Destino pendiente

Capítulo 1: Nunca la olvidaría

Oliver

Por décima vez en menos de cinco minutos miro el reloj desesperado por la espera. Definitivamente, siento que esto será peor que diseñar todo un edificio, pero no podía decir que no y eso me hace maldecir mirando el reloj. Mi mejor amigo, el hombre que me dio una mano en este país y confió en mí como nunca nadie antes lo había hecho me ha pedido un solo favor, uno simple: recoger a su prometida, ayudarla con todos los preparativos de la boda, ser su apoyo y cuidar de ella mientras él se encarga de trabajar porque los negocios nunca esperan. Al parecer nada de eso era tan complicado y miro la foto que dejó en mis manos dando un suspiro, en ella aparece una chica bastante simple sonriendo aunque sus ojos marrones cada vez que miraba la dichosa foto me dejaban sin habla. Suspiro y miro hacia el frente justo a tiempo para verlos aparecer tras las puertas automáticas y entonces parece que el propio mundo se detiene y ni siquiera puedo explicar por qué. Elizabeth, el nombre que se repite en mi cabeza, camina con una elegancia que deja mi boca seca y a su lado, dos niños pequeños, una niña y un niño que no deben pasar de los siete años la siguen tranquilos como si estuvieran acostumbrados a viajar. Niego con la cabeza y saliendo de mi letargo decido que es hora de acercarme y eso hago, finjo una enorme sonrisa amable sintiéndome afortunado de poder ayudar a la prometida de mi mejor amigo y…

​—¿Elizabeth? Soy Oliver —digo extendiendo la mano —Marco me pidió que viniera por ustedes. —ella se detiene en seco y sus ojos marrones oscuros se encuentran con los míos, por un segundo la intensidad de su mirada siento que me desmorona y noto algo en sus ojos que no logro descifrar. Sus ojos, unos que juraría haber visto en mis propios sueños, me examinan con una frialdad que me atraviesa el pecho. No nos conocemos, estoy seguro de eso o al menos eso dice mi memoria.

​—Ya veo —dice ella dando un paso atrás como si mi presencia le molestara, ignorando mi mano extendida —Así que eres tú.

​—¿Perdona? —pregunto confundido sin dejar mi sonrisa cargada de amabilidad.

​—Nada —masculla —Olvídalo —Elizabeth pasa por mi lado y me quedo descolocado mientras los observo caminar, pero entonces se detiene como si hubiese olvidado algo y suspiro. Quizás solo está cansada del largo viaje —¿Cuál es el auto? —habla sin mirar mis ojos y solo saco las llaves y enciendo este a distancia, entonces, ella solo camina hacia el auto y no digo nada, por años he estado acostumbrado a ese mismo trato. Antes de llegar a este país las personas me miraban igual, con superioridad como si yo no valiera nada y al parecer la prometida de Marco es así y es una lástima porque él me tendió una mano sin importar nada. De pronto el caos estalla cuando una de las maletas se engancha en una abertura del suelo antes de llegar al auto y las cremalleras ceden por completo esparciendo ropa y catálogos de boda por todo el asfalto, sin pensarlo soy rápido en ir hasta ella para ayudarla.

​—¡No toques mis cosas! —exclama de pronto dejándome congelado agachado frente a ella mirando sus ojos que parecen cargados de rabia y me arrebata una revista de mis manos, Elizabeth recoge todo con gran rapidez y entonces va hacia el auto, yo tomo un dibujo que se le ha olvidado en el suelo y respiro hondo poniéndome de pie, pero al hacerlo mi mirada choca con la del pequeño que parece mirarme interesado y me topo con unos ojos verdes que me recuerdan a... a los míos. Son exactamente iguales a mis ojos y un escalofrío recorre todo mi cuerpo, siento un déjà vu tan violento que me obliga a apoyarme en el coche para no perder el equilibrio.

​—¿Estás bien? —la voz de la pequeña me hace mirar hacia esta, una voz suave que me resulta aterradoramente familiar y esa mirada.

​—Sí… solo… un mareo —balbuceo casi sin poder hablar y sin saber qué demonios me pasa.

—No se lo tomes en cuenta —la pequeña sonríe un poco y toma el dibujo de mis manos —mamá solo está cansada, es más amable cuando duerme bien —sonrío un poco con sus palabras y ella sube al auto.

—Meli tiene razón —miro al niño cuando habla y este también sonríe —mamá no es así, es mejor —también sonrío, pero cuando el niño me toma de la mano y me mira con mi mismo gesto de confusión, el suelo parece desmoronarse bajo mis pies. Y yo, por primera vez en años, siento que mi vida está a punto de cambiar para siempre y lo peor es que no entiendo la razón.

—¡Bruno sube al auto! —Elizabeth le grita al pequeño que rápidamente obedece y la miro ya sintiendo dolor de cabeza mientras ella mete las maletas al auto con furia —Pensé que Marco te había enviado a ayudar ¿o solo te pagan por mirar? —añade dirigiéndose a mí cerrando el maletero como si este la hubiera ofendido y aprieto los dientes, diablos, acepté pensando que no sería complicado, pero ella es…es... lo mismo que tiene de hermosa lo tiene de grosera.

—No soy un sirviente —espeto y ella alza una ceja.

—¿Y cuándo dejaste de serlo? —se acerca a mí peligrosamente y hago lo mismo.

—No sé quien demonios te crees señorita, pero estoy aquí haciendo un favor a mi amigo, amigo y socio por cierto —ella alza una ceja.

—¿Socio? —habla con desprecio como si la idea de verme a mí junto a Marco fuera descabellada. —Al parecer han cambiado mucho las cosas en ocho años, pero te ves exactamente igual que el día que decidiste que desaparecer era la solución más fácil —mi ceño se frunce —No esperes que te trate como si fueras un héroe ahora solo porque Marco te pidió que jugaras a serlo.

​—No tengo idea de qué estás hablando —respondo con el corazón golpeando mi pecho—Yo no te conozco. —ella suelta una carcajada amarga y negando sube al auto dejándome con un sabor horrible en mi boca, a olvido, como si a ella la conociera de toda mi vida y en mi pecho siento la certeza aterradora de que acabo de cometer el mayor error de mi vida al aceptar hacer este favor. Aun así, sin darle mucha importancia me coloco en el asiento del conductor y enciendo el auto, miro por el espejo retrovisor a los niños que juegan con sus teléfonos y de reojo la observo a ella que va mirando por una ventanilla, no la entiendo, ¿tendrá problemas mentales? Mi amigo no me habló sobre eso, solo me dijo que la había conocido en esos viajes de negocios que hacía y que se había enamorado por primera vez, también me habló de lo hermosa que era y de lo amable, por dios, el amor hace ciego a las personas y esta mujer es la viva prueba de ello. Definitivamente, debe de estar loca y abro mi boca sin poder aguantarlo más.



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En el texto hay: pasado, niños, amor-odio

Editado: 16.09.2026

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