Destino ó casualidad

Capitulo 21

El despertador marcaba las siete de la mañana.
Apenas faltaban unos segundos para que comenzara a sonar cuando Laura abrió los ojos.
No necesitó ninguna alarma.
Los nervios habían hecho ese trabajo por ella.
Permaneció inmóvil unos instantes, observando el techo blanco de la habitación mientras intentaba recordar cuándo había sido la última vez que había dormido una noche completa. Probablemente hacía varios días.
Su respiración era tranquila, pero su corazón no.
Latía con fuerza.
Con esa mezcla extraña entre ilusión y miedo que solo aparecía cuando algo importante estaba a punto de ocurrir.
Giró lentamente la cabeza hacia el enorme ventanal del dormitorio.
París ya estaba despierta.
El sol comenzaba a iluminar los tejados grises de los edificios, haciendo que las calles adquirieran un tono dorado. Desde aquella altura podía ver a algunas personas caminando deprisa con un café en la mano, ciclistas recorriendo las avenidas y el bullicio de una ciudad que nunca parecía detenerse.
El cielo estaba completamente despejado.
Era un día precioso.
«Qué ironía...»
Pensó mientras dejaba escapar una pequeña sonrisa.
El día más bonito de las últimas semanas... y ella sentía que podía desmayarse en cualquier momento.
Hoy abría Maison Lumière.
Su joyería.
Solo pensar aquellas dos palabras hacía que se le formara un nudo en el estómago.
¿Cuántas veces había imaginado aquel momento?
¿Cien?
¿Mil?
Recordó a la Laura de dieciséis años que llenaba cuadernos enteros con dibujos de anillos, collares y pulseras.
Recordó las noches en las que todos dormían y ella seguía diseñando pequeñas piezas porque no podía quitarse aquella idea de la cabeza.
Recordó las veces que se preguntó si aquel sueño era demasiado grande para alguien como ella.
Y ahora...
Era real.
Tan real que en pocas horas abriría las puertas de la joyería con la que había soñado durante años.
—¿Otra vez estás pensando demasiado?
La voz grave y adormilada de Bastien la hizo salir de sus pensamientos.
Laura giró la cabeza.
Él seguía acostado, con un brazo debajo de la almohada y el cabello completamente despeinado.
Sonrió.
Siempre se veía tan serio durante el día que resultaba curioso verlo recién despertado.
Tenía un aspecto mucho más relajado.
Más... humano.
—¿Cómo sabes que estoy pensando?
—Porque llevas cinco minutos mirando el techo como si escondiera las respuestas del universo.
Laura soltó una pequeña risa.
—Quizá las esconda.
—Si es así, avísame.
Tengo un par de preguntas pendientes.
Ella negó con la cabeza mientras se incorporaba lentamente sobre la cama.
—Estoy nerviosa.
Bastien también se sentó.
Todavía tenía la voz ronca por el sueño.
—Lo sé.
—¿Y si nadie compra nada?
—Comprar no es el objetivo de hoy.
Laura frunció el ceño.
—¿No?
—No.
Él apoyó los antebrazos sobre las piernas.
—El objetivo de hoy es que conozcan Maison Lumière.
Que conozcan tu trabajo.
Que entiendan quién eres como diseñadora.
Las ventas vendrán después.
Ella permaneció en silencio.
Nunca había pensado en eso.
Siempre veía aquel día como un examen.
Como una oportunidad que no podía desperdiciar.
Pero Bastien tenía razón.
No necesitaba vender toda la colección en una sola noche.
Necesitaba dejar una impresión.
Una buena impresión.
—¿Sabes qué es lo peor?
—¿Qué?
—Siento que cualquier error será enorme.
Bastien la miró fijamente.
—¿Recuerdas la presentación de Papillon?
Laura asintió.
¿Cómo olvidarla?
Había estado tan nerviosa que pensó que olvidaría hasta su propio nombre.
—Ese día me dijiste exactamente lo mismo.
Laura sonrió con timidez.
—También pensaba que iba a salir mal.
—Y terminó siendo uno de los mejores días de tu vida.
Ella bajó la mirada.
Era cierto.
Si aquella presentación no hubiera salido como salió...
Tomás Bravo jamás habría decidido invertir en ella.
Jamás existiría Maison Lumière.
Bastien tomó suavemente una de sus manos.
Sus dedos estaban fríos.
—Laura...
Ella levantó la vista.
—Confía un poco más en la mujer que diseñó Papillon.
Porque yo lo hago.
Aquellas palabras llegaron directamente a su corazón.
No eran un cumplido vacío.
Bastien nunca decía algo solo por decirlo.
Cada palabra suya tenía intención.
Y precisamente por eso significaban tanto.
Laura sintió cómo la ansiedad comenzaba a aflojar.
Muy despacio.
Como si alguien estuviera desenredando uno a uno todos los nudos que llevaba en el pecho.
—Gracias.
—No me des las gracias todavía.
—¿Por qué?
Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Bastien.
—Porque aún no he preparado el café.
Laura soltó una carcajada.
—Eres imposible.
—Y tú muy dramática por las mañanas.
—No soy dramática.
—Hace diez minutos estabas convencida de que ibas a arruinar la inauguración.
—Eso no es ser dramática.
Es ser realista.
—No.
Es ser Laura.
Ella tomó una almohada y se la lanzó.
Bastien la atrapó en el aire con facilidad.
—Eso fue un intento de asesinato.
—Fue un intento de hacerte callar.
—No funcionó.
—Ya me di cuenta.
Ambos comenzaron a reír.
Y por primera vez desde que había abierto los ojos aquella mañana, Laura sintió que el miedo desaparecía un poco.
Quizá porque Bastien tenía esa extraña capacidad de convertir cualquier momento de tensión en uno de calma.
O quizá porque, desde que él había entrado en su vida, todo parecía un poco más fácil.
Un poco menos aterrador.
Bastien se puso de pie y le tendió una mano.
—Vamos.
Tenemos una joyería que inaugurar.
Laura tomó su mano.
Se levantó de la cama.
Y antes de soltarla, entrelazó sus dedos con los de él.
—¿Sabes una cosa?
—¿Cuál?
—Me alegra muchísimo que estés aquí conmigo.
Bastien sonrió de esa forma tan discreta que solo Laura conocía.
Se inclinó unos centímetros hacia ella.
Y depositó un beso lento sobre su frente.
—No hay otro lugar donde preferiría estar, ma belle.
Laura cerró los ojos apenas un instante.
Aquel simple gesto consiguió que el ruido de sus pensamientos desapareciera por completo.
Porque comprendió que, pasara lo que pasara aquella noche...
No tendría que vivirla sola.




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