Destinos Cruzados

Capítulo 33

—No se la lleven —pidió en un susurro desgarrador, luchaba inútilmente con el médico para que lo dejara pasar pero este no cedía.

—Thomas.

—¡No! ¡Mamá! —cayó al suelo cuando desapareció su cuerpo.

"Gracias por todo, hijo".

¿Ella a caso se había despedido? ¿Su madre sabía que iba a morir?

Lágrimas caían en su rostro, jamás había llorado tanto en su vida como en ese momento, su pecho dolía tanto que sentía la falta de oxígeno en sus pulmones.

—Thomas escúchame —este se agachó sacudiendo al chico que se lo veía perdido—. Thom...

Se sorprendió cuando sintió una mano sujetarlo fuertemente, y el desgarrador llanto del chico lo dejó en shock. A lo largo de su carrera había encontrado muchos escenarios diferentes cuando le tocaba anunciar la muerte de un familiar, era lo que más odiaba, si él estaba para ayudar y salvar la vida humana entonces por qué debía dar esas noticias. No era Dios, por supuesto, tampoco jugaba a serlo, pero el fallar para lo que estaba preparado no le era justo.

No dudó en abrazarlo fuerte y brindarle consuelo, algo que también buscaba y que en silencio pedía perdón por no haber hecho más. Pero sí iba a cumplirle la promesa a Georgina Lacroix, ayudaría a su hijo y lo convertiría en el hombre que ella soñaba ver y que el chico también quiere para su vida.

◆◇◆◇◆◇◆◇◆

El día del entierro estaba rodeado de muchas personas que verdaderamente él odiaba, no tenían derecho de estar ahí, pero todos supuestamente venían por "respeto" cuando la realidad era para seguir comiendo de la mano de su progenitor.
Hablando de su padre, él no había vuelto a dirigirle la palabra ni la mirada, lo acusaba de no haberle avisado al igual que su gemelo. Era tan absurdo eso que sentía que iba a explotar de la rabia.

Una última vez se acercó y dejó una flor amarilla como las que le gustaban a ella, se despidió y retrocedió quedándose en el mismo lugar el resto del día.

—¿Por qué tuvo que irse? —el susurro de su gemelo logró escucharlo, estaba a su lado, vestido de negro exactamente igual a él.

No quiso contestarle, de igual manera se hacía también esa pregunta de por qué se había ido cuando le prometió que todo estaría bien, que él la cuidaría.

—¿Ella pudo hablarte antes? —asintió levemente mirando fijamente el nombre de su madre—. ¿Qué dijo?

Tampoco quería revelarle la conversación con su madre, era privada... pero a su pesar también tenía derecho. Respiró profundo varias veces intentando no romper en llanto otra vez.

—Gracias por todo —se mordió el labio fuertemente conteniendose pero sus esfuerzos fueron en vano y el primer sollozo se escuchó.

El otro gemelo lo vió con sorpresa, en todos sus años de castigos, en todo lo que su padre lo hacía pagar nunca derramó ni una lágrima y ahora verlo deshecho... sintió el dolor en su pecho, lo que había sentido el día anterior era por su hermano. Solo podía verlo a él, se acercó y lo abrazó lo más fuerte que podía. Eran uno, sus corazones buscaban al otro como toda su vida había sucedido.

Y lo que sintió Thomas fue paz, inexplicablemente el dolor desapareció.

◆◇◆◇◆◇◆◇◆

Al terminar la escuela, supo que debía irse, estaba decidido buscar lo que tanto había deseado. Habían pasado ya dos meses de que su madre se había ido, su padre no volvió hablarle y su hermano extrañamente se acercaba para hablar o pasar tiempo en silencio a su lado, eso se sentía muy bien.
El doctor Collins se iba en tres meses pero le había explicado que aún no era el tiempo de empezar por lo que tendría sus últimas vacaciones por un largo tiempo más, aprovecharía de leer más y tal vez hacer uno que otro viaje para despejarse todo lo reciente que aún lo tenía mareado.

—Entonces te irás —asintió a su afirmación—, huyes de todo.

—¿Huir? —frunció el ceño viéndolo fumar un cigarrillo, a él le desagradaba—. ¿Quieres que te recuerde quién se fue de aquí?

—No es lo mismo —dio una larga calada haciendo tiempo, sabía que su hermano le hecharia en cara algún día sus acciones.

—¿No? Dime entonces, ¿dónde estuviste ese día que dispararon a mamá? —tragó el nudo que tenía en su garganta, quemaba el recuerdo— ¡Contesta!

Silencio.

—Evan —caminó unos pasos a su gemelo, tenía los ojos ya rojos por aguantar las lágrimas—, habla.

Lo observó desviar la mirada, pudo ver culpa en esos azules idénticos a los de él. Sabía que no iba a tener coraje.

—Ese idiota de Russell sabía que te llevaría por mal camino —se alejó de él caminando del otro lado de la terraza, esta era demasiada grande y habían pilares que dividían los espacios—. Yo lo sabía.

Su padre le repetía que estaba celoso por su hermano y él fue un fiel creyente que no era así, se sentía mal porque su gemelo tomaba a favor la diferencia y favoritismo que su padre hacía para salir triunfante pero nunca le pasó importancia el que llegaría el día el cual se arrepentiría. Sin esperarlo, pasó.

Iba distraído que no reparó en el silencio casi absoluto, la soledad y la tensión que había en el aire. Fue tarde cuando lo sospechó, más cuando alguien sujetó su brazo doblando este para tirarlo fuertemente al suelo golpeándose la mejilla. La confusión lo invadió, de inmediato giró para ver desde el suelo a una chica de cabellos castaños y ojos olivos, irradiaba un aura de poder grande como su padre cuando aparecía. Ella dió dos pasos adelante pero se detuvo en seco y el tercero no lo completó, parecía sorprendida contemplandolo en silencio, él se quedó viéndola también pero alerta de atacar.

—¡No! —abrió más los ojos al verla reaccionar y sostener a alguien más que tenía un gran parecido con ella.

Perché? —se veía agitado este, parecía un poco más chico que él pero la altura camuflaba su edad.

Vattene, Vincenzo.

Rossetta! —intentaba avanzar a él que ya se había colocado de pie.




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