Destinos Entrelazados

Capitulo 12 Cielo Oscuro

El amanecer había salido con una niebla que no parecía que lograria disiparse, durante toda la mañana, cubría la torre del castillo, las llamas de las hogueras encendidas por los Cameron seguían ardiendo en el valle.

Laird Alastair llevaba horas en las murallas, observando el horizonte. Lady Evelyn se acercó, envuelta en una capa para protegerse del frió, él miró hacía atrás al oír pasos.

–Deberiais estar en vuestros aposentos, mi Lady. El aíre es muy frío a estas horas.

–Tampoco vos, deberíais estar aquí, mi Laird – respondió ella, acercándose a su lado –¿ Qué sucede?

–Los Cameron juegan con nosotros. Parece que no atacarán, pero no se retiran. Es un juego de paciencia, mi Lady.

–¿ Y cuál es su propósito, mi Laird?

– Los Cameron quieren nuestras tierras y nuestro honor hace años. Sí logran sembrar la discordia entre mis hombres, tendrán la mitad de la batalla ganada.

–Si mi presencia os pone en peligro, debería marcharme, mi Laird.

–No os lo permitiré – respondió Laird Alastair sin dudar–. Sí los Cameron creen que pueden usaros como moneda de cambio, no les daré ese placer, mi Lady.

La conversación fue interrumpida por Lady Agnes, se acercaba despacio, apoyandose en su bastón.

–¡ Vaya Vaya! La dama de la casa discutiendo asuntos de guerra –dijo con una sonrisa – Me preguntó si, además de preocuparos por nuestro Laird, pensáis también en la ruina que traéis con vos.

Lady Evelyn miró hacía ella, intentando mantener la compostura.

–Os aseguro, mi Lady, que mi intención no es causar ningún problema.

–¿ Vuestra intención? – contestó lady Agnes con una sonrisa –. Las intenciones no valen de nada ,cuando los Cameron están tan cerca, y los hombres comienzan a hablar que todo esto, es vuestra culpa.

Lady Evelyn apretó los labios, Laird Alastair intervino furioso:

–¡ Basta, abuela! No permitiré que se falte el respeto a Lady Evelyn.

Lady Agnes no se inmutó.

–Si protegerla os lleva a perder vuestro honor y la confianza de vuestra soldados, Laird Alastair ¿Entonces quién faltará el respeto, seréis vos no?

Lady Evelyn bajó la mirada, sintiéndose mal, y más fuera de lugar que nunca.

– Quizás Lady Agnes tenga razón – dijo Lady Evelyn, mirando hacia el suelo–. Soy una carga aquí para vos, mi Laird.

Laird Alastair tomó su brazo con suavidad, obligándola a mirarlo.

–No dejéis que os convenza de lo que no es cierto. La única verdad aquí es que nadie os tocará mientras yo este vivo.

Horas más tarde, cuando Lady Evelyn se retiro a sus aposentos para descansar, encontró una carta sobre la pequeña mesa junto a la ventana. El sello de cera rojo y las iniciales en el le hicieron contener el aliento: era una carta de su madre, Lady Katherine. Con las manos temblorosas, rompió el sello y comenzó a leerlo:

Querida Evelyn, confío en que te encuentres bien y que vuestra estancia en el castillo MacGregor esté siendo provechosa. Las negociaciones que hemos discutido deben avanzar con inteligencia y discreción, pues nuestra familia depende de vuestro éxito.

El tiempo apremia, hija mía. Necesito saber si Laird Alastair MacGregor está dispuesto a considerar nuestra propuesta. No olvidéis que los acuerdos entre familias no son solo supervivencia.

Cuidaros mucho, y recuerda siempre quién eres. Con cariño,

Tu madre, Katherine.

Lady Evelyn dobló la carta lentamente, sintiendo en su pecho presión, por las palabras de su madre, se sentó en una silla con la carta en la manos.

Al caer la noche, Lady Evelyn encontró a Laird Alastair en la biblioteca, estudiando los mapas. La luz de las velas iluminaban su rostro cansado. Sín pensarlo entró sin llamar.

–¿ Os puedo ayudar en algo, mi Laird? – preguntó.

–Os aseguro que no tenéis por qué preocuparos, mi Lady.

–Eso no responde a mí pregunta, mi Laird –dijo Lady Evelyn.

– El hecho de que estéis vos aquí ha cambiado muchas cosas – dijo en voz baja – No sólo para los Cameron, sino para mí también, mi Lady.

–Mi Laird, si os estoy causando problemas...

–No– Laird Alastair negó con la cabeza, con los ojos fijos en ella –. Vos habéis traído algo más ... Lady Evelyn. Habéis traído algo que hacía tiempo que no tenía: esperanza.

–Laird Alastair,¿ Por qué defendéis tanto mi presencia aquí? Podríais haberme enviado de vuelta con mi familia hace días.

–Por que me niego a permitir que los Cameron dicten mis decisiones. Pero también... Porque desde que llegasteis, el castillo parece menos sombrio. Y yo...menos solo.

–Mi Laird, nunca os he considerado un hombre solitario –dijo Lady Evelyn.

–Eso es porque vos no me habéis conocido lo suficiente – contestó Laird Alastair con una sonrisa.

Laird Alastair dió un pasó hacia ella, cómo si quiera decir algo más, pero se detuvo.

–Es tarde, mi Lady. Deberíais descansar.

–Buenas noches, mi Laird.

–Buenas noches, mi Lady.

Lady Evelyn se giró y salió de la biblioteca, pero no pudo evitar mirar hacia atrás antes de cerrar la puerta. Laird Alastair seguía allí, junto a la mesa, con la mirada perdida en los mapas.

Mientras caminaba a lo largo de los pasillos del castillo, Lady Evelyn se dio cuenta que algo había cambiado. Quizás, después de todo, no estába tan fuera de lugar como pensaba...




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