Destino o Casualidad

Capitulo 4: Compromiso con el idiota

Alana Brouders

Había pasado una semana... Siete días y todavía sentía vergüenza cada vez que recordaba lo que ocurrió en la reunión.

Todo había empezado tan bien.

Risas.

Recuerdos.

Historias de la secundaria por un momento pensé que, quizá, Cameron tenía razón y por fin podríamos convivir como adultos.

Qué equivocada estaba.

Porque Alexander decidió beber más de la cuenta y un Alexander ebrio era incluso peor que el Alexander de siempre.

No dejaba de bromear con todos, se reía por cualquier cosa y lo peor de todo...

Perdía el poco filtro que normalmente tenía rcuerdo que estaba despidiéndome de Andrea cuando él se acercó tambaleándose.

-Michi...-su voz ya sonaba distinta.

-¿Qué quieres?.

Sonrió de esa forma despreocupada que tanto me desesperaba.

-Sigues siendo muy bonita.

Rodé los ojos.-Estás borracho.

-Un poco.

Intenté alejarme.-Ve a tomar agua.

Pero, antes de que pudiera dar otro paso, me sujetó suavemente del brazo.

-Alexander...

Cuando me giré para reclamarle...

Volvió a hacerlo.

Me besó.

Todo ocurrió en apenas unos segundos.

Otra vez sin preguntarme.

Otra vez sin mi consentimiento.

Y otra vez...

La bofetada llegó antes de que pudiera decir una sola palabra.

El sonido fue tan fuerte que toda la sala quedó en silencio.

-¡¿Qué demonios haces?!.-le grité.

Alexander dio un paso hacia atrás, llevándose una mano a la mejilla, no parecía comprender del todo lo que acababa de hacer.

Entonces apareció Cameron.

Nunca olvidaré la expresión de mi hermano, la misma que tuvo seis años atrás solo que esta vez era mucho peor.

-¡ALEXANDER!.

Se lanzó directamente hacia él.

Si Axel y Sebastián no lo hubieran sujetado a tiempo...

Estoy segura de que habrían terminado peleando.

-¡Suéltenme!.-gritaba Cameron.

-¡Cálmate!.-decía Axel mientras lo retenía.

-¡No lo empeores!.-añadía Sebastián.

Yo permanecía inmóvil.

Con una mezcla de rabia y decepción.

Alexander apenas levantó la vista.

Su expresión ya no era la de alguien que quería bromear.

Eso no cambiaba lo que había hecho, lareunión terminó en ese instante.

Nadie volvió a reír.

Nadie quiso seguir hablando.

Cada uno regresó a su casa con un nudo en el estómago.

Una semana después...

Seguía sin responder los mensajes de Cameron preguntándome si estaba bien.

No porque estuviera enfadada con él.

Sino porque no quería volver a hablar del tema, dejé mi taza de café sobre la mesa y miré por la ventana, pensé que, después de tantos años, Alexander habría aprendido.

Pensé que aquel primer beso robado había sido un error de juventud, pero volvió a hacerlo y esta vez ya no había excusas.

No importaba que hubiera estado ebrio.

Había cruzado un límite que nunca debió cruzar.

Suspiré.

No sabía qué iba a pasar con la amistad entre Cameron y Alexander, ni si algún día podría volver a mirar a Alexander sin recordar esa noche.

Lo único que tenía claro era que, después de una semana...

La sensación de decepción seguía exactamente igual que el primer día..

Una semana después de aquella desastrosa reunión, decidí concentrarme en lo único que realmente podía controlar.

La universidad.

Al menos allí nadie hablaba de Alexander o eso esperaba, salí del edificio de clases con varios libros entre los brazos.

-¡Alana!.-reconocí la voz antes de girarme.

Lucas.

Sonreí sin darme cuenta.

-Llegas tarde.

Él levantó las manos en señal de rendición.-El licenciado decidió que un examen sorpresa era una excelente idea.

-Qué considerado de su parte.

Lucas soltó una carcajada.

Era una de las pocas personas capaces de hacerme reír incluso en los días más complicados.

Caminamos juntos por los jardines del campus.

-¿Cómo estás?.-preguntó con un tono más serio.

Sabía que no se refería a las clases.

Lo miré de reojo.

-Mejor.

-¿Segura?.

Asentí lentamente.-Sí.

Lucas me conocía demasiado bien como para creerme del todo pero tampoco insistió, eso era algo que siempre admiré de él.

Nunca me obligaba a hablar.

Simplemente estaba ahí y muchas veces, eso era suficiente.

Nos sentamos en una banca bajo la sombra de un árbol.

El viento movía suavemente las hojas mientras los estudiantes pasaban de un lado a otro.

Lucas rompió el silencio.-¿Recuerdas la promesa?

Sonreí.-¿Cómo olvidarla?

Había sido el primer día de clases, cuando ninguno conocía a nadie y ambos terminamos compartiendo mesa por casualidad.

Él había extendido la mano y dicho:

"Pase lo que pase, prometamos estar el uno para el otro."

Yo acepté sin imaginar que aquella simple promesa terminaría siendo una de las más importantes de mi vida.

-Claro que la recuerdo.

Lucas extendió el puño hacia mí.

-Sigue en pie.

Sonreí y choqué mi puño con el suyo.

-Siempre.

Por un momento, ninguno habló.

No hacía falta había algo entre nosotros que ninguno se atrevía a nombrar.

No era solo amistad.

Nuestras miradas duraban un poco más de lo normal.

Nos preocupábamos demasiado el uno por el otro y cualquier persona que nos viera juntos pensaría que éramos pareja.

Excepto nosotros.

Porque ninguno tenía el valor de dar el siguiente paso.

Quizá por miedo.

Quizá por no querer arriesgar la amistad que habíamos construido.

Lucas me observó unos segundos.

-¿Sabes?.

-¿Qué?.

-Te ves más tranquila cuando sonríes.

Bajé la mirada, un poco avergonzada.

-Gracias.

Él sonrió con esa calidez que siempre lo caracterizaba.-Y quiero seguir viéndote así.

Antes de que pudiera responder, mi teléfono vibró.




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