Él no se mueve. Solo me mira. Y eso, de alguna manera, duele más que cualquier palabra. Me doy media vuelta intentando salir de su presencia, como si alejarme pudiera salvarme de lo inevitable. No quiero que su forma de mirarme cambie ahora que sabe la verdad, ahora que conoce la vida rota que llevo por de mis padres.
– Alice espera —Su mano se cierra alrededor de mi muñeca, deteniendo mis pasos. No es brusco, no duele, pero el gesto es firme, como si temiera que me deshiciera si me deja ir – ¿Estás bien? – Giro despacio. Levantando la vista Sus ojos verdes están clavados en los míos. Su pulgar ejerce una leve presión sobre mi muñeca.
—¿En serio has venido a preguntar esa tontería? —respondo a la defensiva.
Sé que no es justo. Sé que estoy descargando en él todo lo que me duele, todo lo que me quema por dentro. Pero no sé cómo detenerlo. Él frunce ligeramente el ceño, confundido, sin soltarme.
—No, no estoy bien —continúo, la voz rompiéndose—. Porque nada en mi patética vida está bien. Todo absolutamente me sale mal. Tengo un ex miserable que no me deja en paz, una vida mediocre… y nada, absolutamente nada, me resulta.
Su agarre no cambia. No dice nada. Me deja hablar.
—¿Será que nadie puede elegirme? ¿Que nadie puede quedarse? O por lo menos que algo me salga bien
Las palabras me pesan en la boca. Me detengo unos segundos, intentando sostener las ganas enorme de llorar que me ha entrado, pero una lágrima traicionera se escapa y resbala por mi mejilla.
—Así que no, Nialk —susurro—. No estoy bien.
No dice nada. Simplemente acorta más la distancia y me envuelve en sus brazos. Y es ahí donde todo se rompe. El peso que he venido cargando durante meses cae de golpe. Me derrumbo contra su pecho, y lloro. En silencio, con el rostro escondido, dejando que las lágrimas empapen su ropa mientras su abrazo se mantienen protectores. Su mano se posa en mi espalda, lenta, segura. No intenta arreglarme. No me pide que deje de llorar
– lo siento – digo y no se ni porque lo he dicho –
Me aparta con cuidado, sin soltarme del todo. Sus manos siguen ahí, como si temiera que vuelva a caer. Su mirada recorre mi rostro con una atención. Mis ojos están hinchados por llorar sin control, Debo verme horrible.
—El día que te des cuenta de lo valiosa que eres, Alice —dice en voz baja—, el mundo te va a quedar pequeño para todo lo que estás destinada a ser.
Trago saliva.
—Nadie tiene que elegirte —continúa—, porque tú tienes que hacerlo primero.
—Pero si necesitas escucharlo… —añade—, yo ya te he elegido. Desde antes de que tú lo hicieras.
Y mi corazón, ese que juré proteger, late como si acabara de volver a casa.
—y Si pudiera escoger un solo instante de mi vida… —dice, y su mirada se queda perdida en mí por un segundo—, elegiría el momento en que te vi por primera vez.
Una sonrisa suave le curva los labios, y algo en mi pecho se remueve.
—Ese instante cambió todo para mí, Alice. Fue el momento en el que supe que algo en mi mundo… acababa de encontrar su lugar.
Mi corazón empieza a bombear con fuerza, de una manera casi inhumanamente descontrolada como si intentara salirse de mi pecho.
—Así que yo lo voy a hacer por ti si hace falta —dice—. Te voy a elegir incluso cuando tú no lo hagas.
Sus palabras me golpean directo en mi pecho. No sé si sentir alivio o terror.
—Llevas poco tiempo conociéndome… —murmuro, tragando saliva—. Si me conocieras de verdad, si supieras todo lo que soy no creo que lo hicieras.
Bajo la mirada. Me tiemblan las manos.
—Mi vida es muy tormentosa —continúo—. Y tengo miedo… miedo de que cuando veas quién soy realmente, cuando veas la vida que tengo con mis padres que veas lo que soy realmente… huyas.
—No quiero ser un problema para ti —añado—. Ni para tu familia.
El silencio se estira entre nosotros.
—Déjame elegir a mí —responde—. Déjame decidir si quiero hacerlo o no.
Su mano sube despacio hasta mi rostro. Sus dedos rozan mi mejilla con una delicadeza que me desarma por completo. Ese gesto simple logra algo que no había conseguido en semanas. me siento a salvo, aunque sea por un segundo.
—Noat me ha amenazado —confieso —. Dijo que si continúo contigo va a contarle a todo el instituto lo de mis padres.
Mi voz sale temblorosa, cargada de vergüenza. Veo cómo el rostro de Nialk se desajusta. Su mandíbula se tensa. Sus ojos se endurecen de una forma que me asusta un poco.
—Tengo miedo de que eso te afecte —sigo—. Me da miedo que, por mi culpa, pase algo de lo que luego me arrepienta
—Así que ha venido por eso —dice. Asiento despacio, con la garganta cerrada.
—Parece que le ha dolido verte conmigo después de que lo terminaste –
Suelto el aire con cansancio, pasándome una mano por el rostro. Esta situación me pesa más de lo que quiero admitir.
—No sé hasta dónde sea capaz de llegar —confieso, bajando un poco la voz. Me muerdo el labio, inquieta—. Ya no reconozco a Noat… cuando quiere, puede ser realmente miserable –
Editado: 09.01.2026