano por el rostro.
Había trabajado durante semanas para aquella presentación.
Se la sabía de memoria.
Estaba preparada.
Entonces, ¿por qué sentía que iba a vomitar?
Porque era importante.
Demasiado importante.
Una hora después, Laura ya estaba lista.
Vestida, peinada y con una carpeta contra el pecho que sujetaba como si fuera un salvavidas.
Cuando salió de la habitación, encontró a Bastien apoyado contra la pared del pasillo.
Como siempre.
Puntual.
Impecable.
Y absurdamente atractivo.
—Buenos días —saludó él.
—No lo son.
—¿Tan grave?
—Creo que estoy muriendo.
—Qué tragedia.
Laura le lanzó una mirada.
—Lo digo en serio.
—Y yo también.
Ella suspiró.
—Bastien.
—Laura.
—Estoy nerviosa.
—Lo sé.
Por alguna razón, aquellas dos palabras consiguieron tranquilizarla un poco.
Bastien la observó durante unos segundos.
—¿Terminaste el proyecto?
—Sí.
—¿Lo conoces mejor que nadie?
—Sí.
—¿Trabajaste durante semanas para esto?
—Sí.
—Entonces deja de actuar como si fueras a fracasar.
Laura frunció el ceño.
—Qué motivador.
—Estoy siendo sincero.
—Podrías intentar ser más amable.
—No lo necesito.
—¿Por qué?
Bastien sostuvo su mirada.
—Porque vas a hacerlo bien.
Así de simple.
Sin adornos.
Sin discursos.
Y precisamente por eso Laura le creyó.
Por primera vez aquella mañana sintió que podía respirar.
—Gracias.
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Bastien.
—Vamos. Los clientes no van a impresionarse solos.
Laura puso los ojos en blanco.
Pero lo siguió.
Y mientras caminaban hacia la sala de reuniones, el nudo en su estómago empezó a desaparecer.
Porque Bastien confiaba en ella.
Y, por alguna razón, eso hacía que ella también quisiera confiar en sí misma.
Cuando llegaron frente a la puerta, Laura se detuvo.
Respiró hondo.
Una vez.
Dos veces.
Tres.
Entonces Bastien habló a su lado.
—Laura.
Ella giró la cabeza.
—¿Sí?
—Ve a demostrarles por qué este proyecto lleva tu nombre.
Y por primera vez aquella mañana, sonrió de verdad.
Después abrió la puerta y entró.
Laura entró en la sala intentando aparentar una seguridad que no sentía.
Los clientes ya estaban allí.
También varios directivos de la empresa.
Durante un segundo, volvió a sentir el impulso de salir corriendo.
Pero entonces recordó las palabras de Bastien.
Vas a hacerlo bien.
Así que respiró hondo y comenzó.
Los primeros minutos fueron los más difíciles.
Su voz sonó ligeramente temblorosa.
Sus manos estaban frías.
Sin embargo, a medida que avanzaba, algo cambió.
Empezó a concentrarse en el proyecto.
En el trabajo que había realizado.
En todas las horas que había dedicado a prepararlo.
Y poco a poco los nervios desaparecieron.
Las preguntas comenzaron.
Laura respondió una tras otra.
Con seguridad.
Con argumentos sólidos.
Con una confianza que ni siquiera sabía que tenía.
Al final de la presentación, la sala quedó en silencio durante unos segundos.
Laura sintió que el corazón se le detenía.
Hasta que uno de los clientes sonrió.
—Debo admitir que esto supera nuestras expectativas.
Otro asintió.
—Es exactamente lo que estábamos buscando.
—Incluso mejor.
Laura apenas podía creerlo.
Las siguientes palabras se mezclaron en una nube de elogios, comentarios positivos y nuevas propuestas.
La reunión había salido mejor de lo que jamás imaginó.
Mucho mejor.
Cuando finalmente terminó, los clientes comenzaron a despedirse.
Varios de ellos se acercaron personalmente a felicitarla.
Laura agradeció cada comentario intentando no parecer demasiado emocionada.
Solo cuando la sala empezó a vaciarse pudo respirar de verdad.
Y entonces vio a Bastien.
Seguía junto a la mesa de reuniones.
Observándola.
Aquella mirada tranquila que siempre parecía verlo todo.
Laura se acercó lentamente.
—Bueno... sobreviví.
—Sí.
—¿Solo sí?
—¿Qué quieres que diga?
—No lo sé. Algo inspirador.
Bastien la observó unos segundos.
Y entonces dijo algo que ella jamás esperó escuchar.
—Estoy orgulloso de ti.
Laura se quedó inmóvil.
Porque Bastien no regalaba elogios.
Mucho menos elogios así.
No era el tipo de persona que decía cosas solo para hacer sentir bien a alguien.
Si lo decía, era porque lo pensaba.
Y eso lo hacía mucho más importante.
—¿En serio?
—¿Crees que miento tan bien?
Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Laura.
—No.
—Entonces sí. Estoy orgulloso de ti.
El corazón de Laura dio un salto inesperado.
Durante unos segundos ninguno habló.
Simplemente se quedaron allí.
Mirándose.
Y por primera vez en mucho tiempo, Laura sintió que olvidaba dónde estaba.
Hasta que alguien pasó junto a ellos y el momento se rompió.
Bastien aclaró la garganta.
—Supongo que deberíamos celebrarlo.
Laura arqueó una ceja.
—¿Nosotros?
—¿Conoces a alguien más que haya salvado este proyecto hoy?
—Tienes un punto.
—Lo sé.
—Eso ha sonado muy arrogante.
—También lo sé.
Laura soltó una carcajada.
Y por primera vez desde que había despertado aquella mañana, se sintió completamente feliz.
—Entonces invitas tú.
—Ni lo sueñes.
—Tacaño.
—Molesta.
—Amargado.
—Vamos a cenar antes de que empieces otra discusión.
Laura sonrió mientras caminaba a su lado.
Sin darse cuenta de que Bastien seguía observándola.
Y pensando que jamás la había visto brillar tanto como aquella mañana.
Editado: 03.07.2026