El amor es un crimen que no
puede realizarse sin cómplice.
Charles Baudelaire.
Siempre pensé que los desastres dejan eco.
Puedes barrer los vidrios, pintar la pared, fingir que nada pasó, pero el ruido se queda flotando como polvo en el aire. Vuelve en forma de recuerdo, de culpa, de otro problema que parece nuevo y en realidad es la misma herida con distinto nombre.
Acción y reacción.
Efecto mariposa.
Ley de Murphy.
Todo eso me daba vueltas mientras Aileen me miraba con los ojos llenos de lágrimas y decía, por fin, lo que nadie se atrevía a decir:
—Soy tu madre biológica… y él es tu padre.
Sentí que el piso se inclinaba.
Miré a Trish. Ella caminaba hacia mis padres —los de siempre— con el mismo temblor que yo llevaba en las rodillas a mi vez. Dos trayectorias cruzadas en el mismo salón.
Aileen abrió los brazos.
Yo entré en ellos.
No lloré. No todavía. Solo respiré ese perfume suave que no conocía y que, sin embargo, me hizo pensar: de aquí salí yo.
Clayton tomó mi mano con torpeza y yo lo jalé hacia mi madre biológica y hacia mí para que los tres nos uniéramos en un abrazo conjunto que milagrosamente no hizo que me dolieran las costillas, aún.
—Con razón me caías tan genial, hermana —soltó Ed desde el sofá—. Solo la sangre de mi sangre produce tanta genialidad.
Miré por encima del hombro de mi padre y vi como Trish se soltaba del agarre de mis padres y se refugiaba en los brazos de Ed quien sólo soltó una risita antes de que el codo de ella impactara contra su costado cuando se separaron.
—Ahora entiendo por qué no te soportaba, hermano.
La risa nos salvó del abismo.
Un puente ridículo sobre un precipicio enorme.
Me separé de Aileen y besé sus mejillas, luego las de Clayton.
Mamá —Alice— se secaba las lágrimas en silencio.
—Entonces Ed y yo… —murmuré.
—Pueden estar juntos —dijo mamá Alice antes de que yo terminara de hablar—. Será raro, pero es su vida.
Ed me abrazó por la cintura y, por primera vez desde el hospital, sentí algo parecido a estar completa: dos familias mirándonos como si intentaran aprender a respirar de nuevo.
…
Horas después estaba empacando una mochila.
—¿Estás segura de esto, Aileen? —preguntó mamá Alice desde la puerta.
—Solo una noche Alice—respondió—. Quiero conocer mejor a mi hija. Recuperar un poco de lo que nos quitaron.
Mi hija.
Lo dijo con miedo, como si la palabra pudiera romperse antes de salir de sus labios.
Sonreí con ligereza antes de acercarme hasta la mujer que me había criado y envolverla con mis brazos, después de todo, siendo de mi sangre o no, esa mujer me había visto crecer y me había educado y llenado de amor. Yo no sería la persona que soy sin ella en mi vida, obviamente no es perfecta, tiene sus errores, pero la perfección está sobrevalorada.
—Estaré bien. Ellos también son mi familia —me encogí de hombros mientras papá, bueno papá Odell, me extendía un vaso con agua para que me tomara dos pastillas para el dolor antes de que este se presentara de nuevo. Le sonreí y él me guiñó un ojo extendiéndome el sobre completo.
—Vamos —habló mi verdadero padre esta vez y yo asentí con la cabeza después de beberme todo el contenido del vaso con las pastillas lentamente, el tragar demasiado rápido hace que las costillas lesionadas me duelan, igual que cuando respiro muy rápido.
Dejé el vaso sobre mi cama y luego tomé la mano de mi madre biológica como si fuera una niña pequeña antes de inclinarme, besar las mejillas de las dos personas que dejaba en la habitación y darme la vuelta para salir de la misma.
—Llévate el sobre completo —papá Odell me guiñó un ojo y yo caminé hacia él y besé su mejilla—. Y nada de hacerte la valiente.
En la sala, Trish discutía con Ed.
—La mantequilla de maní es superior.
—La mermelada gana por goleada.
Mentiroso.
Le encantan las dos.
Sólo estaba tratando de contraponer las opiniones de Trish por diversión o sólo para hacerla enojar, Edward es flexible.
Cuando vieron que llegamos hasta ellos se callaron mientras Trish caminaba hasta sus, bueno, padres de crianza y los abrazaba, por esa noche y el día de mañana ella se quedaría en mi casa a su vez y usaría mis cosas, como una verdadera McDonald.
O bueno, eso fue lo que nos dijo, en parte esto fue su idea, de todas formas no tengo inconveniente de desprenderme de alguna de mis prendas personales, tenemos la misma talla en camisas y chaquetas pero no en vaqueros, vamos, sus piernas obviamente son más largas que las mías, ella es mucho más alta que yo, ahora comprendo porque al lado de Aileen ella la supera en altura de manera monumental, los McDonald son gente alta, al parecer los Sayers son lo opuesto.
Supongo que mamá le prestará uno de sus pantalones.
Trish me abrazó.
—No rompas nada —le pedí sacándole la lengua a lo que ella rodó los ojos sonriendo con picardía antes de decir a su vez.
—No prometo nada —respondió
—Te amo.
—Yo también, tonta.
Me senté junto a Ed y, sin aviso, me besó como si necesitara comprobar que seguía viva. Me aparté riendo.
—Tendrán que avisarme la próxima vez que hagan eso —se quejó Trish con cara de asco teatral antes de sentarse al otro costado de Ed para que seguido de eso tomara el control remoto descansando sobre sus piernas..
—¡Hey! —se quejó él tratando de quitarle el control poco después de que yo me hubiera puesto de pie y de que él me hubiera soltado.
—Ahora esta también es mi casa —lo molestó ella pasando de canal y dejando un canal de cocina en la pantalla.
—Pero yo quería ver el fútbol americano con papá —bufó a su vez Ed apretando la boca en una fina línea.
—Querías, tiempo pasado. Ahora veré la televisión yo —habló con firmeza ella haciéndole un gesto con la mano para que hiciera silencio antes de volver su vista a la pantalla nuevamente.