Destino pendiente

Capítulo 2: No lo recuerdo

Elizabeth

Siento que me asfixiaré en este auto y definitivamente no comprendo nada, no entiendo como es que él está aquí, tampoco entiendo como es que dice ser socio y amigo de Marco y mucho menos entiendo su mirada. Pero claro, ¿qué se puede esperar de alguien tan cobarde? Seguramente solo finge y esa idea me hace mirarlo de reojo, físicamente ha cambiado, y claro, han pasado ocho años, eso es mucho, pero no sirven para olvidarse de alguien como si uno pudiera borrar su memoria de golpe y él solo finge que así fue. Bufo si poder aguantar ganándome una mirada de su parte y rápidamente miro por la ventanilla. La última vez que nos vimos él no tenía absolutamente nada, trabajaba para mis padres, era como un sirviente y, y bueno…me tenía a mí.

—Marco me dijo que eras doctora —aprieto los dientes con fuerza, ¿en serio alguien puede fingir tan bien?

—Así es —mi respuesta es simple deseando ya llegar a la casa de Marco que no tengo ni la mínima idea de donde es.

—Es una profesión bonita —sigue hablando —yo soy arquitecto —lo miro y está sonriendo, su sueño, ha cumplido su sueño, pero —Mi amigo dice que salvaste su vida —sonríe sacándome conversación y sigo mirándolo.

—Exagera.

—Él tiene suerte de tener una prometida así —la misma suerte que tuviste tú, grita mi mente sintiendo rabia.

—Detén el auto —expreso sin poder aguantarlo sintiendo que el aire me falta

—¿Qué? —me mira desconcertado.

—Solo detén el maldito auto —hablo mal ganándome la mirada también de mis hijos y en cuanto el auto se detiene bajo rápidamente de este sintiendo las lágrimas en mis ojos, mi garganta seca, mi corazón a punto de explotar y mi mente echa una tormenta.

—¿Está usted bien? —lo escucho detrás de mí cuando me he alejado unos metros y aprieto los puños.

—¿Que edad tienes? —lo miro, si vamos a jugar veamos si él aguanta el juego.

—28 —responde sin pensar.

—¿Siempre quisiste ser arquitecto?

—Era mi sueño desde niño —me tenso por completo con la gran verdad.

—¿Naciste en Estados Unidos? —pregunto sabiendo la respuesta y él suspira aunque responde.

—Mis padres son inmigrantes, pero sí, nací ahí

—¿Tienen dinero?

—No, trabajo desde que era un niño —responde algo incómodo por mi interrogatorio y me acerco más a él.

—¿En qué trabajabas allá?

—Mis padres trabajaban para una familia, mi papá era chófer, mamá cocinaba y yo desde niño cuidaba a los caballos —expresa todo lo que sé —nadie nos miraba, nos trataban como esclavos y decían que debíamos estar agradecidos.

—Tus padres

—Murieron cuando tenía 18 años —gruñe y sigo mirando sus ojos, es él, claro que sí pero.

—¿Los recuerdas? —asiente rápido.

—¿Qué? —ríe como si hubiera dicho una locura —Claro que los recuerdo, ¿cómo voy a olvidarlos?

—¿Y por qué a mí si? —me mira perplejo con mi pregunta.

—¿Cómo?

—¿No, no me reconoces? —en sus ojos solo veo desconcierto, confusión y nada más —¿O solo finges muy bien?

—Señorita creo que

—La familia para la que trabajabas desde que eras un niño —sigo mirando atenta a sus ojos —¿Tenían hijos?

—Dos —responde rápido —el mayor me trataba como sirviente y se burlaba de mí y hablaban mucho sobre la menor, ella —se calla, se calla y frunce el ceño, pero no veo nada en su mirada.

—¿Ella qué?

—Ella estudiaba fuera del país —lo veo sobar su barbilla, gesto que hace cuando está confundido y mi corazón sigue latiendo con furia.

—¿Y luego?

—Cuando cumplí 21 años vine a este país —ladeo el rostro por el salto brusco en la historia.

—¿Nunca conociste a la hija menor de las personas para las cuales trabajabas? —me cruzo de brazos esperando que su mentira ya caiga, pero su mirada sigue igual y niega sin pensarlo.

—No, no —parece sincero aunque veo algo de duda en su mirada —creo que no.

—¿Crees? —mi voz tiembla cuando sale. Tiembla de rabia y genio.

—No…no lo recuerdo así que no —afirma seguro mirando mis ojos y estos se llenan de lágrimas, él dice recordarlo todo excepto a mí, me acaba de hablar de mi familia, de mi hermano y de la hija menor, que soy yo, esa que dice que no conoció, pero soy la misma que volvió del extranjero cuando tenía 16 años y que conoció a ese chico de 18 que días después de mi llegada perdió a sus padres en un accidente, pero él, él simplemente dice que nunca me conoció —estoy seguro de eso —continúa y siento un dolor intenso en mi pecho mientras aguanto las lágrimas —¿pero por qué demonios haces tantas preguntas sobre mí y mi pasado? —enfurece, pero ya eso poco me importa —He estado aguantándome por respeto a Marco que me pidió estar con usted y ayudarla, pero desde que me viste has sido grosera, ¿acaso importa quien fui en el pasado o si soy o no de ese país? Eres como esas personas con dinero que desprecian a otros, pues déjeme decirle —me señala —soy un arquitecto reconocido aquí y con la ayuda de Marco he llegado lejos. Puedo asegurarle que ahora tengo la misma cantidad de dinero que usted o quizás hasta más. —masculla y se da la vuelta. Si tan solo supiera que el dinero apenas me importa y eso, eso él lo sabe o lo sabía o simplemente ahora finge no saberlo, pero todo es demasiado raro. Cuando cumplí dieciocho años decidí que quería estar con él, que lo amaba y entonces hicimos un plan, íbamos a huir juntos, irnos de la casa de mis padres y vivir solo los dos alejados de esas personas a las que solo les importaba el dinero y que lo trataban tan mal, esa noche lo esperé, lo esperé sentada en la calle con mi maleta echa y sonriendo, pero él simplemente no llegó, el sol salió y no apareció, llegué a mi casa y ahí no estaba, todos me dijeron que se había ido sin despedirse y en ese momento mi corazón se destrozó, lo odié, lo odié por cobarde porque pensé que había tenido miedo por mi familia y que su amor hacia mí no era suficiente y lo peor, seis semanas después descubrí que estaba embarazada de ese cobarde que me había dejado plantada con la ilusión de una adolescente que había encontrado al amor de su vida. Y ahora, ahora él está frente a mí, jurando no conocerme, asegurándome que nunca me conoció mientras mis gemelos, la prueba viva de que nuestros pasados si se unieron están sentados en el asiento trasero del coche sin tener la mínima idea de que el hombre que conduce es el padre de ellos. El hombre que juré odiar por cobarde y que ahora parece que me ha borrado por completo de su memoria es el mejor amigo de mi prometido y además, el padre de mis hijos.



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En el texto hay: pasado, niños, amor-odio

Editado: 27.09.2026

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