Destino Vs El Poder Del Universo

EL SALITRE EN LOS CIMIENTOS

No había pasado mucho tiempo cuando Max, tras asegurarse de que Isabel se encontraba en el apartamento haciendo los quehaceres le hizo llegar un ramo de rosas rojas, era la primera vez para Isabel, aquel ramo la dejó deslumbrada, después de colocarlas en un recipiente se sentó al borde de la cama para leer la dedicatoria: “tienes en tu poder todo lo que me importa, confío en ti, con amor, tu amado”. Una sensación extraña la recorrió, sentía que algo le faltaba o le sobraba a la dedicatoria, quizás solo son tonterías mías, pensó.

Día tras día no dejaba de recibir mensajes a horas inesperadas de Max, que le preguntaba cómo se iba desarrollando el día, le expresaba la falta que le hacía, le hacía saber que en las noches la extrañaba muchísimo, que contaba las horas para verla y de algún modo le recordaba que confiaba en ella, al igual que antes y que por tal razón le había dejado las llaves de las propiedades para que ella las cuidase.

A la estudiante la dejó de llamar por causa del trabajo, le dio como excusa que estaba demasiado ocupado, pero que pronto coordinaría la manera de poder estar cerca. Con la abogada se mantenía en contacto constantemente ya que a través de ella mantenía la sociedad con otras personas, sin embargo la intimidad y los compromisos sentimentales los dejó de lado y daba como pretexto el estrés que estaba generándole la situación actual. Por lo que ninguna de las dos sintió que estaba sucediendo algo más.

Semanalmente depositaba en la cuenta de Isabel los recursos económicos para cancelarle a la asistente de limpieza y a cualquier otro profesional que le brindara los servicios necesarios para tener la vivienda en óptimas condiciones, lo que quedaba de vuelto (que no era mucho) Isabel podía quedárselo. Dentro de un par de semanas volverían a estar juntos.

La chica encontró inteligentemente la forma de administrar su tiempo para atender sus necesidades y también las de Max, mantener al día su casa y en óptimas condiciones lo que ella llamaba “hogar” el nido de amor donde podía sentirse plena y segura al lado del hombre del que estaba enamorada. No terminó su relación amistosa con Dylan, sin embargo y aunque le había dejado claro en todas las oportunidades posibles que solo serían amigos, este guardaba en lo más profundo de su ser, la esperanza de convencerla de que iniciaran una relación amorosa. Pronto tendrían la oportunidad de volverse a ver y seguramente allí podría surgir el sentimiento que él tanto anhelaba.

En los días siguientes cuando menos lo esperaba la chica recibía un mensaje de texto con la frase “te amo”, Max se notaba más cariñoso de lo corriente, estaba muy emocionado ya que pronto se inauguraría la empresa y además contaba con el apoyo de una mujer maravillosa que aparte de amarlo le servía como asistente personal aunque ella no lo veía de esa manera.

Max llegó una madrugada, junto con un amigo al que iba a hospedar por un tiempo en el apartamento, este hombre le brindaría apoyo y asistencia la mayor parte del tiempo, así Isabel podría dedicarse a sus asuntos personales. El compañero en cuestión no se veía confiable, no obstante Isabel no quiso hacer ninguna referencia para evitar que su sugerencia se convirtiera en una escena de celos o de desconfianza.

—Te presento a la mujer que próximamente será mi esposa— le comunicó Max entre risas a Alexander.
—Es un placer para mí conocerla señorita.— le dijo, sonriendo y estrechando la mano de la chica; quién se sonrojó y miró de reojo al hombre que la miraba de una forma que ella aún no lograba comprender, no sabía si era amor, burla, engaño o todo al mismo tiempo.

Después de comer algo, luego de que Alexander se fuera a dormir, mientras estuvieron en la habitación, Max le explicaba a Isabel que él deseaba realmente en un futuro no muy lejano casarse con ella, pero que mientras tanto el proyecto principal era comprarle un automóvil y darle la oportunidad de tener un negocio del que ella pudiera depender sin contar ni con él ni con un contrato en empresa. Alguna entrada de dinero que no le exigiera más de lo que ella quisiera invertir.

Ella no podía creerlo, por fin todos sus esfuerzos habrían rendido frutos, lo pasado debía quedarse en el pasado, aquella época en la que él le hizo daño ya había quedado atrás, porque en el presente él estaba actuando de la forma que corresponde a un caballero con palabra de honor, estaba probando con hechos lo mucho que la amaba.

—¿Que sería de mí si no estuvieras tú en mi vida?, me has salvado muchísimas veces— le susurró en el oído Max mientras que ella se quedaba dormida.

Todo era diferente ahora, no se arrepentía de haberle dado una nueva oportunidad al hombre que en otro tiempo le hizo daño, tal vez el destino y el universo finalmente habían conspirado para brindarle el amor maravilloso con el que ella había soñado desde niña, los sueños se hacen realidad, las personas cambian, el amor que es el poder más grande del universo puede hacer milagros.

Los próximos días tendrían que terminar los detalles que faltaban en las instalaciones en la que se trabajaría en adelante. Max que no contaba con empleados, se fue a culminar detalles junto a Alexander e Isabel, algunos asuntos de carpintería, pintura, y por qué no arte, le mostró a la chica cuál sería su oficina que de hecho era la principal, los muebles eran de madera, en uno de los rincones se encontraba la figura de una virgen, en la otra esquina una katana antigua sobre una mesa de mármol y los útiles de escritorio eran los mismos que él había utilizado en los tiempos cuando se conocieron, la época en la que Max manejaba una empresa, gracias a Dios y a lo prevenido que era algunas de estas cosas estaban en un depósito y ahora podían ser reutilizadas.

Cansados, decidieron ir a pasear el fin de semana, fueron a una zona turística conocida como “La Laguna”, el agua pura y cristalina les permite observar a los caballitos de mar apareándose, variedades de peces pequeños y una flora deliciosa en todo su esplendor. Al anochecer y volver a casa a la pareja no les quedó tiempo ni para amarse cayeron rendidos uno al lado del otro mientras que Alexander se encontraba en la otra habitación.




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