Final.
Tantos siglos,
tantos mundos,
tanto espacio y coincidir.
¿Recuerdan cuando dije que los problemas me buscaban con GPS integrado?
Lo sostengo.
Salgo de un desastre y caigo en otro como si mi vida fuera una serie de temporada infinita de dramas para la televisión. Destino, universo, guionista sádico: el que sea que esté escribiendo esto, ¿no tienes otra protagonista a la que atormentar?
—Quiero irme, Lawrence. No soporto estar aquí —mi voz tembló—. Todo esto me está enfermando.
—Daisy, por favor… no me tengas miedo —dio un paso hacia mí pero me alejé—. No me rechaces como todos.
Retrocedí hasta chocar contra la puerta.
—No estás bien. Esto es una locura que tú solo provocaste.
—No te vayas...
Giré el picaporte.
Él dudó un segundo.
Aproveché.
Bajé las escaleras corriendo con el corazón golpeándome las costillas. Escuché sus pasos detrás, pero la puerta principal estaba sin cerrojo para mi buena suerte. Salí a la calle y corrí hasta que mi cuerpo impactó contra el cuerpo de otra persona.
—Tranquila, estás conmigo —levanto la vista y empiezo a parpadear con incredulidad al ver a Ed y a Trish justo al final de la calle, a mi lado—. ¿Te hizo algo?
No respondí. Los miré como si fueran un milagro.
—¿Cómo llegaron…? —pregunto descolocada y confundida al verlos. Me libero del agarre de Ed y miro a Trish.
—En taxi —responde ella mirándome con obviedad, yo reprimo una carcajada, camino hasta ella y la miro con cariño—. Mi hermano, tu Romeo, es una pésima influencia, fue a mi salón a buscarme con una excusa que ni siquiera entendí y creo que nadie, incluyendo el profesor se creyó y terminó instándome a saltar la reja de la universidad pidiéndome traerlo a la casa de Lawrence. Está loco.
—Eso ya lo sabía —murmuré y la abracé. Ed se encoge de hombros y mira a su hermana de mala manera—. Gracias por venir —me pongo de puntillas y beso la mejilla de Ed—, ambos.
Ed me sostuvo del brazo mientras al otro lado de la calle Lawrence nos observaba, pálido. Trish quiso acercarse a él; negué con la cabeza. Me remuevo incómoda y vuelvo la vista al frente. Ella suspira e imita mi acción.
—Al taxi —ordena Ed.
—Tú, jovencita, tienes muchas cosas que explicarme —me advierte Trish abordando el vehículo.
Sí, definitivamente tengo muchas cosas que explicarles.
Nos subimos.
El auto arrancó y, por primera vez en horas, pude respirar.
…
La tarde se fue entre tazas de café y mi versión resumida del apocalipsis.
Trish fue la más golpeada con toda la situación. Lawrence le gustaba de verdad. Ahora solo queda un tipo obsesionado con mi nombre escrito en su frente.
Definitivamente puede conseguir algo mejor.
No quiero denunciarlo.
Me importa, aunque suene absurdo.
Ed no opina igual.
—Diez a catorce meses de prisión —repitió él desde el teléfono leyendo la condena por acoso—. Eso merece.
Mamá #2 propone tratamiento psicológico.
Yo también. Creo que eso es una mejor opción que la prisión, allí sólo te llenarás de odio y querrás vengarte.
No quiero un enemigo que me vea como trofeo al final de su condena. Prefiero un Lawrence reconstruido que un Alan lleno de rencor.
Condición: Tratamiento = Daisy se queda.
Ojalá lo entienda.
—Eres demasiado buena —dijo Ed mientras me veía tomar la pastilla para el dolor.
Estamos en mi cuarto de siempre, el de verdad. Mis padres biológicos llegarán en un rato para ir a la notaría. Un mes con ellos, un mes aquí. Intercambio de vidas como si fuéramos maletas perdidas.
—Todos merecen otra oportunidad —respondí—. Lo marcaron desde niño. Yo fui la única que lo aceptó.
Ed suspiró.
—Creí que el lujo te cambiaría.
—Soy inmune a las mansiones —sonreí.
Apoyé la cabeza en su hombro y entrelacé nuestras manos.
—Siempre fuimos tú y yo.
—Y siempre lo seremos —me acarició el cabello con amor—. Perdimos demasiado tiempo.
Besé el dorso de su mano y asentí.
—Nunca te conté algo.
—¿Qué? —preguntó con curiosidad irguiéndose para mirarme fijamente y yo solté una pequeña risa.
—Que yo espanté a todas tus novias desde los ocho años.
Se rió.
—¿Lydia también?
—Culpable. Empujé a Ted directo a sus brazos.
—Ese desgraciado —rió más fuerte—. ¿Qué haré contigo?
—Amarme.
Me besó.
—Eso ya lo hago desde hace mucho tiempo.
Su boca encontró la mía con calma, sin urgencia, como si el mundo no estuviera ardiendo afuera. Este es mi lugar feliz, con Ed, Ed siempre será mi hogar y donde sea que él esté yo estaré con él.
—Te amo, Dai.
—Yo te amo más, Ed.
—¡Tórtolos! —Trish apareció en la puerta con una sonrisa de oreja a oreja y ambos levantamos la mirada a la vez—. Los padres ya están abajo.
Nos levantamos. Ed entrelazó sus dedos con los míos, lo miré sonriendo y él me devolvió la sonrisa..
En unas horas dejaría de ser oficialmente una McDonald.
Pero no del todo.
Ese apellido me enseñó a caminar, a reír, a romperme y volver a pegarme. Seré Sayers en el papel; McDonald en la sangre que se elige. A menos de que Ed me propusiera matrimonio para cambiar nuevamente, pero para eso queda mucho tiempo aún.
Soy una McDonald, siempre seré una McDonald.
Por primera vez en mi vida no odio a la versión amistosa de "It" y me pondré a investigar sobre los que al parecer son los fundadores de ese peculiar restaurante que siempre llevará con orgullo mi apellido. Desde este momento las futuras burlas no me importan, lo amo.
Quizá hasta lea Romeo y Julieta otra vez.
Quizá mañana.
También debo llamar a Nina, se merece una disculpa por parte de ambos.
Y a Sally.
Esa mujer me debe un mapa completo de explicaciones.