Destinos Cruzados

Capítulo 13

Lo nuestro fue tan inesperado que
nos encontramos sin buscarnos.

Nunca he creído que los amores a distancia funcionan.

Mi historial en ese ámbito lo confirma.

Primero fue Lennie.

Cuando me habló de ese trabajo en su estado natal en Chicago supe, incluso antes que él me lo confirmara, que todo se iba a romper entre ambos. Se lo dije. Él sonrió, me prometió que no olvidaba fácil, que yo no era fácil de olvidar, que ya llevábamos casi 2 meses de relación y seguiríamos juntos sin que nada cambiara.

Quise creerle.

Pero no soy estúpida.

Los primeros días fueron perfectos: llamadas eternas, mensajes al despertar cada día, risas que cruzaban kilómetros de distancia y el otro lado de una pantalla. Después vinieron los silencios. Las excusas. La última llamada entre ambos.

La publicación en Facebook de una cita con otra chica.

No hubo despedidas.

Solo borré su nombre de mi vida y de mi telefono, esperando —como una idiota— que intentara explicarse.

Nunca lo hizo.

Solo se fue.

Con Sally pasó exactamente lo mismo.

Y esa historia ya la conozco demasiado bien y no pienso repetirla.

Después de mi confesión durante el almuerzo, nadie dijo una palabra más.

Papá le dio una palmada incómoda a Lawrence en la espalda. Mamá tomó mis manos entre las suyas y dijo que si yo era feliz, ellos también y que siempre supo que Lawrence era un buen chico.

Y eso que solo lo llevaba conociendo unos 4 meses.

Así, sin más preguntas, le dieron la bienvenida a la familia.

Yo fui la primera en terminar de comer. Lo hice tan rápido que apenas sentí el sabor de la comida consiguiendo exitosamente no atragantarme con la velocidad de alimentación que utilicé. Me levanté, pedí permiso, caminé directo a mi habitación y cerré la puerta sin seguro. Me dejé caer en la cama con las manos cubriéndome el rostro.

—Eres una estúpida, Daisy —susurré—. Una maldita estúpida.

No logro entender desde cuándo logré empezar a mentir y sonar tan terriblemente creíble.

La avalancha de mentiras ya estaba rodando.

Y no sabía cuánto tiempo iba a conseguir postergar hasta que llegara a aplastarme.

Me puse los audífonos. My Happy Ending de Avril Lavigne empezó a sonar en mi lista de reproducción y yo estuve a punto de lanzar el celular contra la pared y destrozarlo por el coraje que me provocaba el solo título de la canción.

Final feliz.

Qué chiste.

Esas cosas solo suceden en las películas y telenovelas, esta es la vida real.

—¿Un novio? ¿Tú? ¿Hablas en serio?

Me sobresalté.

Ed estaba en la puerta, el ceño fruncido, la mirada oscura, salvaje.

—¿Qué haces aquí? —espeté quitándome los audífonos y yo me senté abruptamente contra la cabecera de mi cama—. ¿No deberías estar entreteniendo a tu novia y a tus suegros millonarios? Y para tu información, toca antes de entrar, reglas básicas de decencia, Edward.

—No me salgas con esas tonterías ni me cambies el tema —dijo, avanzando peligrosamente hacia mí, subiéndose a mi cama e invadiendo exitosamente mi espacio personal—. ¿Quién demonios es ese tipo?

Sentí mi sangre hervir de coraje.

—Es mi vida, Edward. Mi jodida vida. Y hago con ella lo que quiero y con quien quiero. No eres mi dueño.

Mi voz temblaba, pero no retrocedí.

—Vete —me levanté de la cama, caminé a la puerta y la abrí para que él saliera—. Tú decidiste salir de mi vida aquella noche, hace meses dejamos de hablarnos. No tienes ningún derecho sobre mí ahora ni nunca.

Caminé hacia la ventana del otro extremo de la habitación y fingí que veía a través de ella.

No tuve tiempo para reaccionar.

Ed cerró la puerta de un portazo y con un movimiento tan rápido que me costó seguir siquiera me acorraló contra la ventana. Sus manos golpearon el vidrio a ambos lados de mi espalda y yo me dí la vuelta para quedar mirándonos cara a cara sin poder moverme de mi lugar.

Dejé de respirar.

—Suéltame —intenté decir, pero la voz no me obedeció.

Su mirada se clavó en la mía. Su cuerpo estaba demasiado cerca al mío. Olía a vino y a algo que siempre fue mío. Casi podía jurar que mis latidos podían escucharse perfectamente por toda la habitación.

Cerré los ojos cuando su nariz rozó mi piel.

Jadeé al sentir su boca en mi cuello.

Todo mi cuerpo reaccionó traicioneramente.

—No entiendo cómo puedes oler así de bien —murmuró estampando sus labios contra mi piel—. Ni cómo puedes provocarme incluso cuando intento no mirarte.

Mis piernas temblaron.

—Ed… —susurré.

Sus labios me encontraron.

No fue un beso dulce.

Fue desesperado. Salvaje. Prohibido.

—Ed —repetí su nombre en un susurro y fue cuando su lengua aprovechó para meterse en mi boca. Mi cuerpo se encendió por completo y vibró cuando posó sus dos manos alrededor de mi cintura con posesión. Su lengua hizo contacto con la mía y fue cuando sus besos nuevamente bajaron por mi cuello; sentí que literalmente iba a desmoronarme cuando deslizó una de las tiras de mi vestido hacia abajo para que el lugar de esta fuera reemplazado por su boca sobre mis hombros.

Cuando escuché la puerta abrirse, fue como caer de golpe al vacío.

—Ed, yo ya me… —la voz de Nina se quebró en menos de un minuto.

Él se apartó de inmediato. Yo me acomodé el vestido con manos temblorosas pero era demasiado tarde.

La novia de 6 meses de mi hermano nos había visto.

—Nina, yo —intentó explicarse Eli pero fue interrumpido con el taconeo de Nina caminando velozmente hacia él.

Nina levantó la mano y la bofetada resonó contra las paredes de la habitación.

Después cayó al suelo, llorando.

—Están enfermos —sollozó—. Los dos.

Intentó levantarse. Ed quiso tocarla. Ella lo apartó con brusquedad y se puso de pie nuevamente.

—Jódete Edward —gritó enfurecida, luego salió de la habitación y bajó las escaleras corriendo.



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En el texto hay: amor prohibido, romance, drama

Editado: 14.07.2020

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