Alexander Albidone
Nunca pensé que el silencio pudiera pesar tanto después de que mi madre dijera que Alana y yo estábamos comprometidos, nadie supo qué decir.
Ni siquiera yo.
Miré a mis padres esperando que alguno sonriera y dijera que todo era una broma de mal gusto.
No ocurrió.
Seguían completamente serios.
-Explíquenmelo otra vez.-dije, intentando mantener la calma.-Porque debo haber escuchado mal.
Mi padre tomó aire.-No escuchaste mal.
-Entonces explíquenme por qué estoy comprometido con alguien sin que yo lo supiera.
Mi madre bajó la mirada.-Hace muchos años, la familia Brouders y la familia Albidone hicieron un acuerdo.
Negué con la cabeza.-¿Qué clase de acuerdo?
Mi padre respondió con una tranquilidad que solo consiguió irritarme más.-Un compromiso entre tú y Alana..
-¿Para qué?.
Hubo un breve silencio.
Entonces dijo las palabras que nadie esperaba.
-Para unir nuestras empresas.
Fruncí el ceño.-¿Qué?.
Mi padre continuó.-Tú dirigirás la empresa de nuestra familia..-miró a Cameron.-Y Cameron dirige la empresa de los Brouders.
Cameron también parecía sorprendido.-Sí, pero eso no significa...
-La idea era que ambas empresas trabajaran como una sola en el futuro.-interrumpió mi padre.-Creíamos que un matrimonio entre nuestras familias garantizaría esa unión.
Me quedé inmóvil.
Toda mi vida me prepararon para hacerme cargo de la empresa familiar.
Sabía que algún día tendría esa responsabilidad pero jamás imaginé que ese plan incluyera decidir con quién debía casarme.
-¿Y pensaron que eso era normal?.-pregunté.
Mi madre dio un paso hacia mí.-Alexander...
-No.-la interrumpí.-Contéstenme..-miré a ambos.-¿De verdad creyeron que podían decidir mi futuro por un contrato firmado hace años?
Ninguno respondió.
Eso me bastó.
Giré la cabeza hacia Alana.
Ella seguía igual de sorprendida que yo.
Era evidente que tampoco sabía absolutamente nada.
Por un instante recordé todas nuestras discusiones.
Todas las veces que nos gritamos, las bofetadas, los insultos y ahora nos estaban diciendo que alguien esperaba que termináramos casados.
Era absurdo.
Completamente absurdo.
Cameron rompió el silencio.-Con todo respeto...-su voz era firme.-La empresa la manejo yo.-miró a nuestros padres.-Y jamás permitiría que el futuro de mi hermana se utilizara como parte de un acuerdo empresarial.
Sentí un extraño alivio al escucharlo.
Siempre había protegido a Alana.
Y esta vez no era diferente.
Mi padre lo observó con seriedad.-No estamos obligando a nadie a casarse mañana.
-Pero sí esperaban que ocurriera algún día.-respondí.
No hizo falta que contestara.
Su silencio habló por él.
Respiré profundamente.
-Pues se acabó..-todos me miraron.-No voy a casarme para beneficiar una empresa.-miré a Alana.-Ni con alguien que nunca eligió esto.
Ella sostuvo mi mirada unos segundos.
Por primera vez en años, no había rabia en sus ojos.
Solo incredulidad.
La sala volvió a quedarse en silencio.
Creí que, después de escuchar nuestra negativa, el tema terminaría ahí.
Me equivoqué.
Mi padre se puso de pie y habló con una tranquilidad que hizo que todo sonara aún más serio.
-El compromiso sigue en pie.
Lo miré fijamente.-¿Perdón?.
-Ya está decidido..-mi madre cerró los ojos por un instante, como si también le costara decir lo que venía.-En los próximos días se hará público.
Cameron dio un paso al frente.-¿Qué significa "se hará público"?.
Mi padre respondió sin vacilar.-La noticia del compromiso aparecerá en los medios de comunicación. Es la mejor forma de anunciar la unión entre ambas empresas.
Sentí que la paciencia se me agotaba.
-¿Van a anunciar un compromiso sin preguntarnos?
-Alexander...
-¡No!.-lo interrumpí.-¿De verdad creen que esto es una estrategia de negocios?.
La expresión de mi padre no cambió.-Las dos empresas llevan años preparándose para este momento..
-Pues prepararon un futuro que ninguno de los dos eligió.
Miré de reojo a Alana.
Esperaba verla discutir.
Gritar.
Negarse.
Como siempre.
Pero no lo hizo.
No dijo una sola palabra.
Solo bajó la mirada.
Su silencio me preocupó mucho más que cualquiera de nuestras peleas.
Sin mirar a nadie, dio media vuelta.
-Alana....-la llamó Cameron.
Ella no respondió subió lentamente las escaleras hacia el segundo piso.
Hacia la habitación que había sido suya antes de mudarse.
Nadie intentó detenerla.
Miriam fue la primera en reaccionar.
-Voy con ella.
Andrea asintió enseguida.
-Yo también.
Nina tomó su bolso.
-No debería estar sola ahora.
Las tres subieron las escaleras detrás de Alana.
Escuché cómo una puerta se cerraba suavemente en el piso de arriba.
Volví a mirar hacia las escaleras.
Algo no estaba bien.
Conocía a Alana desde hacía años.
Sabía que, cuando se enfadaba, discutía.
Contestaba.
Se defendía.
Pero esta vez...
No había dicho absolutamente nada y eso era lo que más me inquietaba.
Cameron también lo notó.
Apretó los puños.-Espero que entiendan lo que acaban de hacer..-su voz sonaba fría.-Mi hermana nunca se queda callada cuando está enojada..-miró a sus padres.-Cuando guarda silencio... es porque de verdad está herida.
Nadie respondió.
La sala quedó envuelta en un silencio incómodo.
Y, por primera vez desde que comenzó aquella reunión, dejé de pensar en el compromiso, en las empresas o en las consecuencias para nuestras familias.
Solo podía pensar en una cosa.
Alana había subido esas escaleras sin mirar atrás y tenía el presentimiento de que, cuando volviera a bajar, nada volvería a ser igual.
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Editado: 02.07.2026