Destino pendiente

Capítulo 3: Muerto

Oliver

Maldigo cuando el auto se detiene a mitad de camino, intento que encienda nuevamente, pero un humo negro comienza a salir de la parte delantera y golpeo el volante con frustración, perfecto, ya no solo ella ha incomodado mi día, ahora también el auto da problemas y bajo de este lanzando fuerte la puerta, cuando abro el capo el humo me asfixia y comienzo a toser con ganas, dios, nada parece estar bien y me alejo del auto justo como lo ha hecho Elizabeth con los niños, niños que he evitado mirar y desde que su interrogatorio terminó ella decidió no hablar más y lo agradecí aunque todo resulta tan raro y a veces, a veces su mirada me descoloca porque podría jurar que la he visto antes en alguna otra parte.

—¿Y falta mucho para llegar? —cuestiona la pequeña con interés y respiro hondo.

—Unos kilómetros —menciono mirando el camino.

—Tiene que ser una broma —bufa Elizabeth sin mirarme pasando las manos por su cabello —Marco nunca me dijo que vivía en el maldito fin del mundo.

—A él le gusta el campo y decidió hacer su casa en el campo —le explico mirándola, pero sigue dándome la espalda —tendremos que caminar —rápido se gira

—Pero no podemos caminar Kilómetros con

—Dejaremos todo en el auto —la interrumpo evitando el contacto visual —solo tomaremos lo más importante, luego yo vendré y recogeré todo —propongo —el plan es así de sencillo.

—Y tampoco hay red —murmura mirando su teléfono.

—Caminemos o la noche caerá y seguiremos aquí —suspiro —y se aproxima tormenta —voy al auto y tomo lo necesario, Elizabeth hace lo mismo farfullando cosas que no entiendo y entonces comenzamos a caminar. Cuando lleguemos a la casa solo tengo una misión y es hablar con Marco, le diré que ponga a alguien más a ayudar a su prometida, que yo no soy el indicado y... el grito de la niña cuando cae un rayo me asusta y la miro, ella se abraza de Elizabeth y me pregunto quién será el padre de los gemelos, Marco nunca me habló sobre eso, solo dijo que era madre soltera pero nada más.

—¿Falta mucho? —Elizabeth me mira y respiro hondo mirando hacia atrás, aun el auto se ve y bufo.

—Hay una cabaña cerca —señalo hacia el bosque —podemos pasar la tormenta ahí, pero tendrás que quitarte esos zapatos.

—Si, como no —rueda los ojos sin obedecer y me salgo de la carretera tomando el camino a la cabaña, ya las gotas de lluvia comienzan a caer y maldigo en voz alta, el día no podía ser peor y camino con prisa.

—Las hemos dejado atrás —expresa el pequeño que camina a mi lado aunque lo hace casi corriendo y bufo.

—Tu madre es muy lenta —echo un vistazo atrás y resoplo, claro, con esos zapatos tan altos no llegará tan lejos.

—A mí si me gusta el campo —expresa el crío y sonrío —y los caballos, ¿Marco tiene caballos? —me mira con sus ojos brillantes y solo me pierdo en esa mirada, le gustan los caballos y a mi también me encantan.

—Marco no, pero yo si —sonrío siguiendo el camino —cuando lleguemos montarás alguno.

—No sé montar.

—Yo te enseñaré —él ríe feliz intentando caminar a la par mía —¿viven solo ustedes tres? —le pregunto y el pequeño asiente.

—Mamá es muy buena —expresa sonriendo —solo trabaja algunas horas en una clínica para cuidar bien de nosotros y viajamos mucho —sigue sonriendo —nos lleva a lugares muy bonitos.

—¿Y qué crees de que tenga novio? —lo miro y se encoge de hombros.

—Marco parece bueno —responde como si nada —aunque lo conocemos poco, pero mamá está enamorada y aceptó casarse —razona como si fuera un adulto y la palabra enamorada da vueltas en mi cabeza.

—¿Y tu padre? —él suspira con mi pregunta y algo me dice que no debí hacerla.

—Murió, no le conocemos —me quedo sin habla con su respuesta y respiro hondo, si no lo conocen entonces significa que falleció cuando estaban muy pequeños y eso solo significa que Elizabeth ha tenido que criar sola a dos pequeños y eso, eso la hace alguien ejemplar.

—¡Maldita sea! —escucho la queja y me detengo, el niño también lo hace y al mirar hacia atrás veo a Elizabeth en el suelo y a su hija a su lado, respiro hondo y me acerco

—Te dije que te quitaras los zapatos —la regaño y me mira mal.

—Vamos, te ayudo —le extiendo mi mano, pero niega y bufo, ella intenta ponerse de pie, pero se queja de dolor y miro su tobillo.

—Me torcí el tobillo —masculla con lágrimas en sus ojos por el dolor y sus hijos la miran preocupados, entonces me agacho cerca y tomo su pie aunque se queja —¿quieres dejar de tocarlo? —me grita cuando lo muevo un poco y miro sus ojos.

—Parece un esguince —suelto su pie y aprieta sus dientes por el dolor que debe de sentir.

—Soy doctora —farfulla molesta —ya lo sabía.

—Falta poco para la cabaña, te cargaré y

—No vas a cargarme —se niega más que rápido y luego de quitarse los zapatos intenta ponerse de pie.

—Mamá no puedes caminar —la niña es sabia y la mira preocupada.

—Estaré bien —le sonríe cuando ya está de pie y cada mueca que hace refleja el dolor que siente, pero es terca, otro rayo surca el cielo y la lluvia comienza a ser algo más fuerte, Elizabeth da un paso y se detiene cerrando con fuerza sus ojos, no puede caminar aunque quiera y cansado de esto voy hacia ella.

—Me da igual lo que digas —mis manos van a su cintura y se tensa.

—Suéltame —gruñe.

—Si se hace de noche habrá lobos y la tormenta será peor —la levanto del suelo —y Marco no me perdonará si te dejo en el bosque —farfullo molesto comenzando a caminar con ella en mis brazos, apenas pesa, sigue tensa y yo también, es extraño llevarla así y camino rápido queriendo ya soltarla, dejar de tocarla y agradezco la lluvia porque ahora en vez de tener frío, siento que mi cuerpo arde y odio esa maldita sensación. Mientras camino intento pensar en mi amigo, en todo lo que habla sobre ella, en lo mucho que me dijo que la quería y cuando llegamos a la cabaña doy una patada a la puerta y entro sin mucho ánimo para dejarla sobre un sillón viejo.



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En el texto hay: pasado, niños, amor-odio

Editado: 27.09.2026

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