—¡Rossetta! —fue recibida con los brazos abiertos, unos cálidos brazos que la sostenían como si no hubiese un mañana.
—Vincenzo —se aferró desesperadamente a él, no podía creer que su hermano estaba vivo.
"Sí cumplió con su palabra al final."
—Estás viva, estás bien —se separó para observarla, su pulgar rozó una pequeña marca que aún dolía—, esos malnacidos te dañaron, tocaron a mi hermana.
—Como también me ayudaron —la confunción en su rostro la hizo reír—, te lo explicaré todo en casa.
Fue toda una odisea encontrarlo, pero sus hombres la reconocieron cuando ella caminaba rápidamente hacia el último lugar donde estuvo con su hermano. Estaban ocultos en un simple hotel que extrañamente no era controlado por la gente de Lacroix, pero ya no confiaba en nada ese lugar y quería irse lo más pronto posible.
En pleno viaje de avión, todos estaban dormidos, ella fingía estar dormida pero una sonrisa pequeña la traicionaba, flashes pasaban por su cabeza al recordar lo que anteriormente había sucedido. Algo en ella le decía que ese reencuentro iba a estar más cerca de lo que parecía, y más al tener su contacto por lo que esperaba ansiosa su llamado.
◆◇◆◇◆◇◆◇◆
Había pasado un largo tiempo de aquel día, muchas cosas inesperadas sucedieron como el hecho que acorralaban a Raffaello para que no pudiera expandirse pero muy en el fondo sospechaba que alguien de ahí lo ayudaba. Tuvo de cerca a sus hombres, cada movimiento, cada lugar donde pisaban ella misma lo monitoreaba con ayuda de Matteo, si no hacía las cosas por sí misma todo se descontrolaba. Ella misma se encargó de eliminar a varios de sus hombres que quisieron traicionarla, una bala, un cuerpo sin vida, así de fácil que por supuesto le costó varios murmullos por cómo llevaba las cosas.
—La que está en frente de todo soy yo, ninguno fue capaz de hacerlo y enfrentarse a los Lombardi —miradas de odio, desprecio e indiferencia es lo que veía cada vez que se reunía con los socios que respondían bajo la Cosa Nostra—, si tanto critican mi forma de llevar todo, los espero del otro lado de la puerta... si es que son capaces de llegar.
No tuvo de otra más que amenazarlos que mantuvieran sus bocas cerradas. Muchos sí lograron escaparse e ir con su hermano, otros fue el mismo Vincenzo quién no toleraba y terminaba con sus miserables existencias.
Rossetta había instalado un nuevo orden y ley: "Quién quiera seguir sus oscuros negocios, sepan que sólo hay un camino y quién traicione, en el infierno tal vez los reciban".
Perdió la noción del tiempo, los negocios la hacían ir y venir. La diferencia es que ya no iba tantas veces en persona hacer negocios como lo hacía antes, la protección había aumentado como también las amenazas de otros países pero eso la divertía y la hacía competitiva por quién tiene más poder.
—¿De dónde tan tarde? —la voz de su hermano la hizo dar un pequeño salto, todo estaba en oscuras que no pensó que había alguien en la sala de estar.
—Vin —rió levemente nerviosa—, no vuelvas asustarme así.
—Ross, no soy idiota ni tampoco un niño para que me mientas —la luz se encendió, él estaba de pie apoyado en la pared, parecía haber venido de la cama porque estaba con su pijama a cuadros y su cabello desordenado—. ¿Te has divertido?
—¿Ahora vas a controlarme? —lo miró curiosa mientras se quitaba sus tacones—. Fui, necesitaba relajarme.
—No, cuido de mi hermana, es todo —su voz era tranquila, no parecía molesto—. Entonces sí que te divertiste para que llegues con una gran sonrisa y marcas en el cuello.
—¿Qué? —corrió a un espejo que había notando las marcas que él decía—. Idiota, le adverí.
—¿A quién?
Silencio, silencio que reinó por largos segundos. Era un poco incómodo teniendo en cuenta que se trataba de su hermano quien la descubrió. De reojo pudo ver que Vincenzo se acercaba a donde estaba, ella inconscientemente se sentía nerviosa. ¿De qué? Su reacción porque le importaba.
—¿Desde cuándo estás viéndote con alguien? ¿Y quién es? —notó la diferencia de altura, su hermano creció más en ese último tiempo que tranquilamente podía sacarle dos cabezas.
—Es... es algo casual —carraspeó cuando su voz fue temblorosa.
—Rossetta —su voz era demandante.
—Vincenzo...
—Dime.
—¿Para qué?
—Dime.
—Vin...
—¡Dime!
—¡Thomas Lacroix! —dijo exasperada ante su insistencia, pero se cubrió la boca luego de escucharse.
La expresión del adolescente fue sorpresa total, millones de pensamientos negativos pasaban por su cabeza pero los descartó y las preguntas lo invadieron.
—¿Desde cuándo? —su voz salió casi en un hilo, la sorpresa y confusión se dibujaba en su rostro.
—Mucho, hace mucho —dió un paso atrás tomando distancia con su hermano—, bueno... desde que lo conocí en persona aquella vez.
—O sea que no fuiste su prisionera —ella asintió—, ¿entonces?
—Es larga la historia.
—Tengo tiempo.
—Y yo sueño —con su cabello cubrió su cuello intentando tapar las marcas, no pudo disimular mucho ya que los nervios actuaban por ella—. Hablamos en otro momento.
—Rossetta.
—Buonanotte —besó su mejilla y escapó rápidamente de él antes que empezara con otro interrogatorio.
Sabía que la ocasión iba a llegar, en todo momento escapó de su interrogatorio. Por supuesto que sus escapadas no las canceló, en cada oportunidad que tenía para descansar dividía su tiempo para pasar con su hermano y también con su nuevo...
¿Amante? No, quedaba mal ese término pero después de todo sólo iban a pasar el rato, aunque era más que un rato. Eso la hacía sobrepensar mucho, pasaba horas frente a la ventana pensando una y otra vez qué nombre darle lo que tenían porque lo que sentía por él era profundo, nadie la había hecho sentir tan viva, tan fuerte, velaba por ella y por más que él lo tenía oculto a su familia —ya que si se sabía iba a ser un gran escándalo—, la elegía. Eso era más importante para ella. También pensaba en la diferencia de edad, no era mucha en realidad, pero ella era más grande que él y en ese tiempo sí se veía mal.
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Editado: 18.01.2025