Alana Brouders
A veces una fotografía puede hacer más ruido que un grito, las fotografías guardan demasiado recuerdos algunos malos y otros buenos..
La que sostengo entre mis manos tiene seis años sus bordes ya están un poco gastados de tanto moverla cada vez que limpio mi habitación, pero nunca he sido capaz de guardarla en una caja.
En ella estamos todos.
Cameron, con su toga de graduación y esa sonrisa orgullosa que solo mostraba cuando conseguía algo importante a su lado está Sebastián Harrison, igual de elegante, sonriendo como si el mundo entero estuviera a sus pies.
Y, por supuesto...
Alexander Albidone con la misma expresión segura de siempre, como si supiera un secreto que nadie más conoce.
Detrás de ellos aparecemos los menores.
Axel albidone riéndose de quién sabe qué, yo con catorce años, intentando sonreír a pesar de que unos minutos antes había discutido con cierto idiota.
Miriam abrazándome por un hombro, andrea haciendo una mueca para arruinar la foto y Nina tratando de que todos miráramos a la cámara al mismo tiempo.
Una fotografía perfecta o al menos eso parece.
Sonrío sin darme cuenta.
Qué irónico.
Si alguien viera esta imagen pensaría que éramos un grupo de amigos inseparables.
La realidad era completamente distinta.
Yo apenas podía soportar a Alexander y el parecía disfrutar cada segundo que encontraba una excusa para molestarme, después del famoso beso robado, nuestras peleas se volvieron parte de la rutina.
Discutíamos en la escuela.
En los partidos.
En los cumpleaños.
En las reuniones donde Cameron insistía en invitar a su mejor amigo.
Hasta nuestras familias dejaron de sorprenderse.
Si Alexander y yo estábamos en el mismo lugar, tarde o temprano alguien terminaría diciendo..
-Ya empezaron otra vez.
Y tenían razón.
Siempre empezábamos.
Por cualquier tontería.
Por una mirada.
Por un comentario.
Por respirar demasiado cerca del otro.
Lo peor era que nunca entendí por qué él insistía tanto en fastidiarme.
Había cientos de chicas detrás de Alexander era alto, atractivo, popular y uno de los mejores deportistas de la escuela podía hablar con quien quisiera.
Entonces...
¿Por qué perder el tiempo conmigo?
Todavía no encuentro una respuesta.
Suspiro mientras paso un dedo por la fotografía.
Mi mirada termina inevitablemente sobre Cameron.
Mi hermano.
El chico que siempre creyó que nadie era lo suficientemente bueno para acercarse a mí, era exageradamente sobreprotector.
Demasiado.
Cualquier chico que intentara hablar conmigo tenía que pasar primero por su interrogatorio y después del beso que Alexander me robó...
Las cosas empeoraron.
Durante meses pensé que Cameron rompería su amistad con él.
No lo hizo.
Pero tampoco volvió a mirarlo igual, había una pequeña grieta entre ellos.
Una que ninguno admitía.
Dejo la fotografía sobre mi escritorio, han pasado seis años desde aquella graduación.
Ahora tengo veinte.
Ya no soy la niña de catorce que se enfurecía por todo o al menos eso intento creer.
He cambiado.
Todos lo hemos hecho pero hay algo que nunca cambió, cada vez que escucho el nombre de Alexander Albidone...
Todavía siento unas ganas inmensas de discutir con él y siendo completamente sincera...
Estoy casi segura de que él siente exactamente lo mismo por mí.
Alcé nuevamente la fotografía.
No pude evitar sonreír al ver a Andrea con aquella expresión exagerada frente a la cámara.
-Nunca cambiaste...-murmuré.
Mi teléfono comenzó a vibrar sobre el escritorio.
Miriam.
Contesté casi de inmediato.
-¿Hola?
-¿Qué haces?
Miré otra vez la fotografía.
-Recordando viejos tiempos.
-¿La foto de la graduación?
Solté una pequeña risa.
-¿Cómo supiste?
-Porque siempre haces lo mismo
cuando te pones nostálgica.
Negué con la cabeza.
-Me conoces demasiado.
-Es parte de mi trabajo como tu prima.
Sonreí.
Se hizo un pequeño silencio.
Hasta que Miriam preguntó
-¿En qué estabas pensando exactamente?
Suspiré.
-En lo mucho que hemos cambiado.
-Eso sí.
-Cameron ya trabaja casi todo el día.
-Sebastián sigue igual de insoportable.
Reí.
-Andrea continúa llegando tarde a todas partes.
-Nina todavía intenta organizar la vida de todos.
-Y Axel sigue haciendo chistes malos.
Las dos nos echamos a reír.
Después el ambiente volvió a quedarse en calma.
Miriam habló con un tono mucho más tranquilo.
-Te olvidaste de alguien.
Ya sabía de quién hablaba.
Giré lentamente la fotografía hasta dejar un dedo sobre el rostro de Alexander.
-No me olvidé.
-¿Y?
Rodé los ojos aunque ella no pudiera verme.
-Sigue siendo un idiota.
Miriam soltó una carcajada.
-Han pasado seis años y esa sigue
siendo tu definición de él.
-Porque es la correcta.
-¿Estás segura?
No respondí enseguida.
La verdad era que hacía meses que no veía a Alexander.
Después de graduarse, él tomó un camino diferente. Entre la universidad, los entrenamientos y el trabajo de su familia, coincidíamos muy poco.
Y, para ser sincera...
No lo extrañaba.
Al menos eso era lo que me repetía.
-Alana...
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Editado: 02.07.2026