Destinos Cruzados

Capítulo 28

"Tenemos el agrado de hacer esta invitación a nuestra boda. Se celebrará el día 29 de Agosto del corriente año, en Venecia. Esperamos contar con sus presencias. R. V".

Es algo de lo que recordaba haber colocado en la tarjeta de invitación, un suave perlado con franjas plateadas en los bordes, las siluetas de los novios en dos esquinas de la parte inferior formaban parte de la decoración. Cientos de estas habían sido repartidas a distintas partes del mundo, las confirmaciones comenzaron a llegar de inmediato, y aunque en un principio no quería, tuvo que enviar una en especial del cuál fue uno de los últimos en dar la confirmación: Vincenzo. Si quería lograr su plan entonces este debía salir a la perfección, obviamente que algunos fueron excluidos en la lista, sus enemigos por supuesto no entraban y esos incluían a la mayoría de los socios de sus hermanos, era suficiente que asistiera el reemplazo momentáneo.

La preparación se realizó a la velocidad de la luz, lo único que demoró fue el vestido de la novia ya que tuvo un percance de último momento. Recordaba ese día con una sonrisa, unos supuestos socios no habían cumplido con los tiempos de negociación, eran buscados y fueron encontrados por sus hombres los cuáles los llevaron a su oficina en donde su prometida estaba haciéndose una prueba de vestido, no pensó que se convertiría en una masacre y que su luna lo ayudara, los entrenamientos habían dado frutos. Pero todo se descontroló a penas terminaron de llevarse los cuerpos y quedar ellos a solas, el ambiente cambió, podían escuchar sus corazones agitados y ver las pupilas dilatas del contrario, ninguno se contuvo al entregarse al placer.

—Amore —la puerta fue abierta de repente, Aria entraba con su habitual aire despreocupado y actitud tímida.

—Dime —estiró su mano esperando a que ella se acercara para así sostenerla y sentarla en su regaso.

—Quería saber cómo ibas con tus cosas —el suave beso lo mantuvo a raya.

—Ya sabes, administrando lo que recibo —apoyó el mentón en su hombro, siguiendo con la mirada hacia el escritorio que contenía muchas carpetas encima.

—Déjame ayudarte —ella se removió apropósito, sintiendo la dureza de por medio.

—¿No te cansas, verdad? —su cuerpo tenso lo delataba más.

—No es mi culpa que mi prometido sea tan guapo y tan delicioso en la cama —ella se puso de pie para girar y enfrentarlo.

—Eres única, amore —tragó saliva cuando ella se relamió el labio, tentandolo—. Para.

—¿Por qué?

—Porque otra vez nos saldremos de control y no quiero que el resto te escuche gemir —su ceño se frunció ligeramente, los celos poco a poco aparecían.

—¿Y qué tiene? Todos sabrán que soy tuya —intentó convencerlo pero la mirada de él indicaba un claro no por el momento—. Está bien, hablemos, ¿qué estabas pensando para estar así?

—En ti.

—Eso es obvio —puso los ojos en blanco mientras se sentaba en la orilla del escritorio—. Mm... ¿Tiene que ver con lo que sucedió aquí?

—Sí —no pudo resistirse en acercarse y colocarse entre sus piernas, repartiendo caricias en la piel desnuda.

—Tengo curiosidad —abrió más sus piernas dejando que la falda del vestido subiera.

—¿De qué? —apretó su piel al notar lo que ella hacía.

—¿Me contarás cuándo surgió esto?

—¿El qué?

—Ya sabes.

—Mm... —observó a lo lejos una camisa con las manchas rojizas que había quedado sin darse cuenta, los recuerdos volvían a su mente—. Es un gusto raro, supongo.

—Yo diría: excéntrico —sonrió levemente, ella sabía qué decir.

Pensó en silencio unos segundos, quería ver las posibilidades de si contar la verdad o no. En todo caso podía eliminarla fácilmente pero Aria no era así y aunque lo poco que la conocía estaba seguro que se mantendrá en su lugar.

—Mi madre —dijo tras un suspiro—, cuando eras el hijo favorito traía beneficios y consecuencias, como también cuando eras el más odiado.

—Creí que podría haber sido tu padre —ladeó la cabeza viéndolo sorprendida—. Ahora quiero saber más, cuenta.

—No, para él sólo fui un engendro que interfería en el camino de su hija adorada —hizo una mueca amarga volviendo la mirada a la camisa—. Mi madre veía mucho más en mí, reflejaba su pensamientos y la hacía sentir orgullosa. Un día la vi en acción, se defendía de un ataque de los tantos problemas en que se metía pero sabía muy bien cómo salir de ellos.

—Como tú —negó en silencio.

—Sabía que no debía estar ahí y aún así me quedé porque sentí que debía estar para ella pero tiempo después descubrí que no hacía falta, de igual manera ella dejaba que viera todo para que aprendiera. Sus entrenamientos eran prácticamente en lanzarte a alguien que quería matarte —rió bajo, su sonrisa macabra volvía a relucir—, recuerdo haber puesto en práctica todo lo que vi y fue cuando probé la primera vez y la mezcla de adrenalina que sentía... me gustó.

Su respiración se había vuelto pesada y lenta, la exitación comenzaba a hacerse notar nuevamente. Los recuerdos de cada año volvían, víctima tras víctima, capricho tras capricho, todo lo cumplía cuando él quería.

—¿Alguien más lo sabe? —volvió a negar.

—Es mejor cuando es un secreto.

—Y más cuando es un secreto compartido —la mano de ella alcanzó la suya, guiandolo a su humedad, acción que aumentó su éxtasis—, conmigo no debes ocultarlo, sé tú mismo.

La voz de ella era casi un ronroneo delicioso. Sin decir nada se acercó más retirando su ropa interior para así tener contacto directo.

—¿Qué hay de tus hermanos? —frunció el ceño confundido ante la mención de ellos—, supongo que ellos también tienen ese mismo gusto o parecido.

—Sólo uno, lo negó siempre e inconscientemente lo repetía una y otra vez, el mismo patrón: negar y hacerlo.

—¿Lo mismo que tú?

—No, fue algo parecido —el suspiro de ella lo animaba a continuar con el movimiento de sus dedos.

—Lo bueno es que tu gusto excéntrico es el mejor —sintió la pelvis de ella elevarse buscando más contacto—, es un sueño erótico que tengo la suerte de verse echo realidad.




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