Destinos Cruzados - James potter [terminada]

Capítulo 1

El primer pensamiento que cruzó su mente fue lo cálido que se sentía todo.

No el calor artificial de una manta eléctrica o el bochorno de un verano sin brisa. Era un calor distinto, humano. Un calor que no venía de una fuente, sino de un cuerpo, de una respiración que se deslizaba lenta contra su cuello, de unos brazos fuertes rodeándole la cintura. Era reconfortante, envolvente… y completamente desconocido.

Bella no se movió.

Durante unos segundos, solo respiró. Contuvo el aire, lo soltó despacio. El silencio de la habitación era espeso, apenas roto por el crepitar lejano del fuego. Esperaba, tal vez, que su mente terminara de despertarse y le ofreciera una explicación lógica: una fiesta, una noche larga, alguien durmiendo a su lado por accidente. Pero no venía nada. No había fragmentos, ni imágenes vagas de lo anterior. Solo el ahora. Ese ahora extraño, íntimo, ajeno, demasiado real para ser un sueño cualquiera.

El colchón era más firme que el suyo. Las sábanas más pesadas, ásperas en algunos puntos, como si hubieran sido lavadas muchas veces. El aire tenía ese olor que solo existe en los lugares con historia: a leña, a piedra húmeda, a algo antiguo y cálido a la vez. Había una chimenea encendida. Lo supo por el chisporroteo leve al fondo, por el calor constante que envolvía la habitación y por el olor a madera consumida que se mezclaba con todo.

Una lámpara flotaba en el techo.

Flotaba. Literalmente.

La luz era suave, dorada, proyectando sombras irregulares sobre las paredes de piedra, como si el propio cuarto respirara con calma, lentamente.

Y aunque eso debería haber sido suficiente para asustarla, lo que verdaderamente la paralizó fue el peso de un brazo sobre su abdomen. Y el latido firme contra su espalda.

Estaba abrazada.

Estaba siendo abrazada, dormida, por alguien que conocía el mapa de su cuerpo.

Con lentitud, se giró dentro de ese abrazo. Y lo vio.

James Potter.

Su James Potter. O al menos, el James de sus libros, de sus pensamientos secretos, de sus sueños imposibles. Dormía con el rostro a escasos centímetros del suyo, el cabello rebelde en todas las direcciones, la expresión relajada y tranquila, como si no existiera otro lugar donde quisiera estar. La luz de la chimenea se reflejaba en su piel, marcando sombras suaves en su mandíbula. Tenía una mano entrelazada con la suya, sin apretar, pero presente. Como si no soportara soltarla ni dormido.

El corazón de Bella comenzó a latir con fuerza. No de miedo, sino de algo más profundo. Algo que no sabía cómo nombrar, pero que le llenaba el pecho de golpe.

Era él. Su rostro, su voz —lo recordaba ahora—, su forma de respirar. No era un actor ni una ilusión. Era real. Estaba allí. Con ella.

Y eso lo cambiaba todo.

Durante un rato, no se movió. No podía. El vértigo de la situación era demasiado. Le dolía el pecho. Sentía que si hablaba, si se apartaba, si rompía el contacto, todo se desvanecería. No quería perderlo, aunque no supiera cómo lo había encontrado, ni por qué estaba allí.

James abrió los ojos con lentitud.

Tardó apenas un segundo en enfocarla. Y entonces sonrió. No fue una sonrisa consciente, ni forzada, ni siquiera demasiado grande. Fue la expresión de alguien que se siente exactamente donde quiere estar, sin dudas, sin miedo.

—Buenos días, preciosa —murmuró con voz baja, aún ronca por el sueño.

La forma en la que lo dijo, el tono suave, la costumbre en el gesto… todo la dejó sin aliento.

—Dormiste como una piedra —añadió, con ternura. Se acercó un poco más, sin soltar su cintura, y rozó su frente con los labios—. Me gusta cuando te quedas tan quieta. Como si confiaras en mí incluso dormida.

Bella no respondió. No podía. Tenía la garganta seca, el cuerpo tenso, la mente corriendo en círculos. ¿Cómo había llegado allí? ¿Qué día era? ¿Dónde estaba su casa, su vida, su lógica? ¿Y por qué James Potter le hablaba como si la conociera de toda la vida?

—¿Te pasa algo? —preguntó entonces, con esa suavidad que solo duele cuando uno está al borde de quebrarse—. Tienes esa cara que pones cuando algo te da vueltas por dentro.

Ella respiró hondo, sintiendo cómo el aire frío le rozaba la garganta.

—Estoy bien. Solo… me cuesta despertar.

James asintió con una leve sonrisa.

—A veces los sueños se sienten más reales que el mundo. Pero tú estás aquí. Conmigo. No tienes que pensar en nada más ahora.

La besó de nuevo. En la sien. Y después en la mejilla.

Y se incorporó sin prisa. Las mantas se deslizaron con un sonido suave al moverse. Se estiró con un suspiro largo, se revolvió el pelo, se frotó los ojos. Era perfecto. No como ideal. No como personaje. Sino como humano. Tenía una cicatriz pequeña en la clavícula. El torso marcado sin exagerar. Gafas apoyadas en la mesilla de madera, junto a un par de libros abiertos. Pies descalzos sobre el suelo frío. Voz de amanecer.

Bella se sentó con cuidado, cubriéndose con la manta. Observó su alrededor. Las paredes eran de piedra gris, irregulares, con marcas del paso del tiempo. Había libros por todas partes, algunos apilados sin orden, otros abiertos como si alguien los hubiera dejado a medias. Uniformes de Hogwarts doblados con descuido sobre una silla. Un jersey rojo oscuro colgado del respaldo. Y sobre la mesa, a su lado, un anillo.

Ella lo miró como si nunca lo hubiera visto antes. Lo tomó con dedos temblorosos.

Era dorado. Fino. Brillaba con un tono cálido bajo la luz. Y en su interior, grabadas con una caligrafía curva y precisa, había unas palabras que le helaron la sangre y le calentaron el pecho al mismo tiempo:

"I would rather lose myself in you than find myself in a world without you."




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