Destino ó casualidad

Capítulo 19

Habían pasado algunas semanas desde aquella noche en el local vacío.
Semanas en las que todo parecía avanzar a una velocidad imposible.
La joyería comenzaba a tomar forma.
Y Laura todavía sonreía cada vez que recordaba el beso de Bastien.
—Buenos días, ma belle.
Laura levantó la vista de los planos que tenía sobre la mesa.
Bastien acababa de entrar con dos cafés en la mano.
—¿Ya empezamos con los apodos?
Él dejó uno de los vasos frente a ella.
—¿No te gusta?
Laura ocultó una sonrisa.
—No dije eso.
—Entonces seguiré usándolo.
Ella negó con la cabeza mientras tomaba un sorbo de café.
—Eres imposible.
—Y aun así aceptaste ser mi novia.
Laura sintió cómo el calor le subía hasta las mejillas.
Todavía le costaba acostumbrarse a escucharlo decir algo así.
Bastien sonrió al verla sonrojarse.
Era una reacción que jamás se cansaría de provocar.
Los obreros trabajaban sin descanso.
Las paredes ya estaban terminadas.
El suelo de mármol blanco reflejaba la luz que entraba por los enormes ventanales.
En el techo colgaba un moderno candelabro de cristal que iluminaba todo el salón con una elegancia discreta.
Las vitrinas de cristal comenzaban a instalarse a ambos lados del local.
En el fondo, una pared revestida en piedra clara esperaba el logotipo de la marca.
Las letras doradas aún no estaban colocadas.
Pero Laura podía imaginarlas perfectamente.
En una esquina habría un pequeño salón privado para atender a clientes exclusivos.
Sofás color marfil.
Una mesa de nogal.
Iluminación tenue.
Un espacio pensado para que cada cliente sintiera que estaba comprando una obra de arte.
Laura recorría el lugar lentamente.
Como si quisiera memorizar cada rincón.
—¿En qué piensas?
La voz de Bastien la hizo girarse.
—En que durante años solo existía aquí.
Se señaló la cabeza.
—Y ahora existe de verdad.
Bastien se acercó por detrás.
Rodeó suavemente su cintura con los brazos.
Apoyó el mentón sobre su hombro.
—Porque nunca dejaste de creer en ello.
Laura entrelazó sus dedos con los de él.
—Gracias por estar aquí.
—No me perdería esto por nada del mundo, ma belle.
Ella giró apenas la cabeza.
Y dejó un beso corto sobre sus labios.
—Buenos días para ti también.
Mientras tanto...
En California.
El estadio rugía.
Miles de personas coreaban el nombre del equipo.
Cristian respiró hondo antes de volver al campo.
Era el partido más importante de su carrera hasta ese momento.
Buscó con la mirada las gradas.
Y la encontró.
Andrea.
Sonriendo.
Con la camiseta del equipo.
Aplaudiéndolo.
Ella levantó el pulgar.
Cristian sonrió.
Y volvió a concentrarse.
Los últimos minutos fueron un caos.
El marcador estaba empatado.
Todo podía decidirse en una sola jugada.
Cristian recibió el balón.
Superó a un defensor.
Luego a otro.
Levantó la cabeza.
Y en lugar de buscar el protagonismo, asistió a su compañero.
Gol.
El estadio explotó.
El árbitro pitó el final pocos segundos después.
Habían ganado.
Cristian cerró los ojos.
Lo había conseguido.
Andrea bajó a la cancha apenas terminó el partido.
Corrió hacia él.
Y se lanzó a abrazarlo.
—¡Estuviste increíble!
Cristian rió.
—Ganamos.
—Lo sé.
Andrea tomó su rostro entre las manos.
—Estoy muy orgullosa de ti.
Cristian la observó unos segundos.
Como si estuviera reuniendo valor.
—Andrea...
—¿Sí?
—Quiero preguntarte algo.
Ella arqueó una ceja.
—¿Qué pasa?
Cristian respiró hondo.
—Quiero que cuando termine cada entrenamiento...
Cuando tenga un buen día.
O uno malo...
La primera persona a la que vea seas tú.
Andrea lo miró confundida.
—¿Qué quieres decir?
Cristian sonrió.
—Quiero que vengas a vivir conmigo.
Andrea abrió los ojos.
—¿Hablas en serio?
—Completamente.
Durante un segundo ella no dijo nada.
Solo lo abrazó con fuerza.
—Sí.
Cristian sonrió.
—¿Sí?
Andrea se apartó apenas para mirarlo.
—Sí.
Y sin decir una palabra más, lo besó.
Esta vez ninguno dudó.
Ninguno se contuvo.
Ya no eran dos personas intentando descubrir qué sentían.
Eran una pareja construyendo un futuro juntos.
En París...
Llegó el día de la presentación de la nueva colección diseñada por Laura para Tomás Bravo.
El salón estaba lleno.
Empresarios.
Diseñadores.
Revistas de moda.
Fotógrafos.
Inversores.
Las vitrinas comenzaron a iluminarse lentamente.
Y las primeras piezas aparecieron.
Collares de oro blanco con diamantes.
Pendientes inspirados en las alas de una mariposa.
Pulseras de líneas modernas con esmeraldas.
Anillos delicados que combinaban elegancia y sencillez.
Cada joya parecía contar una historia.
El público permanecía en silencio.
Observando.
Admirando.
Y después comenzaron los aplausos.
Fuertes.
Sinceros.
Tomás giró hacia Laura.
Tenía una sonrisa imposible de ocultar.
—Lo lograste.
Laura apenas podía creerlo.
Las cámaras comenzaron a rodearla.
—¡Laura!
—¡Una fotografía!
—¿Cómo nació la inspiración para esta colección?
—¿Cuál será tu próximo proyecto?
Los flashes iluminaban el salón sin descanso.
Tomás intervino con una sonrisa.
—Quiero que todos conozcan el talento que tiene esta joven.
No solo diseñó esta colección.
También será la propietaria de una nueva joyería en París.
Los murmullos recorrieron la sala.
Periodistas comenzaron a tomar notas.
Varios inversores intercambiaron miradas de interés.
Y Bastien, desde un lado del salón, no podía apartar los ojos de Laura.
No porque todos la estuvieran admirando.
Sino porque él ya sabía, desde hacía mucho tiempo, que ella estaba destinada a brillar.
Aquella misma noche...
Las primeras revistas digitales comenzaron a publicar artículos.
"La joven diseñadora que sorprendió a París."
"Tomás Bravo apuesta por un nuevo talento."
"La colección que conquistó a empresarios e inversores."
Las entrevistas no tardaron en llegar.
Y con ellas, nuevos clientes.
Nuevas oportunidades.
Y el reconocimiento que Laura había soñado durante años.
Cuando finalmente todo terminó, Laura y Bastien regresaron a la joyería.
Aún faltaban pequeños detalles.
Pero ya casi estaba lista.
Laura recorrió el lugar lentamente.
Sonriendo.
—Hace unos meses esto solo existía en mi imaginación.
Bastien tomó su mano.
Entrelazó sus dedos con los de ella.
Y la acercó a él.
—Ahora es real, ma belle.
Laura apoyó la cabeza sobre su hombro.
—¿Sabes qué es lo mejor de todo?
—¿Qué cosa?
Ella levantó la vista para mirarlo.
—Que cada uno de mis sueños importantes... has estado ahí para verlos cumplirse.
Bastien sonrió con ternura.
Depositó un beso en su frente.
—Y pienso seguir estando en todos los que vienen.
Laura cerró los ojos por un instante.
Mientras, a través de los grandes ventanales, las luces de París iluminaban la ciudad.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.