Destino o Casualidad

Capitulo 3:Es la misma que recuerdo

Alexander Albidone

Hay personas que cambian con los años pero hay una que no y es..

Alana Brouders...

O al menos, eso fue lo primero que pensé cuando abrió mucho los ojos al verme en la casa de Cameron.

Seguía cruzándose de brazos cuando estaba molesta, seguía frunciendo el ceño antes de responder y seguía mirándome como si fuera el mayor problema de su vida.

No pude evitar sonreír.

-Sigues frunciendo el ceño igual que a los catorce años.

Su respuesta llegó de inmediato.-Y tú sigues siendo igual de insoportable.

Sí.

Definitivamente seguía siendo la misma.

Cameron se llevó una mano a la frente.-Cinco segundos...-reí por lo bajo.-Nuevo récord.

Entré a la casa como si nada hubiera pasado después de todo, llevaba años haciéndolo aunque, siendo sincero, ya no era exactamente igual.

Antes venía todos los días, ahora apenas coincidíamos unas cuantas veces al año.

El trabajo y la vida adulta habían hecho lo suyo aun así, Cameron seguía siendo mi mejor amigo y esa casa todavía se sentía familiar.

-Siéntate.-dijo Cameron.

Dejé una caja de postres sobre la mesa.

-Mi madre la envió.

-Dile que gracias.

-Lo haré.

Escuché unos pasos detrás de mí no necesitaba girarme para saber quién era.

Alana.

-¿Viniste solo?.

La miré de reojo.-Sí.

-Qué raro.

-¿Por qué?.

-Pensé que necesitabas a Axel para que te soportara.

Sonreí.-No. Él llega más tarde.

Escuché un pequeño resoplido.

Siempre respondía.

Nunca dejaba un comentario sin contestar.

Y, curiosamente...

Eso nunca había cambiado.

Muchas personas creen que Alana y yo nos odiamos desde siempre.

La verdad es otra, antes del beso simplemente era la hermana pequeña de Cameron, discutíamos de vez en cuando, como cualquiera.

Nada fuera de lo normal.

Después...

Bueno.

Después todo explotó, todavía recuerdo la bofetada.

Fue fuerte.

Muy fuerte.

Durante días Axel no dejó de burlarse de mí y Cameron estuvo a punto de matarme.

No lo culpo.

Si alguien hubiera besado a mi prima Andrea sin permiso, probablemente yo también habría reaccionado igual.

Suspiré.

Sí.

Fui un idiota.

No hay otra forma de decirlo.

Tenía dieciocho años y actué sin pensar en cómo podía sentirse una chica de catorce.

Nunca debí hacerlo.

Aunque jamás encontré el momento adecuado para disculparme porque cada vez que nos veíamos...

Terminábamos discutiendo antes de que pudiera decir dos palabras y con el paso de los años...

Simplemente dejamos que esa guerra se convirtiera en una costumbre.

-¿En qué piensas?.-la voz de Cameron me sacó de mis recuerdos.

-En nada importante.

Él me conocía demasiado bien para creerme pero decidió no insistir.

En ese momento volvió a escucharse el timbre.

-Deben ser los demás.

Cameron abrió la puerta entraron Axel, Andrea, Sebastián, Miriam y Nina hablando todos al mismo tiempo.

-¡Por fin estamos completos!.-exclamó Axel.

Andrea dejó escapar una sonrisa al vernos a Alana y a mí en extremos opuestos de la sala.

-Qué milagro.

-¿Qué?.-preguntó Alana.

-Llevan casi cinco minutos sin discutir.

Sebastián soltó una carcajada.-Es un récord histórico.

Todos rieron.

Todos...

Menos Alana y yo.

Ella me miró de reojo.

Yo hice exactamente lo mismo y por primera vez en muchos años...

Tuve una extraña sensación.

No era molestia.

No era enojo.

Era algo distinto.

Porque, aunque seguía respondiéndome con el mismo carácter de siempre...

La niña de catorce años ya no estaba frente a mí, ahora tenía veinte.

Había madurado.

Seguía siendo pelinegra, seguía teniendo esos llamativos ojos azules y la misma personalidad fuerte que siempre la había caracterizado.

Por un instante me sorprendí observándola más de la cuenta.

Hasta que ella levantó una ceja.

-¿Qué tanto miras?.

Volví a la realidad y sonreí con naturalidad.

-Nada.

-Mentiroso.

-Solo estaba pensando...

-¿En qué?.

No pude evitar responder con una pequeña provocación.

-Que sigues dando muy buenas bofetadas.

Alana tomó un cojín del sofá y me lo lanzó sin pensarlo lo atrapé antes de que me golpeara.

El cojín rebotó en mis manos.

-Buenos reflejos.-comentó Sebastián entre risas.

-Los necesita para sobrevivir cuando está cerca de Alana.-añadió Axel.

Todos se rieron.

Bueno... casi todos.

Alana seguía con los brazos cruzados, mirándome como si estuviera decidiendo si lanzarme otro cojín.

-No la provoques.-me dijo Cameron con ese tono de hermano mayor que conocía perfectamente.

-Yo no hice nada.

Alana soltó una risa irónica.-Claro, nunca haces nada.

-¿Ves? Ni siquiera he empezado y ya me estás culpando.

-Porque te conozco.

Negué con una sonrisa.

Algunas cosas nunca cambiaban.

Un rato después, todos nos sentamos alrededor de la mesa del comedor la conversación cambió de tema con rapidez.

Sebastián contó una anécdota del trabajo.

Nina habló de la universidad.

Andrea discutía con Axel porque él insistía en que seguía cocinando mejor que ella.

-Eso nunca ha sido cierto.-dijo Andrea.

-Pregúntale a mamá.

-Precisamente por eso no le voy a preguntar.

Las risas volvieron a llenar la casa.

Apoyé un brazo sobre la mesa y, sin darme cuenta, miré hacia el otro extremo, Alana estaba hablando con Miriam reia y era extraño porque hacía mucho tiempo que no la veía reír de esa manera.

No era la sonrisa de cuando discutía conmigo.

Era una sonrisa tranquila.

Sincera.

Cameron notó hacia dónde miraba.

Se inclinó un poco hacia mí para hablar en voz baja.

-Te voy a decir algo una sola vez.




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