Destinos Cruzados - James potter [terminada]

Capítulo 5

El cielo de Hogwarts estaba cubierto por nubes densas, de esas que parecían a punto de romperse, pero se resistían un poco más. El aire era fresco, cargado con ese olor a tierra mojada que avisa que la lluvia no está lejos. A cada paso que daba Bella, subiendo los escalones de la Torre de Astronomía, el frío le rozaba las mejillas como una advertencia, como si el propio castillo quisiera hacerla consciente de cada sensación. No tenía un plan ni un pensamiento claro. Solo una presión en el pecho que la empujaba a moverse, a no quedarse quieta.

Los escalones de piedra estaban ligeramente húmedos, desgastados por años de pasos. Su respiración se mezclaba con el eco suave del lugar, rebotando entre las paredes circulares. A medida que subía, el murmullo del castillo quedaba atrás, sustituido por un silencio más puro, más abierto.

Desde que había despertado en ese mundo, Bella había empezado a seguir esas corazonadas que no siempre sabía explicar. A veces la llevaban a él, a sus manos cálidas, a esos gestos automáticos que hablaban de años compartidos. Otras, como ahora, la llevaban a lugares altos, donde el silencio parecía tener más sentido que las palabras, donde podía respirar sin sentirse observada.

Cuando empujó la puerta del observatorio, una ráfaga de viento le revolvió el cabello y le hizo entrecerrar los ojos. El aire era más frío allí arriba, más limpio. Allí estaba Lily Evans, de pie junto a la barandilla de piedra, con su capa burdeos moviéndose con el aire. Su figura recortada contra el cielo gris parecía formar parte del paisaje, como si siempre hubiera estado ahí.

—Hola —dijo Bella, cerrando la puerta con suavidad, sintiendo cómo el viento se colaba igualmente por los huecos.

Lily giró la cabeza y le sonrió con calma.

—Hola, Bella. ¿Buscas aire fresco o un poco de paz?

—Las dos cosas —respondió ella, devolviéndole una pequeña sonrisa.

—Entonces viniste al lugar correcto. Aquí arriba todo parece ir más despacio.

Bella caminó hasta la barandilla y se colocó a su lado. La piedra estaba fría bajo sus manos. El viento soplaba con más fuerza allí, colándose entre su ropa, y sentía los dedos entumecerse poco a poco. A lo lejos, el lago parecía un espejo antiguo, quieto, reflejando el cielo gris. El Bosque Prohibido se extendía como una gran sombra, densa, casi impenetrable.

El silencio entre ellas duró varios minutos, pero no era incómodo. Era el tipo de silencio que aparece cuando no hace falta hablar para sentirse acompañadas, cuando compartir el mismo espacio ya es suficiente.

—Siempre me ha gustado este sitio —dijo Lily al cabo de un rato—. Desde aquí, todo se ve diferente. Como si las cosas importantes no pesaran tanto.

Bella asintió, observando cómo una ráfaga de viento movía la superficie del lago.

—Es como si el mundo se quedara en pausa por un momento. Como si no hiciera falta pensar en nada.

—¿Vienes a menudo?

—No mucho —dijo Bella con sinceridad—. Pero hoy no podía quedarme abajo. Sentía que si no salía, iba a explotar.

Lily no preguntó más. Solo bajó la mirada hacia el bosque y apoyó los codos en la piedra, como si comprendiera más de lo que decía.

—Yo también he subido más de lo normal últimamente —comentó—. A veces necesito un lugar donde poder respirar sin sentir que tengo que explicarme.

Bella tragó saliva, sintiendo cómo esa frase se asentaba dentro de ella.

—¿Tú también te sientes… fuera de lugar, a veces?

—No sé si lo llamaría así —respondió Lily—. Pero hay días en los que no reconozco del todo lo que me rodea. Como si me costara recordar por qué ciertas cosas me afectan tanto.

Bella la miró de lado. Esa frase podía haberla dicho ella misma.

—¿Y qué haces cuando te pasa?

—Escucho el viento. Me aferro a lo que sí es real. O me quedo aquí hasta que las cosas vuelven a encajar.

Bella asintió, bajando la mirada hacia sus manos.

—No quiero parecer rara, pero… ¿me has notado diferente?

Lily se giró un poco hacia ella, estudiándola con atención, pero sin incomodarla.

—No de forma negativa. Pero sí te noto más… callada. Más metida en ti misma. Como si estuvieras muy lejos, incluso estando aquí.

Bella bajó la mirada, sintiendo un pequeño nudo en el pecho.

—¿Tanto se nota?

—Solo si se presta atención —dijo Lily—. Y no lo digo como crítica. Es más bien una sensación. Como si estuvieras pensando demasiado.

Bella respiró hondo, notando el aire frío llenarle los pulmones.

—Es que a veces tengo la cabeza en mil cosas.

Lily le lanzó una mirada suave.

—¿Y tú y James estáis bien?

Bella se sorprendió un poco por la pregunta, pero asintió.

—Sí, claro. Él es… increíble. Siempre está pendiente de mí. Me hace sentir segura.

—Siempre ha sido así —dijo Lily con una pequeña sonrisa—. Pero a veces, cuando te miro, parece que lo estás conociendo de nuevo. Como si lo estuvieras descubriendo otra vez.

Bella sintió un nudo en la garganta.

—Hay momentos en los que se siente así —admitió—. Como si cada detalle contara más ahora.

—¿Y eso te da miedo?

—Un poco. Es como estar en un lugar que reconoces, pero donde todo ha cambiado sutilmente.

Lily la observó con calma, sin juzgar.

—Siempre pensé que lo vuestro era especial. Desde fuera, parecía que no necesitabais decir mucho. Como si con una mirada bastara.

Bella sonrió, un poco triste.

—A veces me gustaría revivir ese primer día. Saber qué fue lo que nos unió desde el principio.

—Tal vez fue la forma en que lo miraste —dijo Lily—. Tranquila. Como si ya supieras que ibas a quedarte.

Bella sintió un escalofrío. Apretó los dedos contra la piedra húmeda.

—¿Crees que he cambiado mucho?

—No en lo que eres —respondió Lily—. Pero sí parece que estás intentando encajar en algo que ya estaba ahí antes de que volvieras a mirarlo.




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