Cuando te enamoras ves sin ver, escucha sin oír. Mientras dura el enamoramiento tienes un velo en los ojos que te pone en un estado de amnesia consciente, una euforia donde hasta el sufrimiento te hace feliz. Luego, lo comprendes todo si corres con suerte.
Max no la engañó. Fue ella, ella que no se fue la primera vez que le dijo “no te enamores de mí”. Ella que no lo asimiló, ella que creyó que solo fueron palabras. Más tarde, la letanía mensual: “no te correspondo, soy libre, no quiero compromisos con nadie, bla, bla, bla” Y siguió instalada allí.
En su miseria. Sí, hubo un “i love you” sin bases, promesas vacías hechas en momentos de angustia, depresión y vacío. Muchas veces se arrepintió de aquel día, se arrepintió de ser de él, de ser con él lo que jamás antes fue con otro hombre. Hasta ese día no había valido la pena, pero ella ya sabía que él no lo valía, nunca hubo un momento en que él valiera la pena. Era egoísta, Vanidoso, soberbio, orgulloso, engreído, déspota e interesado. Quizás la vida le hizo así, las mujeres de su pasado, no solo los amores sino todas las mujeres de su vida, incluyendo su familia; el no perdonar cuando le ofendieron y todas aquellas cosas que hoy en día ella no quería saber.
*****
Llovía copiosamente mientras Max bajaba del avión. Era tiempo de cerrar las negociaciones con las personas con las que al fin se había asociado para emprender la nueva empresa que tanta ilusión le hacía, debía supervisar y evaluar en qué condiciones se encontraban las instalaciones para cronometrar el tiempo necesario para la remodelación o para el mejoramiento. La lluvia para algunos resulta un tanto nostálgica, durante el tiempo que iba en el taxi hacia su apartamento su memoria evocaba a Isabel, sin una razón o motivo específico, al parecer este lugar no dejaría de recordarle a la chica.
A ella le encantaba la lluvia, se lo había comentado las noches en que vivieron juntos, aquellos días en que contemplaban detrás de la ventana cómo golpeaban las gotas el cristal. Sonrío y se preguntó que estaría haciendo ella en este momento.
Quienes nos han amado de verdad son difíciles de olvidar, aún cuando no les hemos amado de vuelta. No podía sacarla de su mente, ¿Se habría olvidado de él? Acariciando su barbilla y su mejilla con la mirada perdida en el ambiente comenzó a ser golpeado por ese pensamiento, <<Ella decía que me amaba locamente, ¿De verdad se habrá olvidado de mí tan pronto?>>. A llegar al apartamento se encontró con una gran polvareda, aunque todo estaba en orden, hacía mucho que no se quedaba en aquel lugar, había perdido el interés. A pesar de que tenía muchos conocidos no sentía la suficiente confianza para pedirle a alguno de ellos el contacto de alguna señora que le ayudase con las labores de mantenimiento o la limpieza. Se sentía preparado para las tareas diarias, pero sostenía que algunas cosas son para las mujeres.
Entrada la noche deseó dormir en otro lugar, ya que el polvo generalmente le ocasionaba alergias y no se encontraba con el tiempo ni la disposición para sentirse enfermo. Seguía garuando, aún así se desprendió de las maletas y salió en busca de un hotel cercano, por lo menos para pasar la noche. La luna estaba llena e iluminaba todo a su alrededor, <<estaría aún despierta>> su nombre le hacía cosquillas en el cuerpo, no quería dormir solo, fue tanto tiempo el que compartió su cama con aquella chica, no recordaba haber llegado y estar sin su compañía, esta sería la primera vez, tal vez.
Encontró para hospedarse un lugar más o menos lujoso, cerca del edificio donde estaba su residencia, le ofrecieron una habitación en uno de los pisos superiores, desde donde se podía observar en medio de la noche el mar, cerraba los ojos y evocaba el sonido de las olas chocando contra las piedras. Allí encontraba siempre una sensación de paz, una sensación que aumentaba cuando ella estaba cerca, Isabel. Una chica hacendosa que la mayoría de las veces lo esperaba con los brazos abiertos y con todo preparado para que él no tuviera ninguna incomodidad. Evadió los pensamientos por un rato, le escribió a la abogada y a la estudiante para contarles lo emocionado que estaba. Por supuesto, ni la una ni la otra sabían que les estaba escribiendo simultáneamente.
Despertó a las ocho de la mañana cansado y algo estropeado por el viaje; tampoco era que le hacía muy feliz dormir en una cama que no conocía, menos sin compañía. Desayunó en un kiosco de bollos y café, luego se dirigió directamente al sitio de la reunión que fue un completo éxito, no solamente distribuirían productos para el mantenimiento de autos nuevos y usados sino que también iban a distribuir alimentos y artículos de belleza al mayor. La reunión se extendió, aún el clima continuaba nublado, los socios tenían otras actividades que realizar y también querían conocer los alrededores. De esta manera pospusieron la visita a las instalaciones que tenían dispuestas para la empresa. Se les hizo tarde entre una copa y otra.
Max volvió al hotel por sus cosas, pero decidió en el último momento quedarse una noche más. Al siguiente día él mismo haría la limpieza del apartamento, después de hacer las diligencias podría irse directo, a fin de cuentas solo sería quitar el polvo y lavar, también debería hacer las compras de las provisiones de acuerdo a los días que se mantendría allí. Prefería que alguien más hiciera ese tipo de labores, pero aquí no tenía a quién manipular de ninguna manera para que lo hiciera por él, así que otra vez volvió a sus pensamientos aquella chica a la que ni siquiera tenía que rogarle nada, porque ella tomaba siempre la iniciativa para que él estuviera contento, lo hacía con amor, con dedicación y con entrega, <<¿Todavía lo seguiría queriendo o ya lo habría olvidado?>>. Otra vez, los pensamientos tocando a las puertas de su mente.
#2938 en Joven Adulto
#14194 en Novela romántica
destino y romance, amor mentira traiciones autoestima, desengaños y superación
Editado: 18.03.2026