Destinos Cruzados

Capítulo 32

Prefería mil veces ir a la celda y estar ahí para no verlo, para no ver a nadie, para que no pudiera hacerle nada.
Ese día que su gemelo se fue, el dolor en su pecho no se detuvo.

Los entrenamientos seguían sin importarle nada, por un microsegundo pensó que tal vez podría tenerle algo de piedad su padre al irse su hermano, y en parte lo fue por poco tiempo. Los malos tratos disminuyeron, podía respirar, podía caminar, podía vivir y su madre había vuelto sus buenos tratos con él. Lo que supo fue que Evan estaba viviendo de lo más cómodo que podía ser en la casa de los Russell, su padre lo aceptó diciendo que merecía un descanso, más de lo que ya tenía.

En la escuela se lo topaba varias veces, seguía en la cúspide de la popularidad como lo tuvo él también una vez, pero decidió alejarse de eso. Descubrió que estar solo y no rodeado de personas falsas, sus horas libres lo pasaba mejor, podía hacer más cosas, podía aprender otras, ignoraba mucho a las chicas que intentaban acercarse a él porque después de lo sucedido aún seguía sin estar preparado.
Un día en la biblioteca se topó con un libro que hablaba de medicina, le interesó lo que decía las infinitas líneas, esquemas y dibujos, sin importarle que tenía más de mil páginas que leer no se detuvo hasta terminarlo. Luego al tiempo encontró una revista que mostraba los métodos de curación, cómo frenar sangrados y posibles hemorragias. Muchas más cosas que él se trataba de memorizar.

Y vaya que le sirvió.

Sus heridas tras los entrenamientos sanaban más rápido, no tenía tantos dolores, muchas cicatrices desaparecían pero por más que trataba de curar o buscar alguna crema que pudiera disminuir su mayor cicatriz, no sucedía nada, eso quedaría para siempre.
A medida que las marcas desaparecían, menos ropa podía cargar, sus brazos estaban libres por primera vez y tanto calor ya no tenía. Mucho en él estaba mejorando hasta sus ojeras habían desaparecido, las vitaminas que tomaban en parte ayudaban, al igual que la buena alimentación.

En la escuela escuchó una vez: "la buena salud ayuda a la apariencia". Comprobó que eso era verdad, al sentirse bien consigo mismo fue cambiando hasta de look. Estar en forma lo hacía resaltar, su cabello rubio lo dejaba a medio peinar, las miradas cada vez eran más a él y no de los populares, a ellos no los quería... exceptuando su gemelo, pero él seguía en ese grupo y solo lo saludaba a la salida de la escuela.

No tenía amigos, no los quería otra vez, solo quería contactos que lo ayudaran a construir lo suyo, después de todo debía poner en práctica lo que su padre tanto lo entrenaba. Los negocios que hacían eran simples e inocentes, pero con cada escalón iban subiendo de grado, era más y cada vez más. En las fiestas lograba hacer negocios importantes y hasta que logró hacerlo con uno el cuál no dudó en presentárselo a su padre.

—No estuvo mal —por primera vez no lo vió con desdén, por primera vez no se sintió tan miserable.

—Bravo hermanito, papá me contó —le dijo su gemelo, habían escapado de sus clases para reunirse en la cancha de tenis, nadie frecuentaba ese lugar en horas de clases por lo que ambos podían hablar tranquilos.

—Es parte de mi deber también —se encogió de hombros apoyándose contra la pared para estar más cómodo.

—Como también el decirme todo, yo soy el que estará al mando, yo debo saber todo primero —se enderezó más mostrándose como un supuesto líder.

Eso le causó risa. Sintió su maldad natural salir y lo sintió bien porque no era un daño como intentaba su hermano, sino más bien le causaba risa las mentiras.

—Evancito —se separó de la pared, lo pasaba un poco más en altura—, no mientas, él mismo me dijo que no te contara nada y si te enteraste fue por Roberts.

—No —lo vió titubear, el azul de sus ojos parecían entrar en pánico—, él confía en mí.

—Pregúntale entonces por qué me dijo que no debía contarte nada —se inclinó levemente como si le contara un secreto—, que era un buen trabajo lo que había hecho.

Del desconcierto pasó al enojo, lo empujó y se fue de ahí. Thomas no pudo contener más su risa, había encontrado la debilidad de su hermano y le jugaría mucho a favor.

Sorprendentemente su padre se acercó más a él, hacían muchos trabajos juntos, lo incluía en sus viajes y le mostraba mucho de lo que él nunca pudo conocer. Todo ese tiempo y los años siguientes, fueron mejores.

De un simple deseo a pasar ser una necesidad. Eso es lo que le sucedió a sus diecisiete años, donde supo nuevamente que lo bueno dura poco y que la felicidad no existe...

Volvían de una cena los tres, Evan no había podido asistir ya que su excusa fue el sentirse mal, su padre se había enojado y hasta estaba dudando del lugar que próximamente le iba a dar a su hijo favorito. Su madre lo abrazaba al volver al auto, estaba contento el poder pasar más tiempo con ella, le contó su deseo y ella le dió su aprobación, estaba orgullosa de su hijo. Pero la sonrisa de su madre se borró luego de escuchar disparos, sintió él un ardor en su brazo izquierdo, los hombres de su padre los habían rodeado y otros iban por los atacantes de ese momento.

—¡MAMÁ! —logró sujetarla para llevarla al auto, en su vestido blanco se notaban los tres disparos que había recibido, uno en su brazo derecho, otro en su hombro y uno en su cintura.

—Al hospital —susurró al conductor.

Thomas preocupado por su estado, comenzó hacer torniquetes olvidándose de su dolor y ardor en el brazo, intentaba de todo lo que había aprendido para frenar el sangrado de su madre que cada vez era más y eso lo estaba poniendo muy nervioso.

—¡Conduce rápido! —exigió al conductor, su madre necesitaba atención médica urgente.

—Llegaremos... calma —le susurró viéndolo con lágrimas, quería calmar a su hijo.

—Aguanta mamá, por favor —ahoga un sollozo haciéndolo perder el tiempo un momento, y reaccionó cuando habían llegado.

Ayudó a bajarla y la llevaron a emergencias, lograron los enfermeros subirla a la camilla colocándole una máscara de oxígeno mientras otro tomaba su pulso.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.