Hizo unas cuántas preguntas, intentó saber más pero ella no abría mucho su boca, lo más lógico es golpearla y obligarla hablar como siempre fue entrenado, pero esta vez no sentía esa necesidad.
—¡Peter! —llamó a su sombra, este no demoró y llegó rápidamente a él haciendo una leve inclinación de cabeza—. Llevenla a un calabozo, tarde o temprano comenzará a cacarear.
—Sí señor Lacroix.
—No soy gallina —la chica hizo una mueca mientras era levantada.
—Lo eres, tienes miedo hablar —sonrió con simpleza.
—No tengo miedo hablar, solo que no responderé a tus absurdas preguntas.
—No a mis preguntas pero sí hablar ahora de incoherencias.
—Eso no... —la vió fruncir el ceño y arrugar la nariz, ese gesto le pareció tierno.
"¿Tierno?"
—Llévala —carraspeó al escuchar su voz murmurar—, manténgase alertas.
Soltó un suspiro al quedar solo, la tensión en su cuerpo disipó, sorprendiendolo. ¿Qué le sucedía? A lo mejor era por estar solo la primera vez y que estaba ocultando esto a su padre. Pensó que era eso y se convenció.
Guardó los anillos esperando a Peter, una vez volvió y que le asegurara que estaba encerrada, pudo respirar y salir con él del lugar.
Ni el aire fresco de afuera lo hacía sentir mejor, estaba comenzando a desesperarse por lo extraño que se sentía.
Para despejarse prefirió ir a visitar a su hermano que estaba solo seguramente, el camino al hospital fue rápido y silencioso, muy poco común de él ya que le gustaba hablar hasta por los codos. Al llegar fue directo a verlo, no vió al doctor Collins cerca y tampoco quería molestarlo. Paró en seco al escuchar a su padre, estaba adentro de la habitación con su hermano.
—Ni siquiera fue capaz de cuidarte, no gano nada con tu gemelo, es un caso perdido —hubo un momento de silencio, creyó que su gemelo estaba despierto pero era imposible, el traumatismo que había sufrido no era algo leve que pasaría en cuestión de segundos, es más, estaba seguro que esperaban las primeras cuarenta y ocho horas para saber sobre su evolución—; no merece un lugar importante, me equivoqué, no es más que una marioneta fácil de manipular, jamás será fuerte como tú.
"Jamás será fuerte."
¿Qué?
Se sostuvo de la pared aferrándose a la realidad y no a sus pensamientos.
Solo era una marioneta para su padre.
"Estuve mejorando por ti papá para que me dieras una mirada de aprobación una vez en la vida."
Apretó la mandíbula conteniendo la rabia que burbujeaba en sus venas, el dolor en su cabeza se intensificaba nuevamente.
—Evan está vivo gracias a ti, Thomas.
El médico le había dicho un momento antes de irse, alguien que no era de su familia le dió una mirada que él había esperado de su progenitor.
—Thomas, que bueno estés aquí —miró algo ido al doctor Collins, su cabeza daba vueltas sin parar.
—Yo... debo irme —murmuró alejándose.
—Bien —lo miró con preocupación pero el rubio no se había dado cuenta—. Cuídate, Thom.
Salió del hospital y comenzó a caminar ignorando los llamados, necesitaba respirar solo.
◆◇◆◇◆◇◆◇◆
En el transcurso de los días, pudo confirmar las palabras de su progenitor, realmente era una marioneta para él. ¿Pero qué podía hacer? No es como si tuviese otras opciones, estaba condenado a eso y mientras tuviesen el negocio vivo era como una maldición hasta la tumba.
Varios de sus conocidos reían y lo provocaban para que hablara, Thomas Lacroix no era la clase de persona que se quedaba callada, al contrario, era conocido por siempre tener una respuesta a todo o hacer frente cuando algo no le gustaba. En el mundo de la mafia no tenía tan mala reputación después de todo, pero siempre era el "chico rebelde" mientras que a su gemelo era apodado como el "chico encantador", pues las pequeñas sonrisas que hacía babear a miles de chicas, compraba con su encanto a cualquiera y más si su padre lo colocaba como un trofeo. En cambio él era un simple empleado más.
—Has estado muy disperso y puedo entender que es por tu gemelo —su padre lo había citado aquella tarde, las ojeras bajo sus ojos eran dos medias lunas oscuras, lucía cansado, frustrado y hasta preocupado se podría decir—. Te necesito con la cabeza limpia y fresca, no quiero nada arruine mis cosas.
"Vaya papá, gracias por preocuparte por mí."
Hizo una mueca desviando la mirada a los ventanales que habían detrás, el día estaba nublado y parecía que llovería a más tardar en el atardecer. A veces soñaba con ir a un lugar que no fuese así siempre pero lamentablemente su piel se irritaba con facilidad y eso lo ponía de muy mal humor.
—En unos meses me iré a Norteamérica, estudiaré allá —contestó repitiendole lo que hacía meses atrás le había comunicado.
Y que tampoco había salido bien esa charla.
—¿Por qué quieres llenarte la cabeza con esa basura? ¿De qué nos sirve? —tomó un cigarrillo y lo prendió teniéndolo en sus labio.
—Si hubiese sabido más, mi madre estaría aquí con vida.
—Era inevitable.
—¡Pero se podría haber hecho más! —contestó con exaltación sintiendo nuevamente el enojo.
—Georgina se lo buscó —soltó una calada de humo viendo con tranquilidad a su hijo que parecía querer correr lejos de ahí—, ella nos traicionó.
—No te permito que hables así de mí madre.
—Si realmente te quería, no nos habría dado la espalda —sonrió con sorna negando—, ¿a eso le llamas familia?
—Habrá tenido sus motivos —bajó la mirada a sus manos, estas temblaban ligeramente.
—Es increíble —se puso de pie el mayor rodeando su escritorio para llegar al lado de su hijo—, hasta estando muerta la defiendes.
No lo pensó, fue una reacción inmediata, lo abofeteó viéndolo con odio.
—Tienes prohibido hablar de mi madre, no eres quien para ensuciarla —su respiración era agitada como su corazón, estaba a nada de perder el control.
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Editado: 04.05.2026